El exterminio de los ancianos

Si en algo no ceja este gobierno es en la extinción de la clase pasiva. Literalmente no les interesa la prevención en esta franja etaria, absolutamente, cuando en el gobierno de Cristina, los niños y los abuelos era su prioridad en las políticas sociales.

Al mejor estilo de los campos de concentración nazis, los viejos, son privados de ingresos mínimos acordes al costo de la vida y empujados, impiadosamente hacia su eliminación. De qué otra forma se puede nombrar esta liberación del mercado de los medicamentos, laboratorios incruentos que sólo les interesa sus ganancias comerciales, poniendo en costos imposibles los precios de sus productos (tal el caso de los remedios oncológicos), sin agregar los estudios de alta complejidad, cuyos costos son carísimos. No cabe otra explicación, ajustada a las reglas del capitalismo salvaje, en cuyo vademécum no figura el cuidado (la salud) de los mayores.

Convengamos, que el fenómeno es mundial, en esta escalada inescrupulosa de la derechización de occidente. Desembarazarse de los viejos, en esta escalada genocida de la economía (macrista), es un objetivo de la mundialización en un decurso histórico permanente. Hoy son las mismas políticas de los ’90, son los mismos que gobernaban en los ’90 los que gobiernan hoy. Para este gobierno el sistema previsional público es una molestia, es un gasto, no lo ven como lo que es, una cuestión justa a partir de lo que los jubilados se han ganado, aseguran los dirigentes sociales de la época. La Farmacia es la barrera crítica con que “chocan” los ancianos necesitados de remedios inalcanzables.

La mirada oriental sobre el cuidado de los viejos

La sociedad occidental del siglo XXI tiende a emplear expresiones peyorativas para referirse a las personas mayores. Vivimos en una época en la que prevalecen los valores asociados a la belleza externa y a la inmediatez. El viejo se ha convertido en sinónimo de inútil, feo, antiguo, estorbo o incapaz. En los últimos tiempos se han buscado alternativas para mencionar a los ancianos, términos eufemísticos y políticamente correctos como “tercera edad”, “adultos mayores” o “edad avanzada”. En el fondo, esta etapa es temida por nuestra sociedad y tratamos de desterrar de nuestra mente todo lo que haga referencia a vejez.

En Japón, se celebra el Keirō No Hi (Día del Respeto a los Ancianos), una festividad muy importante en la que participa activamente la familia. Los ancianos japoneses son respetados como pilar de la sociedad. Los jóvenes aprenden desde pequeños a valorar la experiencia y la sabiduría de sus mayores. En China, también existe un profundo respeto y veneración por los ancianos. Aunque esta visión se halla en lo más profundo del pensamiento chino, el gobierno promulga leyes que obligan al cuidado de las personas mayores.

En India, el respeto a los mayores es uno de los pilares de la cultura, algo que se enseña en las escuelas. Los más jóvenes piden su opinión y su aprobación. En la religión hindú es costumbre arrodillarse ante los ancianos para tocar sus pies como símbolo de respeto. En los países musulmanes el cuidado de las personas mayores en la familia es considerado como un honor y una oportunidad para crecer espiritualmente. La religión islámica hace hincapié en que los hijos deben ser compasivos con sus padres, y en especial con sus madres, porque éstos dedicaron su vida a cuidar a sus hijos.

La mirada macrista

El gobierno actual (en la cabeza de su Presidente) está muy lejos de emular estos principios orientales, muy por el contrario, pareciera que sus objetivos principales fueran la aniquilación de esta franja, en quienes hicieron recaer el efecto de la inflación y los mayores (peores) sacrificios. De qué otra forma se puede mencionar, el “responsabilizar” el peso de la economía en las espaldas de los jubilados, imponiéndole como pared inaccesible el costo de las subas, sin precedentes, de los remedios que estos consumen para mejorar estado de salud. Ni que hablar de las tarifas.

Es lamentable que políticas públicas estén direccionadas a hacer insostenibles la condición de ser viejos, palpables en el congelamiento de sus salarios y el encarecimiento del costo de la vida (no sólo de los remedios). Es un plan sistemático (no explicitado) de borrar del mapa a los que llegaron al ocaso de su destino, sin expresar la menor culpabilización. No les interesan los viejos vivos. En sus planes, perfectamente, direccionados el objetivo es la liquidación de los ancianos, ya que muertos no molestan. Curiosamente, el electorado de los jubilados, en esa fabulosa mentira de campaña, apostó a su propio exterminio, volcándose, masivamente, al que sería su implacable verdugo.

Personalmente, espero ansioso el retorno del peronismo popular (lo hay también de derecha recalcitrante) para que los mayores recuperemos, en lo poco que nos falta, el retorno de un gobierno inclusivo que no nos deje tan desamparados como en el presente. Habrá que aprender a tener memoria y no equivocar el voto.-

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