Las distintas caras de una dictadura

A finales del Siglo XIX, Friederich Engels resumía con magistral visión de futuro la disyuntiva social de la época, afirmando que “La sociedad capitalista se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresión a la barbarie”

En los inicios del siglo siguiente y bajo el seudónimo Junius, desde la prisión que exaltaba aún más su libertad, Rosa LUXEMBURGO reiteraba el concepto bajo el grito de paz que trascendiera hasta hoy: “Civilización o Barbarie”.

Desde la teoría clásica sociológica, fundamentalmente de la mano de Karl MARX, y complementado por los aportes de Émile DURKEIM y Max WEBER, se acuñaron los conceptos básicos que concluyen en la fatal causalidad de la historia: no hay humanismo posible sin socialismo.

Desde las usinas desinformadoras del capitalismo controlante, los medios masivos de comunicación, afectando inclusive hasta los estamentos universitarios en el País, la difusión de las ideas es sesgada y parcial. A quien escribe le exigieron como estudiante conocer al dedillo a WEBER y en el mismo programa de la materia, MARX no figuraba.

La censura que en tiempos de la dictadura era explícita y se manifestaba con actos expresos de prohibición, en la actualidad se lleva delante de manera solapada e implícita, pero esta estrategia no es menos efectiva, sino por el contrario, es una línea mucho más sutil e inadvertida.

La conformación de un pensamiento casi único por la cartelización y casi monopolización de los medios televisivos y radiales que tocan la misma partitura, genera menos resistencia en los desprevenidos ciudadanos.

Los actos de arbitrariedad y persecución en los tiempos castrenses, generaban y hacían sentir antipatías y resistencias ante las torpes arbitrariedades militares, pero en cambio hoy, la opinión pública manipulada responde a coro las frases impuestas como verdades absolutas por el oficialismo gobernante.

Por este efecto comunicacional diagramado el actual presidente de los argentinos, puede darse el dique de afirmar que, o son ellos o se viene el caos; que no hay otro camino, que las corridas cambiarias las generan los presos desde Ezeiza o que el FMI está empecinado en ayudarnos, y hasta groserías aún peores que estas.

Y este trabajo diario y constante de la administración neoliberal, es apoyado sistemáticamente por el resto de los poderes del Estado, cooptados impúdicamente por el poder político y financiero, llevándolos a un nivel de degradación nunca visto.

Un ejemplo claro de esto lo constituye el actuar burlesco, teatral y ridículo del juez Claudio BONADÍO, que ha pasado todos los límites de la desvergüenza judicial, obrando más como mozo de mano de una harto incompetente ministra de seguridad, que como magistrado de la Nación.

Sus inconductas que deberían generar indignación en el ciudadano medio, son actitudes rayanas con el ridículo, pero ese mismo ciudadano en vez de reprochar ese desmanejo brutal de la institución Poder Judicial, todavía sigue apegado a las muletillas de “se robaron todo” o “se robaron un PBI”, cuando los despropósitos de este Juez podrían sortear el juicio de valor del más modesto estudiante de derecho.

Otro aspecto ocultado armónicamente por ese aparato montado para desinformar a todos nosotros, lo constituye la existencia paralela de presos por causas de corrupción sin condena firme porque fueron funcionarios del gobierno anterior.

Pero al mismo tiempo hay funcionarios del actual gobierno procesados por los mismos delitos, que el presidente protege discrecionalmente para que estén en libertad, con el irrebatible argumento de que: ¡todavía no hay una sentencia firme!

La corrupción es un estigma de cualquier gestión, y sin ningún lugar a dudas hay que combatirla por todos los medios posibles, con una sola y única excepción, cual es, respetando en todos los casos las garantías procesales de orden constitucional.

En el frente Cambiemos este concepto es avasallado a diario, por personajes como BONADIO –entre otros- que son la imagen misma, concreta y lamentablemente real y vigente, de la pérdida de los derechos básicos de la Carta Magna, por el sólo delito de no pertenecer al oficialismo.

En la época de la dictadura Videlista, se suspendieron por un bando militar las garantías constitucionales, y los jueces de todos los estamentos debieron jurar por el instrumento llamado “Acta del 24 de Marzo”, lo que constituyó una vergüenza mayúscula.

Hoy no hay una norma escrita que haya derogado los mismos derechos fundamentales, pero en la práctica, depende para los ciudadanos de la pertenencia o simpatía con el frente gobernante, para que esos derechos se respeten o no se respeten.

La diferencia es tan sutil como peligrosa, porque el cercenamiento de las garantías civiles bajo el imperio de las armas, fue un estado de cosas que se combatió, y se venció, con, organización y resistencia legitimada para recuperar libertades esenciales.

Hoy en cambio, oponerse a este drama que nos cercena las mismas libertades, inmediatamente califica al que también legítimamente reclama por el restablecimiento del Estado de derecho, el mote de desestabilizador, golpista, o socio del club del helicóptero, y el corrupto aparato represivo del Estado con la complicidad de la familia judicial, se pone inmediatamente en acción.

Por ejemplo el miércoles 19 de septiembre de 2018 en la localidad de Campo Quijano en la Provincia de Salta, durante el improvisado acto oficial para el que arribó Mauricio MACRI casi en secreto para evitar protestas, por la sola orden de la custodia personal del presidente se detuvo a cuatro personas por el delito de protestar.

Para que no queden dudas de la arbitrariedad de la privación de la libertad de estos ciudadanos, la policía del lugar informó que el arresto fue por una supuesta contravención de incitación a una pueblada –aseguro que no es una broma de mal gusto sino una triste realidad- y semejante atropello no movió un solo pelo del fiscal de turno.

Las dictaduras, como se puede apreciar claramente, pueden tener muchas y distintas caras posibles, y las del mercado no son las menos peligrosas, ni menos genocidas que las otras.

El capitalismo que impone hoy el macrismo gobernante en Argentina responde al arquetipo perfecto de dictadura de mercados, y con ese sistema no hay posibilidad de humanismo alguno.

Para ello habrá que buscar otro modelo. O sea…

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