“Amiaire. Mi corazón tiene memoria”, un canto a la infancia

La obra tucumana, creación colectiva inspirada en la poesía de Atahualpa Yupanqui, subió a escena anoche en el Salón Auditórium (Salta). Involucra dramaturgia corporal con textos poéticos basados en la memoria, los recuerdos, los deseos y los sueños de la infancia.

"La noche se hace más honda.
La estrella se hace más alta.
¡Y allá se llevan los vientos
todo el paisaje hecho zamba!"
A. Yupanqui

Arte naif, el ritmo viene dado por la misma necesidad de supervivencia: luchar contra el olvido, la soledad, el miedo, el vacío existencial, el desamor.

Los actores Alejandra Páez Salas, Daniela Canseco, Damián Carabajal y Facundo Vega Ancheta, con dirección general de Patricia García y asistencia de Pedro Javier Lazarte, le ponen rítmica interpretación a cuatro personajes norteños; destaca la frecuencia con que se dice “chango”, el acento tucumano, el uso del artículo delante del nombre (La Teresa, por ejemplo); fonética, dialecto y reiteración de términos que buscan acentuar el color local, tal vez para mostrar el “pasar” lento en el paisaje donde los hombres están perdidos tras los cerros. Y la nada…

La narrativa oral es muy fuerte en esta obra. Pero considero que algunas puntas del ovillo debieron ser desplegadas para darle fuerza al texto, que se quedaba en el esbozo del conflicto; igualmente algunas imágenes que aunque ingeniosas -como las alas de los ángeles creadas con el papel- necesitaban algún refuerzo técnico para originar un efecto que acompañe la intencionalidad del relato.

Muy buena la imagen de la simbiosis entre seres, la fetal posición de quien busca un amparo. Lo mejor de la puesta. Lo mismo las notables canciones que pintaron paisajes tucumanos, una especie de marco folclórico. Se puede subrayar también la escena de una actriz “cayendo hacia arriba” - cual realidad mágica- y aquella cuando parece flotar en el aire.

La obra bien podría ser sintetizada en la idea de “cuatro personajes en busca de un motivo para vivir” aunque su lugar en el mundo sea Tucumán. Subyace la idea de que se está perdido, extraviado del aquí y ahora cuando se olvida de ser ese niño ingenuo, amoroso, expectante, creativo. Por ese regreso al homo lúdico, sin tecnologías, puro, desnudo de virtualidad y colmado de esenciales relatos de la infancia con olor a las cosas que solían hacernos felices. “Amiaire” es una apuesta a la felicidad.

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