Horacio Bertero: Artista Platero y rigor de investigador

Hace cien años, Eugenio D’Ors dijo que el heroísmo del estudio y aprendizaje acompañan cualquier trabajo profesional. Añadió que artesano y artista es aquel que pone espíritu y amor en la labor que le ocupa las manos y que, al hacerlo, ennoblece su faena. Horacio Bertero lo expresó bien: “tener una obra en el alma y bajarla a las manos”.

Los clásicos explicaron que “el hombre no usa solo sus manos sino ese principio interior, específico”, de una actividad que se desarrolla en su alma. “El arte es una virtud, una facultad desarrollada en el interior”. Es una virtud del intelecto práctico que se relaciona con la creación de objetos.

Según D´Ors el oficio se vuelve Arte “cuando se convierte en cotidiano menester e ideal de una misma cosa, que es, a la vez, obligación y libertad, rutina estricta e inspiración constantemente renovada”. Artista es aquel que, sin dejar nunca de ser artesano y, por serlo siempre, eleva su trabajo “a una perfección soberana”.

Artista, orfebre, es el que ama su oficio, la perfección de su oficio y el resultado de su oficio. El de platero, antiguo y noble oficio, acompañó a la Argentina desde sus orígenes: el nombre de nuestro país remite al metal que la designa. Cualquier oficio se vuelve arte, añadió D´Ors, cuando el trabajador da a él su vida, del mismo modo que su trabajo dignifica su vida.

Ese espíritu, unido a estudio y aprendizaje disciplinado, creatividad, fuego personal, cuidado de la perfección y la armonía, hicieron de Horacio Bertero un artesano y un artista platero.

A todo esto, Horacio añade su generosa disposición a enseñar y trasmitir su oficio. No proclama generosidad: la despliega con discreción y silencio. El ejemplo más reciente es el taller que dirigió este año en Guachipas.

En su casa conviven su taller, con la hospitalidad, mesa abierta y amistosa, su exuberante buen humor, placas esmaltadas, puñales, monedas, medallas, libros y computadora. Esta variedad no es mera acumulación de objetos: dibujan el mapa de los diversos territorios y otros tantos intereses del artista.

Horacio no acumula libros como objetos: los devora, los interroga, los explora, los comparte. Enriquece sus conocimientos del oficio con la investigación y comprensión de su historia, de los misterios del metal que moldea, de su origen y rastrea huellas minas y mineros.

Ese apetito y esa energía no se agotan en el esfuerzo y goce personal: la extiende a la búsqueda de documentos, con los que nutre y da consistencia al trabajo que acompaña y complementa a su condición de orfebre: escribir libros y publicar libros, compartiendo experiencias y conocimientos acumulados.

Éste es el tercer libro de Horacio. En el año 2000 publicó "La platería, un oficio emblemático”. En 2011, "Glosario de orfebrería religiosa". Los libros de Bertero llevan su sello: prosa clara, vitalidad de estilo, afán por divulgar abriendo su mundo a los profanos. En él, la investigación precede y sostiene la divulgación.

Horacio forja esas obras escritas con una aleación de experiencia y erudición, de vivencias y nomadismo, de investigación sedentaria y reflexión. Su interés y su mirada se extienden más allá de los límites históricos y geográficos convencionales: a la América anterior a la colonización española y a un escenario mundial que, recogiendo lo regional, lo ilumina y lo trasciende.

Como buen investigador, Bertero explora, precisa, contrasta, se plantea interrogantes y busca comprender, estableciendo vínculos entre el pasado y el presente de la pieza que llega a sus manos. Es un investigador sin ataduras, compromisos, ni cepos ideológicos. Está libre de simplificaciones de los que suelen tener certezas a mano y exponen conclusiones antes de iniciar la exploración de huellas, documentos y testimonios.

“¿Dónde vi este cincelado? ¿Quién lo hizo? ¿Dónde está el punzón? ¿De qué época será? ¿Cómo se soldó esta pieza? ¿Cómo fundió estas partes”, son preguntas que Horacio se hace: la curiosidad lo consume y moviliza. Su inspiración lo desordena y disciplina y lo ordena. Aunque a veces no encuentre todas las respuestas, dice, abrir interrogantes es un modo de demostrar “el interés por el oficio que nunca se dejará de aprender”.

