Mala intención

Todos los pasos (acciones) del Macrismo son determinados por una aceitada estrategia de limar la lucha popular desde la acción individual, con el claro propósito que desde un discurso Presidencial, “pretendidamente” inofensivo, cause estragos en la salud mental colectiva. Por ej. La supuesta innecesaridad de la ciencia/la liviandad sobre la soberanía territorial / El gasto inútil en la Educación pública que atienda a adolescentes sujetos a líneas de marginación /los tarifazos siderales con la intención de enloquecer a los usuarios y, así sucesivamente, enmarcados en una extrema minimización de la función del Estado en la protección de las condiciones sociales de atención básicas.

El perfil de “bobo” de la figura presidencial, con sus torpezas para leer en la Asamblea legislativa o en discursos circunstanciales frente a trabajadores o vecinos, no condice con la precisión que toma para deteriorar las condiciones de vida del habitante común. Todo reglado en “malas intenciones” dirigidas a calar en la irritación del ciudadano de a píe. Lo que se ve, en la superficie, es el inconmensurable sufrimiento poblacional, a la vez del goce subrepticio de la acción del poder, una verdadera tarea de desgaste de la tolerancia de los que la padecen. Todos los desmañes presidenciales están, previamente, calculados para destrozar la psique colectiva, todo en un objetivo progresivo perverso de enloquecimiento del ciudadano.

La mentira a la orden del día

Este gobierno centra sus objetivos morbosos en el floreo ilimitado de la Mentira de su gestión, cual verdaderos mitómanos profesionales de la Administración de gobierno, a la vez que se regocijan con el padecimiento extremo de sus dirigidos. Esta tendencia o inclinación patológica a fabular o transformar la realidad y explicarla como una narración esperable, delata que el gobierno la cultiva como un género discursivo en los que no les tiembla un rasgo mínimo de su semblante facial, como si estuvieran probando hasta dónde pueden extenderse. Por supuesto, que en este momento el parámetro de su credibilidad es bajo, sólo sostenido en sus numerosos operadores mediáticos y judiciales

Este fabuloso invento de los logros “invisibles” es posible por la sincronía lubricada de todos los poderes a su servicio, premiados con pagos extras en un guión único, coreado al unísono por la Administración ejecutiva-Los legisladores afines (incluidos legisladores peronistas traidores a la causa popular)- los operadores mediáticos comprados a sus servicios y una planta importante del poder judicial cooptada a su servicio. Habría que agregar (sin temores) el aparato de espionaje desenmascarado a la luz de los hechos, que inventaba (descaradamente) causas para facilitar la prisión de opositores de la anterior gestión. Todos hechos revelados y comprobados en estos meses.

Mitomanía y perversión

La Mitomanía tiene variadas acepciones: tanto una declaración realizada por algunos (Estado actual) falsa esperando que la crean/ como ocultar la realidad en forma parcial o total para faltar a la verdad con intención de engañar/ como una acción y efecto de decir algo diferente a la verdad. para implicar un engaño intencionado y consciente. La mentira en acción se llama hipocresía-cinismo. Los mentirosos patológicos, mienten con mucha facilidad, ya sea por conveniencia, o por una absoluta y cínica falta de respeto a la verdad y perjuicio hacia terceros, ahí se encuentran los economistas liberales, los banqueros fraudulentos (F.M.I.), algunos abogados y la mayoría de los políticos de nuestro país.

La mitomanía, se puede definir como el hábito de mentir constantemente, esta patología se trata de una tendencia del carácter de la persona a mentir y a crear situaciones inventadas o simuladas. Lo que busca una persona mitómana es siempre obtener algún beneficio (en este caso para su grupo de poder). El mitómano es un individuo inestable, que se sugestiona y que generalmente actúa con falsedad. Aunque al comienzo la simulación o la mentira son un hecho consciente, luego se verá a sí mismo como parte de su juego (son los típicos lapsus freudianos). Dicho en otras palabras: acaba creyéndose sus propias mentiras (la teoría del único camino). Sin embargo la caída en su propia falsedad es una convicción frágil y por lo tanto siempre reversible, a través de la movilización y lucha popular (como en esto tiempos macristas) se puede revertir un estado social de injusticia.

La mitomanía perversa se caracteriza por agresividad y daño a otros como: Difamación, denuncias, falsas acusaciones, falsos atentados, cartas anónimas entre otras. El actual Estado argentino se jacta (gozosamente) del certero daño que provoca a la clase trabajadora y a la clase pasiva, usando una cantidad inusual de modalidades (en la perplejidad de los habitantes) propios de las tácticas de persuasión en tiempos bélicos, que ellos llaman globalmente: La Grieta, fenómeno que es nada más y nada menos que la lucha de clases. En definitiva, el macrismo ha sumido al país en un manto de odios generalizados e instalados mediáticamente, que ha llevado a sus ciudadanos a un enfrentamiento enconado, más de las veces desconocido por sus propios actores. Se discute “furiosamente” sin saber tener argumentaciones precisas.

La esperanza popular

Es recuperar el Estado de Bienestar, o sea, aquél que se ocupe de las necesidades básicas de sus ciudadanos: Educación-Salud y Bienestar general. Así de simple, ya que el Estado no puede eludir sus funciones, aunque ofusque a la burguesía real o fantaseada. Los discapacitados no pueden quedar librados a su suerte/Tiene que haber planes de viviendas o préstamos para tales fines/Tiene haber la construcción de Escuelas públicas-Universidades públicas/Tiene que haber protección y recursos para la ciencia local autónoma/Tiene que haber planificación rural y urbana y, un sinfín de objetivos mayores para un país con todas las condiciones para ser grande y no sujetado a intereses rapiñosos y de corto alcance.

La última palabra la tienen los propios ciudadanos y la grandeza de sus dirigentes para encauzar esta estatura histórica.

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