Los desencuentros con Proust

...me surge que podría ventilar algo de Proust o de cómo fue mi encuentro con él.

Soy un tipo “… desagradablemente sentimental …”

Borges Acevedo, Jorge Francisco Isidoro Luis (entrevista difundida en https://www.youtube.com/watch?v=uY-0z1tYnwE, por la conmemoración de los treinta años del fallecimiento del escritor)

La abuela … (era consumida) por la inquietud permanente, que es un … amor que dura toda la vida(; por) el amor por su nieto …”

Louis George Eugène Marcel Proust

El ocaso del libro torna posible y comprensible, la existencia del libro. (La novela de Marcel) está concebida de tal manera, que su fin genera su inicio”

Jackie Elyah Derrida

En Proust siempre hay sol, hay luz, hay matices, hay sentido, hay alegría de vivir”

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo

Se
agotan
las
tardes
en
un
palpitar
de
sones,
mientras
cae
el
silencio
y
se
aproxima
la
noche,
pausada
en
horas
perdidas* (https://www.youtube.com/watch?v=oL2NmbBPEAs)

* 26 de Junio de 2016, 18, 30 hs.
Poema redactado en la calidez del invierno de la selva, a treinta grados, en compañía de un argentino que ofrece vinos en la calle y que latía en Comodoro Rivadavia, en mi lejana Patagonia, cuando a sus 17 peleaba el sustento, vendiendo ropa interior a las prostitutas que consolaban a los ypefianos del lugar.

Bebíamos esa tarde, aguardando el partido que la Selección Argentina perdió con Chile, acunados en la esperanza, acompasada de música del ayer (https://www.youtube.com/watch?v=E1tOV7y94DY), destinando al viento una que otra observación, como aquella que sostuvo al decir que, como tenemos los ojos en la cara y no en la espalda, hay que ver hacia adelante y no a lo que fue, porque en el futuro pueden aguardarnos únicamente, buenas noticias, a causa de que lo malo queda atrás, en el pasado, donde no es conveniente mirar.

Estas modestas variaciones proustianas, que son más breves que las glosas laberínticas a “Karell”, no podrían ser sino de psicosis melancólica, como las presentaciones de las tapas de los libros, en las que se relata una escueta biografía del autor, a manera de un casi epitafio, adornado de polvo de estrellas.

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En uno que otro espacio, deslicé que me era imposible enunciar algo de determinados autores a los que estimo, como Derrida, Borges o Marcel, sin que la empresa me deshaga (https://www.youtube.com/watch?v=3I_fWtEYE5A).

Hace tiempo, me vi en la situación de tener que explicar lo mínimo referido a Jackie y a la par que intentaba hablar de Derrida, camino de Humahuaca, de lo que entiendo que Jackie cincelaba, se me aguaba la voz, hasta el punto de no poder terminar de hablar de él. Mi madre de entonces, se arrepintió de haberme solicitado que le diera un panorama acerca de las siluetas de Eliahou y mi amigo Carlos Balmaceda, me indagó por los motivos de aquellos misterios.

En otra ocasión, años después de esa experiencia, otra mujer, en unos departamentos del Barrio Leopoldo Lugones de Salta capital, provincia de Salta, me pidió lo mismo y apenas pude decir lo que me fue plausible articular sobre Derrida. Tanto así, que al recordar lo que me obligo a confesar hoy, se me cuela una que otra lágrima (https://www.youtube.com/watch?v=Omv3ozIT4jM). Y es que con los pensadores que mencioné, me acercan determinadas cascadas o sendas, de manera que al hablar de ellos, no puedo esquivar la impresión de estar glosando sentimientos profundos…

No obstante, me surge que podría ventilar algo de Proust o de cómo fue mi encuentro con él.

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La primera noticia que tuve de Eugène, me vino de Deleuze*.
Comentando que estaba leyendo la obra en cuestión, alguien me preguntó si había consultado la novela de Marcel, tal cual un extranjero me había interrogado si había leído a Marx. Como mi respuesta fue que no, aquella persona me prestó el tomo I de En busca del tiempo perdido.

Esa iniciación, no fue promisoria; creí que, como alguien lo había dicho, un libro en el que se consumían cuarenta páginas para describir cómo el durmiente se movía de un lado a otro de la cama, no era interesante para gastar las horas. Abandoné a Proust y me concentré en aquellos dolores que ocasionaron que en una tarde, al borde del crepúsculo, mi hermana Noemí me hallara entristecido, gimiendo sobre una mesa pobre de una casa pobre, en el precario domicilio donde existía mi abuela, mientras leía otras obras de Louis René y Miseria de la Filosofía (https://www.youtube.com/watch?v=gKvRmYB41EY). Fue la época en la que descubrí a Silvio Rodríguez (https://www.youtube.com/watch?v=nhC13xxkjFA).

Algunos de esos dolores, sazonados de penas, se transparentaron en uno de los capítulos de mi Tesina de Licenciatura, bajo el aspecto de cuestionamientos, preguntas que condujeron a decir a la ex Profesora Myriam Corbacho, integrante del Tribunal que evaluó mi Tesina, que aquellos interrogantes eran conmovedores. Una de las tantas inquietudes era por qué nos esmeramos en ser esclavos y en mutilar la vida, asesinando a los otros con nuestras pequeñeces (https://www.youtube.com/watch?v=wfYuoLHHQcQ).

* Deleuze, Louis René Gilles: Proust y los signos, Editorial Anagrama, Barcelona, 1972.

