El Quebrachal acosado por duendes, ovnis y fantasmas

En la madrugada del domingo 2 de enero Miguelito Herrero, de 15 años, filmó en Quebrachal un objeto volador no identificado. El miércoles 29 el médico Christian Fadel fotografió un fantasma. La historia del duende que vio el profesor Mario Robles.

El Quebrachal vivió las últimas jornadas del 2010 y el comienzo del 2011 entre relatos e imágenes de duendes, fantasmas y ovnis.

Miguelito Herrero, de 15 años, acompañado por cuatro amigos, se dirigió en la madrugada del domingo 2 de enero a Fonavi VI ubicado en la parte este del pueblo, para acompañar a uno de los chicos hasta su casa. Entonces fue que divisaron sobre el firmamento una estrella más grande de lo común, que llamó su atención. De pronto se agrandó y empezó a moverse y a cambiar de color para luego descender, perdiéndose en el monte. Pronto reapareció el extraño objeto y empezó a zigzaguear, fenómeno que fue registrado por Miguelito con su celular.

Los chicos quedaron asombrados y convencidos que habían presenciado un OVNI. A Miguelito Herrero le encanta ver historias de ovnis en Discovery Channel.

Un registro parcial de esta experiencia -que habrá tenido una duración aproximada de unos 25 minutos- se puede observar en este video, que fue subido a youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=86M6h1npz1k

El doctor Fadel, cazafantasmas involuntario

A poco de concluir el 2010, sobre el mediodía del miércoles 29 de diciembre, el médico Christian Fadel, director del hospital del pueblo, decidió sacar una foto desde la puerta de su casa para probar el celular que le acababa de regalar a su hijo.

Al mirar la imagen captada pudo detectar la presencia de un hombre que no estaba en el momento de la toma. Este se ve con claridad pero en forma transparente, ya que a través de él se aprecia el cordón cuneta y el descampado que hay detrás. De inmediato se habló de un fantasma. La imagen es difundida por celulares, computadoras y facebooks de los lugareños.

Intrigado, Fadel empezó a aplicar sobre la foto distintos programas y descubrió que al invertirla todo lo reproducido en la imagen (incluída la señora que camina sobre la vereda de la plaza) se invierte pero no así el "fantasma", que aparece como un manchón gris.

En la foto se ve a al "fantasma" cruzando la calle, hacia la derecha, entre dos árboles:

Un duende que llegó al cine

Dentro de la serie "Imágenes del Bicentenario" se pudo apreciar el martes 7 de noviembre en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Salta el cortometraje "El Duende" dirigido por Roberto Roberts en base a un guión de alumnos de 6to Grado A de la Escuela Gendarmería Nacional de El Quebrachal.

El corto se basa en el relato del Mario Robles, profesor de Educación Física, quien salió de madrugada de una fiesta en dirección a su casa y vió a un chiquito jugando en la Avenida Güemes en un charco. Sorprendido y preocupado, le dijo: "changuito, ya es muy tarde para que estés acá, andáte a tu casa a dormir". El niñito le sonrió y no le respondió. Siguió jugando.

El docente continuó desplazándose en su moto y volvió a verlo más adelante al mismo niño, esta vez jugando en la Plaza del Sulqui.

Cuando el profesor Robles llegó a su domicilio y se disponía a guardar la moto lo volvió a ver, esta vez en el jardín de su casa.

Alterado por el extraño fenómeno, se le comentó a unos policías, quienes le dijeron que no se preocupe pues se trata de un duende.

Le contaron que habitualmente ellos lo ven de madrugada jugando en los respaldos de los bancos de la plaza.

El Arca de Pérez

En 1999 el pastor evangélico René Pérez acometió la construcción de un Arca en los fondos de su humilde vivienda de la calle Apolinario Saravia. Era un verano por demás lluvioso y en todo el mundo se había generado una cierta incertidumbre existencial por el fin de milenio.

Pérez estaba convencido que las lluvias no cesarían y que eran el comienzo de un nuevo diluvio universal.

Estas historias son habituales en El Quebrachal y a muchos no les sorprenden. Por ejemplo, vecinos de la calle Balcarce aseguran que en una esquina -ubicada a unas cuatro cuadras de la ruta- se pueden escuchar los gritos escalofriantes de las brujas cuando empieza a soplar el viento, al anochecer. Un agricultor asegura que vió a una misteriosa y fantasmal mujer de blanco, que también se le apareció a otros lugareños. Un estudiante universitario nos cuenta que escuchó un ruido en la cocina de su casa y fue a ver qué era. Una balanza se estaba moviendo sin causa aparente.

Vecinos, amigos y familiares discuten estos casos. Tomasito, de 12 años, asustado por los relatos de fantasmas, no puede dormir porque de noche le parece que sombras negras se desplazan por el interior de su casa. Su padre lo reta, le dice que no tiene que creer en esas cosas. Hay otros escépticos, como el mismo médico que registró el famoso "fantasma" de la foto, quien no cree en fantasmas.

La Colonia de Trincado

¿Los quebrachaleños están predispuestos a una interpretación mágica de la realidad por antiguas creencias y leyendas, por relatos sobrenaturales procedentes de la religión católica y evangélica, y por películas y series televisivas? En parte esto puede ser así para un amplio sector de la comunidad.

Pero hay que recordar que en cierta medida también el pueblo tiene una raíz netamente agnóstica ya que parte de su población proviene de la Colonia fundada por iniciativa de Joaquín Trincado, quien inculcaba un ateísmo humanista y un igualitarismo socialista como ideales que guiaban la actividad dentro de una granja en las que los colonos se dedicaban a la agricultura y la ganadería, horneaban panes que vendían en la zona, fabricaban sus muebles, sus máquinas, su ropa.

Los domingos los colonos se reunían a escuchar la lectura y los comentarios de "Los Ideales de Trincado". Así crecían sin noticia alguna de la existencia de dioses, fantasmas, espíritus, duendes ni demonios.

La Colonia de Trincado ya no existe, pero muchos quebrachaleños -los Fabroni, los Herrero, los Contino, los García, los Venancio- son hijos, nietos y bisnietos de colonos. En alguna medida aún conservan algo de aquella visión del mundo que en una original mística cientificista hablaba de energía y magnetismo y apreciaba la mecánica y la electricidad. El trabajo comunitario, el respeto por la naturaleza y la convivencia armoniosa de los seres humanos sin ambiciones ni egoísmos eran parte de sus valores.

Aquél era un mundo muy distinto. Un islote cultural del que ya quedan pocas huellas, totalmente ajeno a creencias y leyendas típicas de la región, a la profusión de historias, relatos y experiencias que todavía hoy -en pleno siglo XXI- enriquecen y afiebran las noches y los veranos tórridos de El Quebrachal.