Dispositivos de clausura. Complementos no foucaultianos, al Panóptico

La tesis o Beteuerung que delineamos en este caso, es una síntesis o “breviarium” del palimpsesto del autor francés.

La fortaleza asomaba en la noche de primavera, y “... se perdía en la quietud y en la obscuridad, destacando su inmovilidad … Entonces se oían las campanadas, (… las cuales) se deshacían en el viento y repetían su tañido, cayendo desde ignorada altura, como grandes gotas cristalinas en la copa de metal de las horas y de los minutos, o volando clamorosas como las aves emigrantes…”

Leonid Nikoláievich Andréiev, “Capítulo VI. Las horas pasan” en Leonid Nikoláievich Andréiev, Los siete ahorcados, Diciembre de 2009, http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/andreiev/indice/html

Los crepúsculos en las aldeas, parecen advertir: “… la vida huye(;) … apresúrate a gozar

Stendhal, La cartuja de Parma, Enero de 2009, http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/s/Stendhal%20-%20La%20cartuja%20de%20Parma.pdf, p. 36

“… (El) encierro … engendra criados o matones, y a veces, en el mismo hombre, a los dos … Sade es ejemplar en la medida en que, al ser tratado de una manera atroz por la sociedad, reaccionó … de una manera atroz

Albert Camus, El hombre rebelde. (Editorial Losada, S. A., Buenos Aires, 1978), p. 38 –Donatien Alphonse es otro intelectual mediocre, elevado a genio, como Nietzsche, por los que no se espantan de las reiteraciones de una “littérature” pornográfica elemental, en la que se elogia el incesto, la pederastia, la violación, el infanticidio, la tortura, el desprecio hacia la mujer [cuatro palabras de Friedrich o de Sade, enaltecidos por ser europeos y por otros europeos, no se aproximan ni a uno de los monólogos de la película El libertinohttp://www.youtube.com/watch?v=fOx1F_pbFz0–, ni a los últimos sesenta segundos del treceavo movimiento de la sublime “K 626, en ‘D’ menor” de Wolfang (http://www.youtube.com/watch?v=k1-TrAvp_xs)]

Es “… inútil dirigirse a la gente

Anton Chejov, La tristeza, http://severitorres.org/ampa/joomla/images/Biblioteca/C/chejov/tristeza.pdf, p. 5

“Ceroidad”

Tal cual lo hemos adelantado en otros sitios, una atesis no es ineludiblemente, una Ceroidad –ir a http://www.salta21.com/La-tinellizacion-de-Heinrich-II-En.html–, sino que puede asociarse con otros ritmos, con otros sonidos, con otros “campanarios”, como aquellos que escuchaba cuando era un niño que esperaba los domingos, en sus horas tempraneras y oía a lo lejos, el llamado de la iglesia del barrio en el que yo existía dibujando o en donde estaba inmerso en mundos de fantasías, que sustituían los juguetes que no tenía, porque esa madre que me dio el gusto por la lectura, no podía comprar sino libros, en una villa en la que sus habitantes preferían regalar plásticos caros, de mercado y marcados con las señas de su costo.

El artículo o nota, however, se enlaza con lo que gubié acerca de Paul-Michel y de lo que se comentó en torno a Foucault, de un modo brillante (cf. http://www.salta21.com/Analisis-sobre-el-curso-de.html).

Bajo el aspecto o mala traza (en el sentido de “no estar bien vestido”, de “hacer garabatos” o de “no honrar la lógica del trazo”), de un Derrida improvisado o ebrio, me permito agregar insignificancias, una coda minúscula, a lo que escribió Stendhal en una novela que, sin ser yo un eximio crítico literario, me surgió muy mala y lejos de la obra maestra que es, sí, Rojo y Negro. Añado, a partir de La cartuja de Parma, un agregado a lo que enuncia el amigo de Deleuze, sobre las instituciones de clausura –glosa que estaría apresada en la novela de Stendhal, escrito que sería una cárcel de mis signos [los que comentan esos féretros que son los libros, se encierran entre las pa–redes de los textos (quizá, para emanciparse con otras cadencias, sin someter a los potenciales lectores, en virtud de que ese alguien probable, puede escoger abrir o no, lo que enunciamos)]–.