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Transcurrió el mundo (https://www.youtube.com/watch?v=XVP5VrcjpCY). Poco a poco, me fui consustanciando con Jackie Elyah, en la asignatura Metafísica, a cargo del Doctor Rodríguez Piñeiro, por quien, tal cual lo esparcí en otro contexto, solicité un “Doctorado Honoris Causa” ante el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, Salta capital, provincia de Salta, como lo hice con el ex Profesor Jorge Lovisolo y con el periodista Sergio Poma, sin resultados favorables y con la acusación gratuita de haber deseado utilizar esos nombres en mi beneficio.

Comencé a meditar alrededor de la naturaleza del tiempo y hacia 1998, en una asignatura sobre la Semiótica, me vi en la obligación de ahondar en el asunto del tiempo, a través de lo que se pincelaba en la novela acerca de Combray (https://www.youtube.com/watch?v=kb8bGEiW1k4).

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Retrospectivamente, imagino que sólo a mis treinta años había adquirido la madurez impostergable para abordar una obra como la de Marcel.

Cada uno de los volúmenes de la novela, fue leído con suma atención, tal que cada tomo me insumió un año, a partir de 1999.

Recorrer la obra de Proust, fue rememorar lo que ya había acumulado en mi memoria, en mi cuerpo y en mi frágil alma, durante todas esas décadas (https://www.youtube.com/watch?v=9pZrKGTBJXk). Por ejemplo, al leer el volumen I de Marcel, venía a mí aquella infancia de viento, frío, soledad, televisión, mates de abuela con galletasdulcedeleche, silencio, madrugadas para ir a la escuela, de ese barrio periférico cuyo nombre es “Villa Mitre”, barrio que se asocia con los amores secretos de los primeros ciclos lectivos.

Los otros tomos, me traían el aroma de las muchachas en flor a las que había aguardado en la ribera de mi corazón, sin ser necesariamente correspondido (https://www.youtube.com/watch?v=bqsO38l1JKg).

En simultáneo, en la lectura parsimoniosa de las mil y una noches que es En busca del tiempo perdido o las intermitencias del alma, se colaban melodías que sanaron las cicatrices de mi espíritu, aunque a veces, muchas veces, las abrieran con sus letras (https://www.youtube.com/watch?v=YvnFh3Lywjg).

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Se me presentó en algún instante, la idea de realizar una pesquisa alrededor de Marcel y comencé a transponer en borrador, los enunciados y las isotopías que podían ordenar, como en “Karell”, la escritura potente de Proust. Fue entonces que, al sumergirme en los universos de Marcel, me di cuenta que no podría concretar eso jamás, a causa de que lo que leía en Proust, era poner negro sobre blanco, lo que había respirado, de cerca o de lejos, de modo tácito o explícito, de forma directa o indirecta, de manera voluntaria o involuntaria. Y es que, a pesar que la auto objetivación que esgrime Bourdieu y de la que suelo abusar en mis producciones, sirva para manifestarnos como investigadores, no se reflexiona en torno de lo que nos es cercano o íntimo, sino que se piensa alrededor de lo que puede neutralizarse con lo que se califica de distante y objetivo.

Tampoco siento que una Tesis Doctoral sobre Marcel pudiera estar a la altura de lo literario que pulsa en él; es altamente factible que cualquier reflexión en torno a Proust, quede por debajo de Marcel, con lo que la pesquisa no estaría al nivel de lo que investiga. Siendo que las palabras no podrían ser tan hermosas como lo a indagar, es mejor permitir el silencio discreto de lo que no puede codificarse en sobreliteratura. Porque una pesquisa alrededor de lo literario en Proust, demandaría que se hiciera literatura de esa literatura; exigiría una sobreliteratura, de la que me percibo incapaz.

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Y sin embargo, aun con esas limitaciones, no puedo sino volver a decir que Marcel es lo más excelso que haya suscitado la especie humana como especie, en el ámbito de lo literario.

Cuando mi amigo Agustín Bensi estaba en el mundo, en mis universos, me preguntó si creía que Proust era el más grandioso escritor de todas las edades. En 1998, cuando Agustín me interrogó de esta suerte, no tenía cómo responder eso a causa de que no había disfrutado de Marcel. En el momento en que me encontré en condiciones de ofrecer mi opinión, no tuve ocasión de comunicárselo y luego, él murió, sin ni siquiera haber podido estar en su funeral.

Años después, cuando mis hijos tuvieron edad para criticarme y deconstruirme, les sugerí que intentaran leer a Proust; que era una de las novelas que los enriquecerían y que los ayudarían a cultivar los recuerdos para que, con el tiempo, recibieran del pasado atesorado, sus memorias en azul. Ignoro si lo hicieron o si acumularon lo que les dije emocionado, como cuando Ben le entrega a Luke el sable laser de Anakin para que aprenda cómo ser luz para los demás, sin incrementar la oscuridad y lo espantoso.

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Y como para responder acerca de las sinrazones de esos desvaríos, contesto, ahora que soy un “joven” con pasado y que viene del pasado, que lo que disparó estas líneas olvidables, fue saber que Jennychen, una de las hijas de Marx, combatió precisamente, para que irlandeses encarcelados en las prisiones horrorosas de Londres, fuesen liberados; para que algo de luz, se colara en este mundo de temor, temblor y terror (https://www.youtube.com/watch?v=4Tk371rH4Gs). No es otra cosa lo que gestan los libros, esas balsas de náufragos para náufragos (https://www.youtube.com/watch?v=Dxx3VYKe9aE), sean obras de Marcel o no. Aproximan un poco de endeble luz, para que haya mañana, mañana, presente en el hoy y futuro para el futuro… Y para que esperemos al azar, a la dicha de lo imprevisible (https://www.youtube.com/watch?v=se6akxRN74k).