"La Cordillera": dos películas y un trasfondo político actual

No recomendaría a nadie este film por varias razones: es para espectadores inteligentes, tiene un ritmo lento, no hay acción salvo la que se desenvuelve internamente, es cine argentino al que pocos están acostumbrados, mezcla la psicología y la política y aparentemente, Ricardo Darín emula a Mauricio Macri. Entonces, que cada cual se haga cargo de querer o no querer ir a verla.

Dirigida por Santiago Mitre -antes “El estudiante” (bien pensada y realizada con un bajísimo presupuesto) y “La patota" (esta última muy politizada también, y muy conveniente, un planteo poco racional)- esta película tiene dos historias que luego se entrecruzan: la de un presidente y la de un hombre común.

El argumento se desarrolla en torno a una cumbre latinoamericana que se dará en el país trasandino por un lado; por el otro, a los conflictos padre-hija en un vínculo que desatará más de una conjetura.

Paulina García, quien ganó el Oso de Plata a mejor actriz en el Festival de Cine de Berlín 2013 por "Gloria", de Sebastián Lelio, la misma que se lució como la madre de Pablo Escobar en la serie "Narcos", en Netflix; interpreta a la mandataria chilena en esta cumbre en donde se juega la participación de los países en una economía común, de industrias nacionales sin la intromisión de empresas privadas con intereses extranjeros. Elena Anaya, la española de “La piel que habito”, es la periodista con excelente performance que entrevista de manera exclusiva a los presidentes que asisten a la cumbre en Chile. Por cierto que “La Cordillera” hace pensar en algo épico, e inmediatamente cargamos o semantizamos el nombre del film y establecemos interrelaciones por ejemplo con el padre de la Patria, San Martín. También se nos representa un muro elevado, difícil de sortear y que obstaculiza de algún modo a quien pretenda superarlo. La Cordillera no es solo un marco, indica un límite, quizá entre el hombre común y el hombre poderoso. Es esa intersección o espacio de transición, inevitablemente ha de ocurrir una transformación.

Gerardo Romano, quien odiaría mi comentario, hace de una especie de Marcos Peña del Presidente. Es un muy acertado y preciso Castex, el jefe de Gabinete. Palabras mayores para Érica Rivas, Luisa, la mano derecha de Hernán Blanco (Ricardo Darín).

Comentarios aparte para Dolores Fonzi, la hija, Marina; y Ricardo Darín, el Presidente. Fonzi es cautivapantallas, innegable porte estelar de una actriz con presencia fílmica. Especial para el drama. Darín, uno de los mejores actores argentinos, vuelve a apelar a su talento, esta vez para componer a dos hombres en uno: el humilde, el bueno, el simple, el hombre común que llega a ser Presidente; y el otro, el que negocia, el que fabula, el que decide la vida de los demás, el que es cambiado por el poder. Blanco, su apellido, es la paradoja del film, es aquello que representa todos los atributos de un “buen hombre”, un hombre puro, sin tapujos, sin historia, sin corrupción. El espectador es puesto contra la pared: ¿le creés a él o a Marina? Al final, la verdad queda entredicha, depende de cada espectador saber interpretarla; el final es abierto pero está definido. Abierto porque espera la respuesta del público. Hay que decir que el actor en varios tramos hace los gestos de Mauricio Macri.

La periodista que entrevista a Hernán, se sorprende cuando este cita a Marx para hablar del hombre común. Santiago Mitre, dijo en una nota: “Con Mariano Llinás (co guionista de La cordillera), siempre pensamos en una película que va mutando”. Definitivamente sí. Es más, está basada en la concepción de Karl Marx: la idea de que el hombre no es algo definitivo, de que es materia susceptible de movilidad y capaz de evolucionar, de que se construye a sí mismo en relación con lo social. Finalmente, la idea de que el hombre debe transformar la realidad.

Y en esta mutación, ese hombre “blando” al cual muchos subestimaban, se reúne de manera secreta con un funcionario de los EEUU (Cristian Slater) para decidir los destinos de América. Con respecto a cierta referencia a Macri, creo que hay un guiño al espectador cuando llega el Presidente a la reunión y afirma que no necesita traducción y sabe el idioma. Si bien se adopta como referente, Macri no es un personaje del film, aunque asociarlo con él, no puede esquivarse de ninguna manera. En esta parte se plantea un dilema ético: aceptar lo que pretende EEUU porque de todas maneras ese país logrará su objetivo o rechazar y ser digno.

Vemos claramente un universo de simulación – plano de la subjetividad- que se capta con una mirada atenta sobre el film, que contó con una gran producción, la misma que tuvo participación en El clan y Relatos salvajes.

La escena sobre sexo entre Darín y una funcionaria es un desliz de la película. Es lo único agitado de “La Cordillera” y me parece que no estuvo bien manejado. No era necesario ver al Presidente en esas lides, sino más bien dejárselo a la imaginación. Si bien esa escena cobra sentido en una charla entre padre e hija, en su momento fue como atentar contra el pudor. La escena de la hipnosis tras la trágica decisión de Marina, madre de mellizos y separada del marido quien se dio el lujo de amenazar a la gestión del padre, nos traslada a un plano onírico, alucinógeno, surrealista. Lo que se muestra está cargado de símbolos. Es necesario descifrar mínimamente algunas señales. Por ahí la intención sobrecargada de dramatismo del “médico” exageró las connotaciones. Los silencios, dijeron más que tanto rebusque.

Por último, no soy de las que se preguntan ¿"Darín Presidente"? Porque lo prefiero 100% actor.

Impresionante fotografía. Intrigas que sacuden permanentemente. Excelente elenco. “Cine arriesgado” en palabras de Mitre. Cine para reflexionar, parafraseando a Darín. Todos condimentos para ser una película de calidad. No recomendable.

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