No sé para qué volviste… si Cultura ya empezaba a olvidar…

En la vida hay tres tipos de sujetos: los que rompen pero hacen, los que hacen y no rompen y los que rompen y no hacen nada. No hay quién no se queje del regresante, del volviente, del inoportuno, del infortunio, del ofensivo, del petulante, del discordante, del entrante, del Infierno del Dante, del inoperante.

Y no puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pero el poeta tenía razón: volvieron las oscuras golondrinas en tus balcones sus nidos a colgar.

Se armó el revuelo. Pero qué caprichoso es este oso. Cómo puede confundir la danza clásica con la salsa y no precisamente criolla. “A llorar a la cruz”- diría pa’ sus adentros. “Aquí mando yo”- tipo Adolfito. Mientras el coro (no precisamente el de Lhez) responde: “mande Ud”. Pero “calle Ud.” ¿Y quién corno habla? No será, creo, ninguno de la sinfónica.

Y Mariano, que no era Moreno, se habrá pelado la frente buscando la Ley para hacerlo entrar en razón. “Tiene Ud. razón”- terminó por decir. Hecha la Ley hecha la trampa y no precisamente para ratones.

¿Quién va a entrar? El de la corte que no es el consorte pero es del club, que no es el 20 pero sí el 21, y no es Salta ni Salta 21. Es suclub.

¿Quién va a salir? Ella que no es la rubia Mireya, la misma que sacó un pañuelo casi al borde del anzuelo para despedirse del reguero que no era precisamente de pólvora.

En suclub, el reino no es del revés sino del entremés. Siempre está el jardinero y un par de bufones que entretienen al que en realidad siempre reía y no podía llorar. “Salgan porquerías”- les decía y “¡a mis plantas a regar!”. En suclub el jardinero tiene el cargo máximo, luego están los podadores que a la sociedad traen sinsabores. Y tercero está el sopero.

Por la noche cenan corzuelas que no es lo mismo que zarzuelas, la diferencia son dos zetas que cada sota gasta en zapatos de Zaragoza. No son gallegos ni ballenos pero se van llenos. Suclub los importa y los exporta, sólo hay que saber servir bien la sopa.

Al sopero que no era sojero ni Olmedo, lo calzarán en lugar de ella que no era la más bella pero sabía su oficio aunque a todos les dio por el reverendo orificio tamaño acomodo que de otro modo no sería posible ni audible. Mucho menos sugerible, ni sugestionable, tampoco amigable. Por pura convención de suclub, nomás.

Aquí me pongo a cantar al compás de la gran queja que nada despeja pues parece que ser diestro es tanto o más siniestro que ser consorte sin método, sin regla y con picardía, sólo por mera osadía de servir bien la sopa. El crédito señores, radica en calzar bien los zapatos de este señor garabato, que no pinta muñequitos en un papelito sino que fabrica papelitos para sus muñequitos.

Feliz adivinanza.