El más completo libro sobre Victorino de la Plaza

Este libro se editó y presentó a finales de noviembre de 2016. Diego Jufré es autor del comentario que publicamos aquí.

“Don Victorino, el ciudadano ejemplar” es, sin dudas, el libro más completo, más documentado y de mayor aliento investigador publicado sobre la vida, ideas y trayectoria del doctor Victorino de la Plaza. Sus autores son, el destacado periodista Rodolfo Plaza, fallecido el 17 de diciembre de 2015, profesional de larga carrera en el diario “El Intransigente” que fundó y dirigió don David Michel Torino, y su hijo, Leandro Plaza Navamuel, historiador y genealogista, miembro de academias e institutos de estudios históricos y ex director de la Biblioteca “Doctor Atilio Cornejo”.

Don Victorino, el ciudadano ejemplar es un volumen de 504 páginas que, definitivamente, puede ser considerado como el libro más completo que se haya escrito sobre el distinguido salteño e incuestionable estadista argentino doctor Victorino de la Plaza.

Su presentación hizo en la Fundación Salta, al cumplirse el 176º aniversario del natalicio y el 97º aniversario del fallecimiento de doctor de la Plaza, que fue presidente de la República entre 1914 y 1916, completando el periodo de Roque Sáenz Peña, fallecido en agosto de 1914. El salteño de la Plaza fue quien entregó el bastón de mando y la banda presidencial a Hipólito Irigoyen.

El libro Don Victorino, el ciudadano ejemplar es un importante aporte a la historiografía nacional que se origina en la provincia de Salta, tiene un especial interés no solo para los salteños y argentinos que se apasionan por saber de los grandes hombres de la Patria, sino por aquella etapa fundamental de las instituciones en la historia argentina.

Se trata de un libro esencial, muy bien escrito, que abarca todos los temas, punto por punto y que enseña las contribuciones que don Victorino “hizo a lo largo de casi cincuenta años de su vida, muy valiosas por cierto en momentos difíciles de la economía y del ordenamiento institucional de la Nación”. Indudablemente se impondrá como un libro de consulta obligada entre quienes se propongan investigar esa larga etapa del país que tuvo como protagonista a un salteño ejemplar y desconocido incluso por los mismos salteños. Es que don Victorino no es un “olvidado”, es claramente, al decir de los autores, un “desconocido”.

Es destacable el rigor que se advierte en la investigación y escritura del libro que les demandó muchos años, con una interesante introducción seguida de veintiún capítulos bien documentados, una selección bibliográfica irrefutable, más una impecable selección de postales, óleos, dibujos y algunas fotografías inéditas de don Victorino, de sus familiares, casas y firmas, como de los más significativos representantes de la fragua política de la época vinculados de una u otra manera al ex presidente, constituyen un complemento interesantísimo en la obra. El Capítulo XXI, que es el último, titulado “Su legado y nuestra deuda” sirve además, a manera de un imperdible epílogo.

En efecto, los autores han creído necesario ocuparse de “analizar aspectos biográficos del Dr. Victorino de la Plaza, un argentino de actuación pública notable, paradigma de la determinación y de las virtudes con que otros elegidos de su época plasmaron el edificio de las instituciones de la República (…) Juzgando igualmente insoslayable porque aun considerando el principal protagonismo que ha tenido don Victorino en un período fundamental de nuestra historia, es un notorio desconocido de los argentinos”.

Los cuatro primeros capítulos se ocupan de su genealogía, desde el genearca de su linaje “En el solar de sus ancestros”, que es el capítulo inicial, como el siguiente, que trata sobre “El abuelo, don Manuel Ubaldo, guerrero de la Independencia”, seguido por “Sus años en Salta” y finalizando con “Algunos apuntes familiares”.

Ese abuelo, don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza fue un destacado partícipe de aquellas gloriosas hazañas de la Independencia, intervino en las victorias de Tucumán y Salta, como en Vilcapugio, Ayohuma, Puesto Grande del Marqués, etc. En 1816 fue encerrado por los realistas en los presidios de Casas Matas del Callao hasta recuperar su libertad a mediados de 1821 por gestiones del Padre de la Patria, general José de San Martín.