Tesis; ¿“Primeridad”?

El instante que sigue al momento no tético que impulsa a la διαλεκτική a andar, puede ser una afirmación que paradójicamente o no, puede ubicarse entre palabras; entre signos de pregunta. O de duda. La “Primeridad” puede inaugurarse con interrogantes y ser ella misma, una pregunta, con o sin respuesta.

La tesis o Beteuerung que delineamos en este caso, es una síntesis o “breviarium” del palimpsesto del autor francés.

Segundidad

El instante de la afirmación o “Beteuerung”, no necesariamente concluye con un despliegue acabado; la thèse puede ser una introducción o una Ceroidad duplicada. Lo que efectuaremos será pues, el despliegue, el desdoblamiento de la atesis; tendremos una Ceroidad que no concluyó en su momento.

El instante de la negación o “Verneinung” que desempolvaremos, se enlodará en el flanco débil de la novela de Stendhal, porque abundará en detalles que causarán bostezo y desconcierto, empequeñeciendo el suplemento a Foucault, que nos habíamos propuesto abocetar –innumerables ideas no son más que miniaturas de decires que sólo para el que las esparce, son de trascendencia.

El hecho es que el escrito del autor del Siglo XIX está plagado de enredos y hasta de una fuga espectacular, de las que nos acostumbramos a ver en filmes del inasible Van Damme.

La novela, que posee su título corrido, desplazado respecto de lo que Stendhal imaginaba hablar (de la existencia de la Duquesa Sanseverina, de Parma o de la cartuja, una especie de monasterio), se ocupa de las aventuras y amoríos de Fabricio, sobrino de Angelina.

El palimpsesto consta de veintitrés episodios, de los cuales, en nuestra modesta opinión, los más logrados son el Capítulo V, el VI, el VII y el XX, de los que los mejores son los episodios que se ubican entre los capítulos V y VII –lástima y lastima, que para toparnos con esas perlas, uno se haya encontrado con “cien páginas de mala ‘Littérature’”, según una conocida expresión del Dolina de 2013.
Al protagonista, se le antoja que para adquirir la madurez de alguien que, en su ancianidad, pudiera tener en la maleta que son las décadas, cosas dignas de ser escuchadas por ocasionales interlocutores, debía enlistarse en el Ejército del Napoleón que había retornado a una sorprendida Europa.

Eludiendo peripecias olvidables, Fabricio y nosotros, ve (el joven y no nosotros) a la descendiente de un alto funcionario de Parma, Italia, de la que se enamorará.
Por algo que hizo en su arrebato para beberse de un golpe, las estrellas y crecer, tendrá que huir. Esa fuga lo conducirá a enredarse en un asesinato por los favores de una comediante, crimen que, ejecutado en defensa, no lo librará de la prisión de la que está encargado, ese funcionario que mencionamos.

Fabricio se las ingenia para cortejar a la joven, la que termina cautiva de él: siendo el ex aspirante a soldado, un encarcelado, se trasmuta en una prisión para la doncella que ama.

Terceridad

Antes de continuar, uno de los agregados que sumo a lo que Paul-Michel enunció con relación a los dispositivos de encierro, es que alguien, muchos, todos, somos o podemos ser una institución carcelaria en desmedro de los otros (la “Segundidad” puede interrumpirse con un desvío, un interludio, una pausa, que es la Terceridad, instante que puede o no, ser un momento dialéctico “pleno” en una διαλεκτική peirceana, deconstructivista, lucreciana, epicúrea). Y no siempre, podemos ser un dispositivo de encierro por amor; en ocasiones, en incontables circunstancias, somos una institución carcelaria por la injerencia de las pasiones tristes y que apenan, como el odio, la crueldad, los rumores destructivos, la ira, la soberbia, la envidia, la condena contra la alteridad del que es distinto –por igual, somos una prisión en desmedro de los otros por la intervención del desprecio contra el extranjero, el exiliado [aun cuando se pueda no estar en lo que es un país; aunque se pueda ser un expulsado, los de esa nación, a la distancia, pueden ser una cárcel en desmedro de ese otro, otro, tanto más exiliado cuanto que porta o transporta, una alteridad que lo hace muerto en vida, un agonizante, un moribundo y un muriente (que no es similar a ser agonizante, sino que lo muriente se vincula, de acuerdo a Jackie, con que la existencia es una condena de vida; la tristeza, una pena de existencia; el deceso, una condena de muerte y el deceso, una pena)]–.

