"Jekyll & Hyde”, entre los mejores musicales de la última década

Melania Lenoir, Juan Rodó, Raúl Lavié y Eluney Zalazar sobresalen en la voz como nunca se vio antes a nivel teatral. En el caso de Juan Rodó, se trata de “la obra”, aquella que lo consagra y lo ubica en la cumbre con su mejor labor artística; en idéntico plano Melania Lenoir, quien ha realizado uno de los trabajos más exigentes a nivel vocálico de entre los musicales. Jueves 29 de junio, hs. 22 en el Teatro del Huerto (Salta): ovación total.

“Aprendí a reconocer la completa y primitiva dualidad del hombre; me di cuenta de que, de las dos naturalezas que luchaban en el campo de batalla de mi conciencia, aun cuando podía decirse con razón que yo era cualquiera de las dos, ello se debía únicamente a que era radicalmente ambas.” En "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, de Robert Louis Stevenson

Alguien debiera decirle a cada una de las personas que habitan en este suelo que no pueden irse de este mundo sin haber visto esta versión argentina de la novela de Stevenson, situada en Inglaterra a finales del siglo XIX. Originalmente concebida para escenario por Frank Wildhorn (Ganador de Grammys) y Steve Cuden, incluye música de Wildhorn, libro de Leslie Bricusse y letras de Wildhorn, Bricusse y Cuden; “Jekyll & Hyde” ha sido realizada por el mundo entero en múltiples puestas.

La obra arranca con frecuentes escenas musicales grupales -un poco largas en principio-, con un elenco que se completa con Luis Podestá (Sir Danvers Carew), Sebastián Vitale (Simón Stride), Emiliano Fegger (Obispo de Basingstoke), Lucas Arbues (Sir Archivald Proops), Patricio Witis (General Lord Glossop), Marcos Gorosito (Spider), Karina Barda (Nellie), Pilar Muerza (Guinevere), Bruno Pedicone (Lord Savage) y Juan Ignacio Bianchi (Poole); con dirección vocal de Rodó; dirección musical y coral de Damián Mahler; coreografía de Mariano Botindari; diseño de vestuario Vanesa Abramovich; escenografía de Silvana Ovsejevich; producción de Andrés Cipitria, Julieta Kalik, Jorge Lockett, Marcelo Lombardo y Daniel Vercelli; y la dirección general de Sergio Lombardo.

El prestigioso Dr. Jekyll en la piel del inigualable Juan Rodó, tiene un invento en mente. Ama a Emma Carew, interpretada por la joven Eluney Zalazar, personaje de tierna frescura, exótica belleza, exquisita delicadeza y gran altura artística. Pero la ambición del científico se manifesta rápidamente y elige ser artífice de un experimento que lo llevará a la muerte, frente a la inquietud de que el hombre es dos cosas, dos naturalezas en sí mismo, dos opuestos en un mismo cuerpo. Emma, toda luz, perderá contacto con su enamorado y comenzará a sufrir sus ausencias, aún y pese a las advertencias de su padre quien duda de que Jekyll sea un buen candidato para su hija.

En el paso hacia el infierno, aparece la figura de la mujer demonio, encarnada por la increíble Melania Lenoir, quien interpreta a Lucy Harris, una prostituta explotada que debe “pagar” con su trabajo al dueño de un burdel.

Hyde, interpretado por la otra parte de un Rodó brutal y enérgico, ese criminal deforme y cruel, monstruoso y villano, se apasiona con Lucy y cual dios de la oscuridad, saca a relucir su costado perverso con ella, a quien somete a sus más bajos instintos. En el burdel, dos prostitutas encarnadas por Pilar Muerza y Karina Barda, son parte de una atmósfera lúgubre; las artistas lucen sigilosas su talento.

John Utterson, un correcto Raúl Lavié, abogado amigo de Jekyll y aprisionado en la siniestra historia, acompaña episódicamente al Doctor y juega un decisivo rol hacia el final de la obra.

Cinco crímenes horrendos ocurren en un Londres "tomado". El hombre encorvado por su joroba anda en las calles esparciendo la sangre de sus víctimas. Jekyll pierde el control sobre él.

Un monstruo atrapado en la piel de un hombre, un hombre monstruo, será la fantástica dualidad que permitirá a Juan Rodó posicionarse en la cima de su carrera profesional. El aria “Confrontación”, será de entre las históricas escenas que sobrevivirán incluso, al naufragio de los teatros vacíos. Es, de entre las escenas, “la escena”. En ella Rodó despliega sus dotes, pone su carnadura vocálica y actoral al servicio de una de las creaciones más impactantes jamás vistas en una obra. Es el doble de lo imposible. El juego más perfecto, el momento de la migración de Hyde hacia Jekyll y viceversa. El enfrentamiento entre el bien y el mal. La armonía y el equilibrio de la naturaleza humana y demoníaca.

Esta imagen alucinante e irrepetible en sí misma, es la síntesis de una obra que perdurará y que, aún pasados los lustros, será recordada por su maestría.

Coreografía, vestuario, escenografía, puesta: una conjunción armónica de una obra estupenda, de calidad artística y asombrosas actuaciones.

Verdaderamente impresionante.

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