La práctica del Crossdressing llegó a Salta con “Casa Valentina”

Pareciera que los buenos textos dramatúrgicos tienen éxito a nivel global. Porque de Broadway a Salta hay Américas de diferencia. Si vamos por el idioma, tampoco es el mismo y a los que se han convertido en una gran empresa de la “versión”, Fernando Masllorens y Federico González Del Pino, les debemos el acento de la obra y la calidad del mensaje; mientras que el tono, a su director. Los versionadores y el director hacen un gran trabajo al “bajar” el texto, pero sin actores de alto vuelo interpretativo, la obra carece de vida y, en este caso, de la espectacularidad que logra esta fusión a la que hay que agregar el condimento Faroni, productor de obras comerciales.

El Teatro del Huerto agotó localidades de la obra “Casa Valentina” en las dos funciones realizadas anoche. De casi dos horas de duración, la apuesta consiste en mostrarnos a siete crossdresser (hombres que visten de mujer más allá de sus tendencias sexuales) de diversas personalidades encarnados por José María Muscari, Pepe Novoa, Boy Olmi, Mario Pasik, Diego Ramos, Roly Serrano y Fabián Vena. El elenco se completa con Cristina Alberó y Paula Morales. Creo que la mejor actuación es la de Diego Ramos, que interpreta a Gloria y logra ser una “mujer bonita” como se llama a sí misma su parte femenina; pero no deja de ser un varón de cuerpo escultural, desde su costado masculino. Esta ambigüedad provoca un alto impacto en el desarrollo de su personaje, tan perturbador por lo atractivo como subyugante; y tan transgresor por lo extraño como provocador.

Resulta injusto señalar a un artista como el mejor, porque fueron de autónoma brillantez las actuaciones de Fabián Vena (Georgina) en primer término y de Mario Pasik (la anfitriona y dueña de la casa) en segundo, hombres de teatro y de notables composiciones; seguidas por las de Roly Serrano (Gogó), Pepe Novoa (Marga) y Boy Olmi (Pupe), actores de trazos impecables en sus correspondientes interpretaciones.

Con respecto a Cristina Alberó (Rita), si bien es correcto su trabajo, su personaje no conlleva grandes despliegues interpretativos excepto por la escena final, que no deja de estar en un mismo plano con una escalada leve en lo intenso del drama moral de la protagonista. La entrada de Paula Morales (la hija del Juez) a la escena es muy corta, pero efectiva.

Y dejo para el final a Muscari. Me parece sumamente ambicioso, en un tipo de obra con tanta resonancia, que Muscari además, actúe. Como director tiene potentes aciertos, sobre todo en el manejo de pasajes fuertes con un lenguaje de alto voltaje; saca provecho de la temática y logra “visibilizar” una práctica desconocida para algunos, incomprendida para otros, pero marginal y rechazada en la misma línea en que son rechazados los gays o los homosexuales. La espectacularización de lo raro es lo mejor y más logrado, aspira a tener un “gancho” comercial, como el elenco de lujo propuesto, es decir que, por donde se mire, hay mucho de éxito asegurado de antemano. Y luego, en detalles que no hacen perder la esencia de lo mostrado, podemos criticar la música y la salida hacia “lo actual” del cuadro de época que pretende ser del año 1962. Como actor, es una prolongación de sí mismo, al menos en este personaje de Miranda que no se diferencia mucho de Lucas.

La obra original fue escrita por Harvey Fierstein, militante por los derechos de los homosexuales. No es un dato irrelevante. Hay, de manera subrepticia, un guiño hacia la aceptación de la homosexualidad, aunque Georgina (Fabián Vena) se tire en contra y los llame pervertidos. El cruce entre Valentina (Mario Pasik) y Gloria (Diego Ramos) funciona como el debate actual sobre las elecciones sexuales de los hombres. La villanía ejercida por Georgina es necesaria para aclarar los tantos acerca de una práctica no convencional, clandestina y polémica, que pretende dejar aclarado que un crossdresser no es necesariamente gay. Pero lo llamativo es cómo, estos hombres que serían mal vistos por sus entornos sociales reales ante sus femeninas aficiones de sentirse mujer y vestirse como tal, excluyen a otros considerándose ellos como los mejores raros dentro de ese universo de “anormalidad”.

Muscari, como el resto, no puede desprenderse del prejuicio actual que atenta contra estas prácticas o situaciones en las que los hombres son cuestionados por dejar aflorar su parte femenina y desde este punto de vista, se prevé la necesaria construcción crítica posterior con su correspondiente comprensión de “lo raro” que en realidad no sucederá, tal y como lo entiende el Juez, Pupe, encarnado por Boy Olmi. Lo cómico se torna dramático, ya que los roles ejercidos en “Casa Valentina” hacen peligrar la vida de varones que mantienen en el “afuera”.

La seriedad compositiva de los intérpretes de la comedia eleva la obra a la excelencia y la temática es bien novedosa. Lo político queda esbozado y la contundencia del lenguaje y las acciones la colocan como una apuesta desafiante en todos sus niveles. Sumamente atractiva.

- Fotos tomadas por Salta 21

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