En una de sus cavilaciones, Foucault había sugerido lo que pincelamos, al gubiar que cada cual puede ser un déspota tremendo contra los otros –parafraseando al Gilles que hace de Proust, un semiólogo, hemos errado al querer los poderes, al desear el poder [los poderes, el poder, son fáciles de ejercer y pronto, nos conducen a desatar nuestros demonios; el desafío imposible es no ejercitar los poderes, el poder, nunca; contra nadie, por ninguna “razón” (los poderes, el poder, su búsqueda, trae más inconvenientes de los que soluciona y no serán los poderes, el poder, en nombre de cualquier Revolución, el que nos emancipará; de nada; de nadie, aunque sea an utopy o sea La Utopía –debemos ser mejores, más hábiles que los poderes, que el poder)]–.

Añadiríamos, con el auxilio del Psicoanálisis, que cada quien puede ser un monarca espantoso para sí mismo y para su sí mismo, sea lo que fuere que pudieran acunar unas palabras que se asocian con la “Métaphysique” de la Identidad, con la Filosofía de lo Identical, con la “Métaphysique” del Sí Mismo y con la ϕιλοσοφία de lo “Même” [no obstante, como en la película El libertino, los otros, un rey, pueden convertir nuestra soledad, en una prisión infranqueable, en virtud de que para huir de esa cárcel, habría que liberarse con la muerte, de una “Einsamkeit” tan amplia, que de derramarse, inundaría el universo, las calles del mundo –los otros, un monarca, un soberano, podrían empujarnos al fracaso, para vomitar luego, ahogados de envidia, que hemos fracasado y que somos unos fracasados, tal como se alucina que actuó el Antonio Salieri del film Amadeus (http://www.youtube.com/watch?v=WXUkL9t9qkI), con el Wolfang real, histórico (parece que todo genio, posee su “Toni”; el pobre Marx, su Negri)].

A la crueldad de sí en oposición a sí, de alguien que se desarma, la había auscultado el novel Karl, en lo cincelado en sus apreciaciones alrededor del suicidio y en La Sagrada Familia, en el fragmento donde reflexiona en torno a que la prisión nos vuelve tullidos en el corazón, alimentando no únicamente, la bronca en desmedro de sí, sino el odio contra la sociedad, la bronca en desmedro de una justicia que obligó a un ser, a dejar de ser, en la oscuridad de los barrotes, en la noche del enmudecimiento o en las tinieblas de la soledad.

“Cuarteridad”

En el palimpsesto del autor galo, la joven ayuda a Fabricio a escapar de la cárcel, pero no de él ni de ella.

En el ínterin, la virgen es comprometida con un Marqués gomoso y se viste de esqueleto, el Príncipe que no deseaba disculpar al ex soldado, por el gusto que sentía en disponer de los acaeceres; por el placer de imaginarse un dios –otro giro a lo que delinea Foucault, es que, tal cual lo indicó Pierre Legendre, se ama a los poderes, se adora ejercer el poder, se ama ser un dios para con el otro, al que se victimiza.

La Marquesa termina por fallecer y a pesar de los honores que logró Fabricio, en una existencia plagada de sorpresas, los poderes de la fama, no le impiden morir.
La novela no es clara en ese punto; pareciera que da a entender que tardamos en comprender que ni los más elevados honores, retrasan lo único que es, según Lacan, inevitable; el cesar súbito.