Sin alejarse de lo fundamental: conocimiento, método, oficio y fuente documental, se explayan en esos capítulos iniciales sobre las falsedades consagradas, como “el origen humilde” de don Victorino, que necesariamente debía tratarse para dar por finalizado un tema plagado de especulaciones y desatinos, como la fastidiosa insistencia de numerosos autores sobre su condición de “indio o coya” o aquellas otras alarmantes afirmaciones en un empeño decididamente necio, como que “siendo niño, Victorino recorría descalzo las calles de Salta voceando diarios o vendiendo empanadas y dulces”.

Leandro Plaza Navamuel en su intervención durante el acto, destacó “que claramente don Victorino de la Plaza no pertenecía a una familia de inmigrantes recién llegados, sus antepasados por vía paterna se remontaban en suelo americano a los primeros conquistadores en el Cuzco, como que por vía materna, entre otros, descendía de uno de los más significativos testigos que suscribieron el acta de la fundación de Salta el 16 de abril de 1582. Por eso vale insistir que Victorino de la Plaza se entroncaba a familias patricias por el lado paterno como por el materno, forjadas en la conquista de América, como en la lucha por la Independencia”.

Con característico sostén intelectual, los Plaza Navamuel señalan que “con total liviandad se dice que don Victorino proviene de una familia de humildad extrema, que es mestizo o simplemente indio, pero lo concreto es que nadie ha podido hasta ahora alegar datos precisos que los respalde en tales aserciones (…)”. Así, los autores con rigurosos argumentos científicos matemáticos genealógicos no rechazan “de manera absoluta la especie que don Victorino tenía sangre indígena”, como –afirman- tampoco está exento de tenerla nadie en América que se precie de entroncar en las viejas familias patricias, añadiendo que el hecho de tener sangre indígena “implicaría un motivo enaltecedor.

Pero los que porfían” simplemente en que era un indio o un coya “sin poseer pruebas, como así quienes le hacen otros encasillamientos resueltamente desdeñosos, más que interesarse en la verdad, lo que en realidad consiguen es poner en evidencia una actitud imprudente, tal vez una peligrosa inclinación por los prejuicios y la discriminación o sencillamente el afán por menospreciar a este esclarecido ciudadano de la República”.

Se adentran en capítulos referidos a que “Ya abogado, irrumpe en la vida pública colmado de idealismo”, a un famoso “Fraude electoral en Salta”, a sus diferentes funciones como ministro de diferentes carteras o diputado nacional electo, a su estadía en Europa, su regreso a Salta y la candidatura a la vicepresidencia, la ya mencionada ley Sáenz Peña, su desempeño como presidente de la Nación, la entrega del poder y sus últimos años, etc.

Bien escriben los autores (y considero necesario reescribirlo por la característica de síntesis magistral), que don Victorino “ocupó las más elevadas posiciones merced a su esfuerzo personal, a su integridad y excepcional inteligencia. Cuando (…) no estuvo en el ejercicio de una alta función de gobierno, fue un hombre de consulta, vinculado estrechamente por motivaciones políticas, lazos de comunión cívica o de amistad a los más prominentes adalides de su tiempo. Le tocó actuar en esa época tumultuosa que se abre en Caseros y culmina en la definitiva organización nacional, alcanzada gracias a la ley de sufragio libre, aplicada por primera vez y con extraordinario rigor en ocasión de su desempeño como presidente de la Nación”.

No es propósito de esta nota analizar página a página el desarrollo de cada capítulo. El inteligente lector de buenos libros, se deleita con ver un libro en sus manos, tocarlo, olerlo, aprovecharlo, sentirlo y disfrutarlo, cosa que, lógicamente no se puede transmitir por un medio digital o en el papel de diarios o revistas. Los amantes de los libros, seguiremos siéndolo, por siempre… y Don Victorino, el ciudadano ejemplar que ingresó con aplausos y un éxito arrollador, ya está siendo comentado y ponderado por sus lectores.

- Por Diego Jufré

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