Dos magníficos retornos

El maestro García Vidal, nacido en Alicante, estuvo en marzo de 2014. Ya en aquel momento despertó innegable admiración. Tiene musicalidad y su expresividad se traduce a través de sus dos manos sin batuta

Salta, miércoles 7 de diciembre de 2016. Teatro Provincial. Solista: José Araujo (violonchelo). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado Maestro Ignacio García Vidal (España). Vasili Kalínnikov (1866-1901): Serenata para cuerdas (*) y Sinfonía nº 1 en sol menor (*). Robert Schumann (1810-1856): Concierto para violonchelo y orquesta en la menor op. 129. Cierre del ciclo anual del Mozarteum Argentino Filial Salta. (*) Estrenos en Salta.

Una noche con varios protagonistas. En un orden casual y aleatorio comienzo con el olvidado compositor ruso Vasili Kalínnikov, autor de dos sinfonías y partituras menores, en general, basadas en cantos populares de su tierra. Solo vivió treinta y cinco años y murió agotado por la tuberculosis. Contemporáneo de Tchaikovsky, Rimski-Korsakov y Rachmaninnof, su música tiene ciertas similitudes con las de los nombrados a pesar de las notorias diferencias que muestra, en mi opinión, producidas por los maestros de composición que tuvieron.

Los famosos nombrados se formaron en el Conservatorio de San Petersburgo mientras que Kalínnikov en el Seminario de Oriol y posteriormente en la Escuela de la Sociedad Filarmónica de Moscú. El programa se abrió con una modesta serenata que no anticipaba el poderío de su primera sinfonía. Esta tuvo cuidadosa orquestación, un romanticismo moderado, con momentos de gran belleza como por ejemplo, los solos del segundo movimiento apoyados por un obsesivo pentagrama del arpa de Carolina Varavará, María Alejandra Barreto (oboe), Santiago Clemenz (flauta), Pablo Ahumada (trompa), Eugenio Tiburcio (clarinete) y Paula Daffra (corno inglés), todos en alto nivel. La rigurosidad de un “scherzo” académico, casi un modelo de cómo se escribe esta forma, para llegar al majestuoso final a partir de un sutil crescendo. Una atractiva sinfonía.

Entre ambas obras, el concierto de Schumann, lírico, espitual. En rigor es una pieza para violonchelo acompañado de orquesta. Aquí es oportuno explicar el título de esta crítica. El maestro García Vidal, nacido en Alicante, estuvo en marzo de 2014. Ya en aquel momento despertó innegable admiración. Tiene musicalidad y su expresividad se traduce a través de sus dos manos sin batuta. Luego del concierto me reiteró el placer de conducir la orquesta local por la calidad y predisposición de sus integrantes, detalle no menor que llena de orgullo a nuestra provincia.

Por otra parte, hay que reiterar el agradecimiento a García Vidal acercando música no habitual en estos lares y además dicha con total autoridad. En cuanto al solista, el violonchelista José Araujo, nos visitó en agosto de este año. Intérprete de altísimo nivel, es el actual primer violonchelista de la Orquesta Sinfónica Nacional, lugar ganado por unanimidad en concurso internacional. De memoria, como los grandes solistas, presentó el concierto que el alemán Schumann escribiera para este instrumento. Araujo tiene un bello sonido y su técnica es deslumbrante. Todo el concierto fue el exquisito medio para exhibir su valía pero el “langsam” (movimiento lento) de la obra fue de un vuelo tal que al final el público desbordó de entusiasmo. Araujo entregó un bis que es un canto a la paz y a la libertad, El Canto de los Pájaros del catalán Pablo Casals.

Una vez más, el Mozarteum local brindó una de las grandes noches de su historia.

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