El antiperonismo, una resistencia a la igualdad

Un sector cerrado de la sociedad, preserva sus fantasías burguesas en el antídoto “antiperonista”, porque no soportan la homogenización ni los principios de igualdad social. Necesitan, desesperadamente, sentirse diferentes al grueso de la población y, esta condición “antiperonista” les asegura una marca diferencial: no ser iguales al resto de los conciudadanos.

Para ello se escudan en que “todos los políticos son iguales…”Siempre viví de mi trabajo…fuera cual fuere el partido de turno…”Esté el que estuviere…siempre viví de mi esfuerzo…” y así sucesivamente, como si todos los órdenes socio-políticos fueran lo mismo, desconociendo, groseramente, que las oportunidades educativas/económicas/de bienestar , no fueran más sólidas en regímenes políticos progresistas, como lo es el Peronismo populista.

Seguirán aferrados al fantasma de la corrupción, motorizada siempre desde las reservas conservadoras antipopulares; sin desmerecer que preservan para sí las usinas de rumores antidemocráticas, tendientes a ir minando los procesos democráticos de cambio en las nuevas tecnologías de la comunicación (redes sociales) y todos los recursos tecnológicos con que cuenta las comunicaciones actuales.

Ese personaje oscuro

Me refiero, específicamente, a esos seres tenebrosos que odian la igualdad, estimulados por las cofradías religiosas, que pregonan la bondad –el Amor, siempre que ellos gocen de los privilegios del poder. Algo así como mirar la realidad desde el púlpito, desde la tarima y, desde esas Instituciones mezquinas, estimulan la desigualdad y la rigurosa diferencia de clases. Mientras se preservan en un fingido discurso, vacío de contenido, siembran las semillas de las desigualdades.

Son los personajes que se conmueven frente al sufrimiento (valedero) de sus mascotas, pero les resbala el hambre infantil y las necesidades básicas de otros seres humanos. El dolor humano no los inmuta y reconocen que al grueso poblacional, le da lo mismo tener una vivienda que no tenerla. El Hogar tiene sentido, únicamente, en su apretado círculo y la educación como los otros bienes.

La obsesión de los planes

Por lo general, hay un sector poblacional que repudia los planes sociales. Son personas de reconocida piedad, pero ante las Ayudas sociales, reaccionan irracionalmente: “Yo trabajé toda la vida…nunca pedí nada…Y estos vagos viven de nuestro esfuerzo…” Repentinamente, perdieron la memoria ética y sacaron lo peor de sí, puros resentimientos de clases, encolumnada hacia los más vulnerables. Son religiosos-asas de capilla cerrada.

Esos repudios están presentes, no sólo en los jubilados mayores, también calan en sectores jóvenes. Acabo de conversar con Emilse, quién me asegura que las computadoras entregadas por el Gobierno K, fue un error y, me dio innumerables razones de por qué se equivocaron, todas encauzadas a que los alumnos humildes “no estaban preparados para recibirlas…”, en tanto deduje que los chicos ricos, la merecen y están preparados (sic). Es una argumentación que no me cierra del todo.

Para finalizar

Todos los razonamientos conducen en que hay sectores sociales (los más pobres) que no merecen la asistencia estatal, situación que traduce un portentoso rechazo a la marginalidad, como si ésta fuera una razón biológica y no contextual. No es ninguna verdad revelada, pero hay pobres porque hay ricos, hay hambre porque a otros les sobran los alimentos y, todo, absolutamente, enmarcado en la desigual distribución de la riqueza.

Es imprescindible que los gobiernos comiencen a resolver los problemas de todos, sin escudarse en esas turbias teorías macro y micro económicas, porque los ciudadanos son uno de carne y hueso y la Ética, también es una sola, para todos los seres humanos que habitan este territorio. Algunos sectores tendrán que flexibilizar sus sentimientos y pensar en los derechos humanos globales, en que las oportunidades sociales son un bien de TODOS.

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