Despolitizar para gobernar

Se intenta construir un ciudadano apretado a su intimidad, a las cuatro paredes, sin los valores universales de la solidaridad-fraternidad, en definitiva sin presencia de vecindad.

La centralidad estratégica del gobierno macrista es quitar el contenido o el carácter político a personas, cosas, acciones o pensamientos. Cuando se habla de despolitizar la idea es dejar fuera de la consideración de la autoridad pública y de la incumbencia de los políticos algunos sectores de la vida cotidiana que intrínsecamente no son políticos. Naturalmente que la despolitización tiene grados. Puede ir desde una razonable desvinculación de lo social hasta la docilidad extrema cívica. Hoy, masivamente, está instalada la idea de que “es preferible no hablar de la situación social…tampoco de religión e incluso de fútbol ¿?”

Es una poda a las raíces de las aspiraciones comunitarias y que pierda la confianza en sus propias fuerzas libertarias. El odio a la política trae consigo el desinterés, apatía a los asuntos públicos (temas que afectan a los trabajadores, campesinos, estudiantes, maestros y demás sectores populares) lo cual conlleva a no realizar nada “dejar hacer, dejar pasar” venga de quien venga y hagan lo que hagan no importa (por ej. el exabrupto del Ministro de Trabajo); bajo este raciocinio los gobiernos imponen cualquier decreto, ley , medida que no esté acorde y este en contra de los sectores populares, sin ninguna discusión, debate, resistencia y oposición (tarifazos) ; quien resulta ganador del “apoliticismo” es el poder y el pueblo sigue sosegado, tranquilo. Eso desea los “apolíticos” que en otras palabras son tan políticos por que obran indirectamente a favor del poder. Se remarca la creencia: ¡Bah, todos son iguales…!” y la gente pierde interés en los procesos electorales, que es donde pueden ejercer su derecho de cambio.

Si hay algún tema social y se llama a “despolitizar” es para que el descontento se disuada, se disuelva; desarmar al pueblo de su armas como la conciencia, la organización, la movilización de manera autónoma a las instancias del poder estatal y del gobierno, es decir cumplir con la meta de que el pueblo acepte, calle y se arrodille frente a las políticas anti populares. Un experto en este desarrollo es Max Weber, por lo que invito a su consulta.

La docilidad humana

Esta conducta se asocia con sumisión/obediencia, pero todas las consecuencias humanas son resultado de un aprendizaje (amaestramiento). Hay situaciones históricas o modalidades políticas que se orientan a la subordinación y, por supuesto están involucrados intereses económicos y sociales en un amplio espectro que siempre implica sometimiento. Generalmente, el sumiso se encuentra inmerso en una relación que se conoce popularmente como dominación-sumisión. No soy original si afirmo que la Historia de la humanidad es el resultado de estas confrontaciones e iniciativa de los pueblos por liberarse de estos yugos de dependencia, pero no referirlos acota el mensaje. La sumisión supone que una persona está bajo la autoridad de otra a la que le deberá obediencia incondicional.
Este estado de cosas suele aceptarse como consecuencia del miedo o el temor que alguien más débil, en carácter o en posición, le tiene a otro que es el que lo somete.

Cuando una persona se encuentra en inferioridad de condiciones, ya sea en lo físico, en lo psíquico, o en lo concerniente a lo monetario, muchas veces, esas circunstancias son utilizadas por personas que no tienen escrúpulos, en su provecho, y así pueden obtener beneficios o cualquier otro tipo de recurso.

La política justamente nos brinda una infinidad de casos de sumisión, especialmente por parte del pueblo cuando está bajo la autoridad de un gobierno de características dictatoriales y totalitarias.

Pensemos en varios años atrás, en épocas del Unitarismo nacional, Buenos Aires se erigía como un poder supremo absoluto frente a las provincias e instalaron su supremacía secular (todavía vigente).

El caso argentino

Si algo caracteriza al período actual, es la extrema docilidad ciudadana (consentimiento). Este Macrismo totalitario y especulativo, logró, ayudado por los Medios de comunicación masivos y el poder económico estructural, adormecer a la población y desinteresarla por el sufrimiento del prójimo, acotándola a intereses mezquinos individuales. A pesar del mensaje “subliminado” católico y evangelista, el mensaje místico universal está herido de muerte y la gente asiste a los cultos por cotidianidad (y pedidos estrictamente personales), sin que estas Instituciones influyan, mínimamente, en la sensibilidad social (tal vez intencionadamente). La vida espiritual y solidaria se ha hecho una estricta conducta mecánica y ritual, donde muchos se percatan que son rituales, meramente, automáticos y sin resultados importantes en el cambio social.

Tarde o temprano, cuando la malaria ataque masivamente, el virus de la reacción, tendrá que hacer efecto y los pueblos recuperarán la memoria, de que así no se puede vivir y la sociedad sólo es viable, disminuyendo, hasta dónde dé lugar la discriminación del Otro. El país es el hogar de todos y cuando gana la exclusión, es un medio país y no sirve.

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