Por nacimiento y pertenencia, Horacio es hijo de los pagos de Areco, declarada en 2015 por ley nacional Capital Nacional de la Tradición. Por opción, convicción y partes iguales, también es salteño. Según la estadística, la balanza de los años se inclina a Salta, donde reside desde hace 32 años (1987). Su permanencia en Areco y una etapa en Buenos Aires suman 30 años (1957-1987). No es un, pues, forastero en Salta. Ni un hijo renegado de Areco.

Horacio abrazó su oficio muy joven. A los 22 años ingresó en San Antonio de Areco al taller de platería gauchesca del maestro Juan José Draghi, ubicado en los altos de una antigua casona en una esquina de la Plaza Ruiz de Arellano, Tres años después, abrió su propio taller y comenzó a trabajar con su punzón personal.

En 1983 hace la primera de una extensa lista de exposiciones en la Argentina y en países de América latina y Europa. A lo que añade su constante actividad como investigador, tallerista, ilustrador, restaurador y conferencista sobre orfebrería gaucha y religiosa, historia de la platería y el arte en Hispanoamérica.

Desde 1983 expone sus obras en muestras nacionales de platería y, desde 1986, participa de la "Semana de la artesanía arquera" y en diversas ferias internacionales países de América latina y Europa. Fue protagonista del "Encuentro nacional de plateros" realizados en Salta desde 1994 hasta el año 2000.

Cuando llegó a Salta, Horacio encontró una tradición de antiguos artesanos plateros. Conoció y trató a algunos de ellos. Aprendió de su experiencia y respetó sus aportes, sobre los que innovó introduciendo técnicas y recursos que trajo en sus valijas desde Areco.

Es, además, restaurador de orfebrería religiosa, entre ellas la imagen del Señor del Milagro de y de la Virgen del Milagro de Salta, Dictó numerosas conferencias en el país y en el extranjero, es investigador y miembro de la Junta de Estudios Históricos de Salta y coleccionista de monedas, medallas, papeles y libros antiguos.

Bertero se nutrió, reinventó y enriqueció esa tradición. Lo hizo con espíritu de libertad, con infatigable afán de viajero, con vocación de rastreador y glotonería de conocimientos. Los plasmó en creativas y nobles aleaciones, tendiendo un puente, hermanando y trenzando las mejores tradiciones pampeanas con las del mundo andino.

Comencé recurriendo a la autoridad de Eugenio D´Ors. Terminaré bajo esa misma tutela. El verdadero reconocimiento de la obra de un artista no está aquí ni ahora: está en el correr del tiempo. Todo pasa. Vanidades, elogios y agravios pasan. Hay “una sola cosa que te será contada, y es tu Obra Bien Hecha”.


(*) Palabras en el acto de presentación del libro de Horacio Bertero “El Bermejo, una ruta hacia la plata en el siglo XVI”. Acto realizado en el salón de conferencias del Museo Histórico del Norte (Cabildo de Salta), el 25 de octubre de 2019.

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Blas Pascal: “Los ríos son caminos que marchan y que llevan adonde se quiere ir”. Alberdi transcribe esta expresión: “los ríos son caminos que andan”. “La enfermedad principal del hombre es la curiosidad inquieta por las cosas que no puede saber”. (Pensamientos. T I página 73) .

La tierra pide mar. El mar pide tierra. Los ríos, escribió Alberdi, son otro medio para internar la acción civilizadora europea en el interior, pero los ríos que no se navegan, son como si no existieran.

Siglo XVI

En menos de doscientos años, los españoles recorrieron “con prodigiosa rapidez”, los 24 millones de kilómetros cuadrados. El Imperio español, en esta parte del continente, abarcaba 13 millones de km2: lo que representa el 19% de las tierras emergidas del planeta. “Sólo la Suramérica española cubría un área de casi 9 millones de km2, en contraste con los 824.000 km. De las trece colonias de la Norteamérica británica” (Elliot, 485)

Ciclos de fundación de ciudades: 1) 1519-1530; 2) 1530-1550; 3) 1550-1700. En 1593, uno de los primeros pobladores de esas ciudades escribió: “fundamos una ciudad/ si es ciudad cuatro corrales”. En 31 años (1519-1550) ese despliegue alcanzó su mayor intensidad.