Quinticidad

De Lucrecio y de la interpretación que efectúa Serres del pensador latino, argumentamos que buscamos el poder en sus disímiles contornos, porque somos impotentes de cara al deceso. Así, podríamos inferir que los dispositivos de clausura le dicen implícitamente, a los aislados en sus muros, que las instituciones sobrevivirán y que se extenderán, allende la tenue existencia de los encerrados. Los dispositivos de clausura son análogos a la Muerte; son el Deceso para los que están en su seno, en el regazo de las instituciones, por más que se sientan cómodos y sean mimados por esos dispositivos. Los “aparatos” de encierro son instituciones de exterminio, en cualquiera de los sentidos posibles. Los que ahí se afanan, trabajan para la Muerte (los universitarios no tendrían que ignorarlo; sin embargo, niegan lo que no quieren saber).

Septicidad

Cuando el que aniquila, pleno de honores, sus latidos, fue prisionero, se lo aisló en un ambiente peculiar; los detalles pueden consultarse en el aburrido palimpsesto de Stendhal, en el Capítulo XVIII, p. 305, de la edición web.

Lo último que puedo sumar al eje de los dispositivos de clausura es que no se trata sólo de vigilar y de castigar, sino de volver audible los más pequeños movimientos del preso, impidiendo cualquier comunicación con el exterior de la cárcel y adiestrándolo para obedecer.

Cuando en 1999, en la cátedra Introducción a la Historia de las sociedades, tuve la fortuna de aprender de los estudiantes, uno de ellos, el Licenciado Néstor Spaventa, habló de Reich y nos sugirió que uno de los problemas impactantes que esgrimía Wilhelm, era el de por qué obedecemos. En mi ignorancia, no conocía lo que podría haber articulado y sigo sin saber qué decir frente a tamaña inquietud.

La época del nacimiento de la prisión, no fue únicamente, para vigilar y castigar, sino también para escuchar, diseminar la autoridad, espiar; para empujarnos a anhelar poderes; para amaestrarnos en la obediencia; para gobernar nuestra vida con la Muerte que anida en las instituciones, con el deceso que son esos dispositivos. Es todo –¿es todo? [ante semejante panorama…, ¿para qué más? (en uno de sus poemas, Gelman expresó que la Muerte era deceso y hasta menos que ello –http://www.youtube.com/watch?v=GVNbaiWPJ1w–; los poderes son poder y no más que eso; son sólo eso)]–.

“Octeridad”

El amigo de Deleuze, escribía en el tono que se asume que es en el que debiera investigar un historiador, atareándose, Foucault y esos malos historiadores, con los ácaros de los archivos. No obstante, a Paul-Michel se le escapó que lo temporal es en paralelo, una prisión; acaso, una cárcel imperceptible, sutil y de la que habrá que fugarse. Marx, a quien no entendió ninguno de los pos estructuralistas ni nadie de los postmodernos, anunció que ya que “khrónos” es ruido y furia (ir a http://www.salta21.com/Termodinamica-o-Termodinamicas.html), que habría que licuar el Tiempo, disolviendo la economía, la base, el trabajo y la “Überbau”.

Sin embargo, no es con lo vano, con lo fatuo y con las vanidades que puede superarse lo temporal. La fama, la gloria, la fortuna, el aplauso de los que se denominan “contemporáneos”, acaecen al interior de la prisión liviana que es cronos. Ni siquiera pincelar nociones nos desencadena del Tiempo, porque lo que es temporal, permanece dentro de “khrónos” y es sepultado por el Tiempo o por el olvido, que es uno de los rostros feos de chronos.

Algo más fuerte que el Tiempo, que su despotismo, nos emancipa de su Imperio [y no es la Revolución; ninguna –habrá que descubrirlo (el asunto está planteado; en vez de meditar alrededor de lo que es “khrónos”, habría que pensar cómo evadir al Tiempo; en lugar de meditar sobre lo que es el Ser, habría que pensar cómo esquivar los semblantes de los poderes, sin instaurar otro poder)].

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