Panorama desde el tren

Complaciendo un antojo de la Sra. Nora proyectamos un viaje en tren con el fino propósito de satisfacer sus nostalgias infantiles.

Para ello, Nora, rememoraba (frecuentemente) su niñez de protocolar saludo a los pasajeros del Tren Tucumán-Bs.As., corriendo a la par de las formaciones con el brazo flameando en despedida de los que partían hacia la metrópoli con sus ilusiones a cuesta. En el medio recordaba sus viajes con la abuela Uva hacia la sombría provincia del Chaco. Se mezclaban desde entonces las depredaciones que los ingleses, despiadadamente, saqueaban nuestro caucho y lo ponían, frenéticamente, en los barcos rumbo a la península. Historia de despojos consecutivos y negociados de la Oligarquía nacional, total el interior profundo estuvo siempre desarmado.

Pero estamos en el hoy de dos adultos mayores con añoranzas de la tierna infancia, en donde se cultivaba el correr al tren para despedir a sus pasajeros de tránsito hacia el gran Buenos Aires. Más temprano que tarde, Nora, gestionó los dos pasajes, en principio en camarote y el regreso en Pulman. Dos antítesis del mismo recorrido, ya que viajar en camarote, resultó una paquetería de adinerados de estas formaciones. Propio de los coquetos, nadie en estos cubículos hizo intento de acercamiento con sus vecinos. Aproveché mi encierro para hacer la gimnasia de lectura, curiosamente, sobre narcisismo, o sea, practicar a la autoestima encerrado en ese aposento. En definitiva, el viaje de ida, fue un medirse con el abolengo de cada cual e imaginar quién la tenía más larga en esto de aparentar una supuesta posición.

Cuando los rieles mandan

Razones técnicas nos llevaron a colegir que en realidad las eternas horas del viaje ferroviario, obedece a la sencilla razón de que los rieles, pasando Rosario, no son los mejores y estas vías lentifican el rodado. Sería como los pozos en las rutas automovilísticas (por ej. en Pampa de los Guanacos o el Infiernillo). Bueno, pero en la ida me sorprendió una localidad “Charcos” que despertó mi hilaridad porque en su placita (al borde de las vías) cohabitaban chanchos-gallinas- un apetitoso cabrito y hasta pastaba un manso caballo. Esta escena se repetiría en las siguientes localidades, ejemplo mayor de lo que es la convivencia entre diferentes seres vivientes de este planeta. Animales-motos-bicicletas e incluso uno que otro auto, convivían pacíficamente. Aún más, el pasar del tren no los inmutaba y ningún de los circunstanciales moradores, hacían ademán por saludar al tren, en un extremo de indiferencia.

Cuando llegamos a La Banda, cambió el espectáculo y sus pobladores, se precipitaban detrás de unas represivas rejas, gritando desaforados para que los viajeros le compren:

“Gasten, no sean Miserables…”aludiendo a la mezquindad de los consumidores. No soy aficionado a los “rosquetes” “tortillas al rescoldo” “empanadas de carne y de pollo” y “empanadillas de cayote y batata”, de manera que me sentí aludido, no así Nora, que apareció con un gigantesco rosquete que compartió con otros pasajeros. Después de la Banda se precipitaron las sombras del atardecer, anunciando la noche y el descanso obligado en ese sector del tren.

Otra cosa es con guitarra

El pulman ya es una invitación a compartir como si el fruncimiento de la ida ya no tuviera cabida y se cruzan las solidaridades, al punto que Nora elogió un mate cebado por quien bautizara como la “Lolita Torres“ del vagó. Enseguida la pareja hippy del furgón desplegó el repertorio del Indio -De Vicentico-Maná-De los piojos-callejeros, que Nora coreaba como si fuera de su rango generacional, pero daba a entender que no le eran ajenos (me consta desde el dulce Hogar) Yo, como buen fanfarrón, no me iba a achicar y calentando la garganta en silencio, largué mis boleros “súper-románticos”: Sabor a mí-Contigo en la distancia y como broche de oro le dediqué al santiagueño Tadeo: “A mi manera” que me sale dos paso menos que Sinatra y Yo lo reconozco.

Nora, no quiso ser menos y como despedida a Tadeo le entonó “Coplas Andinas” y una sevillana con castañuelas y todo. A la hora de la despedida, hubo un pico de emocionalidad y a más de uno se la escapó un lagrimón. Otra demostración de que el pulman, a veces, hace llorar. Son muchas horas encerrados en el vehículo.

Los ranchos de lata

El tren está pegado a la miseria y nos muestra el infortunio de los sectores más pobres de la sociedad. Saliendo de Tucumán-entrando en Bs. As. Pero sobre todo, en Km y Km del Gran Rosario, la pobreza golpea la vista. Nora, dijo algo atinado: -“Habría que traer al Intendente que recorra estos lateríos, pero eso será imposible porque estos burócratas, optan por los viajes aéreos, que les evita todo este pobrerío…” Hubo un solo asentir del vagón como si hubiera hablado un Apóstol.

Otro tanto de menor repercusión es la asistencia al comedor. La gente viaja provista de sus tapper con comida varia y evita el gasto en ese coche especial, que Yo sacaba su jugo, eligiéndolo de salón de lectura, en una consumición mínima. Para el menú de almuerzo y cena se jugaban pocos comensales; aun así cuando regresaba de mis lecturas, los compañeros del vagón me acercaban sus invitaciones. ¡Vamos! Que la solidaridad Argentina está muy presente en los viajes en tren. Eso solo invita a elegirlo como medio de transporte.

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