La mayor parte de las ciudades históricas del actual territorio argentino se cubrió en el lapso de 40 años. Durante el siglo XVI, los españoles fundaron 25 ciudades en el actual territorio argentino. De ellas, sólo 15 logró sobrevivir”.

Salta, se fundó con la idea de poblar para afianzas una red de pequeños centros que facilitaran la vinculación del Alto Perú (Potosí), Lima y el Norte de Chile.
Esto permitiría un tráfico comercial: abastecer de mercancía importadas de España; facilitar la circulación de mulas y géneros entre esos centros, “abriendo puertas a la tierra”, mediante la navegación de los ríos interiores hacia el Río de la Plata.


Primacía del Pacífico. Puerto de El Callao, junto a Panamá era el nudo de relaciones con España. Ventajas de Lima: Desde su gran puerto podía ser un gran centro de distribución con el respaldo de su ligazón con los caminos incaicos paralelos a la costa –de Norte a Sur- y por la penetración desde Cuzco al Alto Perú. Circuito mercantil, de circulación. Complementado por un sistema de “distribución a base de recuas de mulas que permitía llegar a zonas interiores, desde el Norte al Sur del Perú. De Lima a Charcas, “desde donde llegaban los metales al Pacífico”.

1545: Descubrimiento del Cerro Rico de Potosí. Montaña de plata. Pendientes abruptas, accesible a animales de tiro. Meseta desolada, fría y ventosa. Totalmente desprovista de recursos agrícolas, salvo papas. Potosí reunió a 160.00 0 habitantes.

1545: Potosí está a dos meses y medio de camino a Lima. A dos meses de Huancavelica.

A 500 kilómetros del mar (Arica, desde allí al puerto del Callao) y a 2.400 km. De Buenos Aires y el Alántico, cuyo puerto no llega navío alguno. A 580 km., de Salta. (718 km. por ruta)

1545: En una primera etapa en Potosí se utilizan las vetas más ricas. Los minerales son tratados al horno (la “guaira”) atizados por fuelles de boca. Luego se mejora con el sistema del horno, inventado por un sevillano.

1559: Aplicación de la amalgama de mercurio en México

1562. Extracción de azogue en el Perú.

1562: Se fundó la Casa de la Moneda.

1560.1570: Fase de depresión de la producción. Las vetas principales se agotan.

1572: Visita del Virrey Francisco de Toledo. Se inicia una nueva etapa. Toledo preconiza la amalgama de mercurio que permite utilizar minerales pobres, organiza la mina de mercurio de Huancavelica e instaura la “mita”.

1570-1572: Aplicación de la amalgama de mercurio en el Perú. Se inicia el envío regular de azogue de Huancavelica a Potosí. “Recuas de mulas transportaban el azogue indispensable para la amalgama”.

1572: Hasta ese año se obtenía metales por fundición.

1573: Comienza la obtención por azogue. 1720: la mina cesó por peste y falta de mano de obra.

1737: Se renovaron los trabajos en mayor escala, “reduciéndose el quinto a diezmo”. Todos bajan de los cerros a los ingenios “en carneros de la tierra, que cargan de 5 a 6 arrobas.

“En los dos últimos decenios del siglo XVI se produce un diluvio de plata. En solo 20 años (1580-1600) se obtiene más plata que en los 80 años anteriores.

1574: La producción de plata en Potosí se multiplica por 8: de 193.000 pesos (1574) pasa a 862.00 pesos (1582)

1566: Juan de Matienzo. Plan para fundar Salta

1767: Se comenzó a acuñar.

1569 – 1581: Francisco de Toledo, Virrey del Perú.

1580: Desde ese año la plata juega un papel principal, dice Pierre Vilar.

1580-1600: Llegada de la mayor cantidad de plata a Sevilla. La plata se convirtió el símbolo de enriquecimiento.

1581: Lerma al Rey Felipe II: “Esta Gobernación es llave de todas estas provincias y está en medio de ellas, y es el paso para los reinos del Perú, así que es necesario que tenga un puerto a la mar para más fácil despacho dentro de sus terrenos y no debajo de otro gobierno”.

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