“Le prenón”, entre lo que se es y lo que se quiere aparentar

Catalogada como una Comedia, me resulta mejor pensarla como una Comedia Dramática ya que por el contenido, se puede decir que contiene momentos de dramatismo como de humor en igualdad de dosis. Anoche y con una sala casi repleta, la obra subió a los escenarios del Teatro del Huerto con un buen arranque gracias a la gran introducción del actor Esteban Pérez, quien interpreta a un parisino de clase acomodada, egoísta y aparentador, un hombre moderno de la clase burguesa.

"Todos los eudemonistas son, por ende, egoístas prácticos. Al egoísmo sólo puede oponérsele el pluralismo, esto es, aquel modo de pensar que consiste en no considerarse ni conducirse como encerrando en el propio sí mismo el mundo entero, sino como un simple ciudadano del mundo." Immanuel Kant

Particularmente, me resulta un texto difícil de "interpretar" teatralmente ya que se trata de diálogos/discursos álgidos con alusiones literarias y filosóficas que ilustran ciertos temas, lo que requiere de un espectador atento, no tan acostumbrado al show o al menos, alguien dispuesto a seguir el conflicto de los personajes. Un humor francés, una discusión francesa y una crítica a la burguesía francesa que muchas veces, por cambiar de nación, se intentan universalizar como algo que les pasa a todos… Solo que esta vez, la atmósfera no es precisamente semejante a la nuestra. Hay un tipo de mentalidad que subyace en las conversaciones que no se puede reproducir para “aquí”. Pierre, no deja de ser Pierre, es decir, un francés al que el actor David Masajnik, trata de “porteñizar”, pero no fue pensada así. Entonces, esta mestización dramática, se complica.

En este sentido, hay un buen trabajo de dirección con Arturo Puig y Selva Alemán. La versión de F. Masllorens y F. González del Pino seguramente los puso en apuros. Porque si bien te “mandan” (dramatúrgicamente) a leer un libro de Kant-entre otros-, en forma indirecta a través de Pierre a Vincent, también se cuelan expresiones porteñas del tipo “conchuda”, por lo que vi una suerte de “Muscarización” en el lenguaje, es decir, algo que trabaja Muscari para deshacer el lirismo trágico por ejemplo en “La Casa de Bernarda Alba”. Entre los burgueses de clase media alta, “pelotuda” te remonta a otra tipificación, otra jerarquía, otro nivel social. Lo mismo que “metéte en el orto pelotudo…” Me da Buenos Aires lisa y llanamente, en un nivel social chato. Es una opinión personal. Quizá tiene que ver con el juego de apariencias que despliegan los personajes: Mercedes Funes como “Babucela”, Delia Elnecáve como Anna, Esteban Prol es Claude, Esteban Pérez, Vincent y David Masajnik, Pierre. En este juego de apariencias, quienes intentan ser educados, de cierta fineza, intelectuales y cultos, terminan por parecerse a lo más vulgar y mal educado de la sociedad.

Babú está casada con Pierre, un matrimonio casi agotado, en el que parecen estar juntos por los chicos; pero donde el culto es él y ella es la damisela de los quehaceres de la casa; Vincent, hermano de Babú, es la pareja de Anna, una exitosa empresaria de la moda ahora embarazada; y Claude (Cló), un músico de orquesta que toca el trombón, quien se guarda el mayor de los secretos que saldrá a la luz a partir de “El nombre” (Le prenóm) que Vincent dijo que le pondría a su hijo.

Las costumbres sociales sólo dibujaban máscaras y proyectaban sombras deformantes. Esto es lo mejor de la Comedia dramática. Lo que la eleva por encima del resto de los detalles digamos…lingüísticos. Este círculo, muestra que hicieron de su vida una función para que los demás vean y juzguen; pero esta noche, en un encuentro con cena “marroquí”, esas máscaras caerán y se develarán ciertas miserias humanas.

La mujer, destinada a la mediocridad y sostén doméstico hogareño, esconde tal secreto, que descubrimos la enorme falsedad de un Pierre que se robó el talento de su esposa, sin escrúpulos. Al mismo tiempo, la figura femenina cobra otro sentido y otro valor social, ya que esta mujer no era una simple cocinera “de sociedad” sino la más capaz en un matrimonio donde reina como doméstica. Gran trabajo de Mercedes Funes. En el mismo nivel, los reclamos de Anna/Delia Elnecáve a su esposo cuando ella se desilusiona por los pensamientos retrógrados de Vincent, reubican lo femenino en el plano de la necesaria rebeldía para salvar la dignidad. Muy buen trabajo interpretativo.

Otro gran tema son los prejuicios. Interesante el “as” en la manga de Cló, muy bien llevado por Esteban Prol. Solo que el dúo de escritores Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patellière, eligieron para este personaje una salida más humorística.

En el dueto entre Vincent/Esteban Pérez y Pierre/ David Masajnik, aparece el tono más profundo del dramatismo. La avaricia versus el egocentrismo. Un truco y retruco entre los protagonistas y muy buenos trabajos actorales. Pérez, en mi opinión, es un puntal de toda la obra.

El nombre es un disparador de conflictos. Un bebé que iba a llamarse como “el gran Dictador” solo que sería otro. Es un interesante juego de significaciones por el parecido y lo diferente, por lo que se quiere ver pero no es, que en definitiva entronca con el resto de las situaciones en las que nada es lo que parece.

El nombre es identidad, es ser y es parecer, como los tópicos que atraviesan la obra.

Cuando el telón “cae”, ya no son los mismos. Nosotros tampoco.

- Foto tomada por Salta 21

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