Peirce en sus laberintos –I

... la interrogación en lid es una pregunta similar a la de ¿por qué ser normal?, lo que deriva en para no estar insanos, lo cual nos conduce de pleno al Foucault de la Historia de la locura...

“Siempre se produce la violencia de un signo que nos obliga a buscar, que nos arrebata la paz” Gilles Louis René Deleuze *

En
los desiertos
que
son
los días;
en
las
eternidades
que son
los
segundos;
en las
asperezas
que
bordean
las soledades;
en
las
noches
que
se acumulan;
en
los
atardeceres
que renacen,
vamos
hacia
lo
incierto

En una nota precedente (ir a http://salta21.com/Cuatro-articulos-del-joven-Charles-Sanders-Peirce.html), apostillamos cuatro artículos del estudioso norteamericano. En la ocasión, continuamos con su trayectoria, glosando tres trabajos de una juventud que ya estaba dando paso a lo que convencionalmente se evalúa de edad adulta, encontrando a un Charles casado con “Zia” Fay Peirce, quien será una de las primeras mujeres en luchar para que sus congéneres no sean paridoras pagadas con pan, al decir de un Silvio oxidado.

No obstante, el comentario en escena aparecerá modulado en dos partes, dada la complejidad de la sección vinculada con Aristóteles, siendo lo que tipeamos acá, la primera parte.

* Deleuze, Gilles Louis René (1995) Proust y los signos. Barcelona, Editorial Anagrama, S. A., 25

“La definición de la Lógica” (1865)

El traductor informa que es una de las once conferencias que impartió Sanders en Harvard y es el primer artículo que comentaremos.

a. Principia con un “conteggio” de algunas posturas frente a la Lógica, mencionando a Francis Bacon y a otros, para afirmar que la disciplina en la tarima es imprescindible.

b. Realiza una presentación de cómo desplegará el tema y concluye que su debate se orientará a establecer una Lógica de la Ciencia.

En uno de los ítems que imagina desarrollar, confiesa que prefiere la teoría de la inducción de Aristóteles.

c. Estipula que alrededor de la Lógica, hubo dos enormes posicionamientos. En uno, se decía que era algo psicológico o humano; en el otro, se enarbola que no.

d. De las tendencias que no evalúan que la disciplina en juego sea algo
psicológico, Charles desempolva la opinión de Hobbes que sentencia que la Lógica se afana con lo computable, lo que es decididamente sorprendente, ya que la intuición se aproxima al versátil Alan Mathison Turing.

e. Elogia la definición de Kant, quien establece que la Lógica es la ciencia de la forma pura del raciocinio.

f. Adelanta que él, Sanders, sopesará a la Lógica fuera de cualquier consideración psicologista.

g. Dice que una de las pruebas de que la Lógica no es un fenómeno psicológico, es que un silogismo puede ser verdadero o falso, independientemente de un sujeto o Yo que perciba tal proposición, e independientemente de la materia que integra el silogismo [la materia que compone la proposición es un Eso relativo que se distingue de la Sustancia o del Eso absoluto (cf. http://www.unav.es/gep/Peirce-esp.html)].
h. En medio de sus polémicas, Charles se pregunta por qué debiéramos ser lógicos, cuestión que es esencial y que Sanders no interpreta que es subjetivista. Peirce arriba a un asunto que no debiera ser psicologista, meditando de forma subjetivista.

Por otro lado, si así se concede, la interrogación en lid es una pregunta similar a la de ¿por qué ser normal?, lo que deriva en para no estar insanos, lo cual nos conduce de pleno al Foucault de la Historia de la locura (ir a https://fisyp.org.ar/media/uploads/regular_files/foucault9.pdf).

i. Como fuere, la respuesta que Sanders da es psicologista, por cuanto enuncia que hay que ser lógicos, a causa de que se quiere que los razonamientos no sean impugnables.

j. Peirce enumera algunas de las ventajas de la perspectiva no subjetivista con respecto a la psicologista, aunque lo sigue haciendo desde el psicologismo.

En lo que señalamos se manifiesta una de las paradojas de la fundamentación no subjetivista de la Lógica, que radica en que esa cimentación tiene que pasar por tramos psicologistas, aporía que impactó también en Husserl.

k. Sanders dice que la Aritmética existió previo a que se haya enumerado y antes que cualquier mente haya existido.

La Aritmética es una “Noción a priori”, una Idea Arquetípica.

l. Observamos aquí, uno de los inconvenientes de la línea no subjetivista de apuntalamiento de la Lógica, en virtud de que esa perspectiva se ve empujada al extremo absurdo de delirar que hay conceptos que son independientes de cualquier ente vivo y que algo del estilo de la Aritmética, es previo a todo lo que pudiera haber.

Aparentemente, el universo no está escrito en clave matemática, tal que cualquier probable civilización interestelar, pudiera coincidir con la intelección matemática, aritmética de esa minúscula roca que es el planeta y que es la matemática de una etnia peculiar, siendo una etnomatemática y no La Matemática, sin más.

m. Charles ofrece por primera vez, en el latir suave de este palimpsesto, su definición de “Logica”, sentenciando que es la ciencia de las representaciones, aunque no de todas las representaciones (no está de más indicar que en Peirce se cuela casi en bloque la Filosofía y la Metafísica de la Representación).

Piensa que insisten distintas clases de representaciones.

Dentro de las representaciones que son los signos, contamos con la semejanza entre el signo y su objeto, tal que es una copia.

Tenemos lo que un signo denota.

Contamos por igual, con los símbolos.

A posteriori de lo precedente, Sanders se atarea con el concepto de signo en Locke.
De lo que cavila, destila que tres son las representaciones –copia, signo denotado, símbolo– y que la Logica se ocuparía de los símbolos.

Bien mirado el tema, adelanta Peirce, la ciencia que se afana con los símbolos es la Semiótica, por lo que habría que restringir todavía más la definición de Lógica (en los hojaldres que se editaron hasta el presente, se observa que emerge por primera vez, el término “Semiótica” –esa pulsión inútil por anotar detalles ínfimos e íntimos, es el resultado de un amor de cartógrafo por los meandros de aquellos accidentes orográficos del lenguaje que son los textos y su geografía abandonada).

n. Charles dice que hay que regresar al asunto del símbolo, para determinar que posee tres tipos de vínculos.

Un símbolo dado tiene una relación con el Logos, que es la Pura Idea o el Yo gramatical.

Posee un nexo con una Consciencia que elucubra o con un Tú abstracto.
Tiene un enlace con el Objeto o con su Ello (se podría hacer confluir esa apreciación con el Psicoanálisis, después de limar, en una tarea incansable, lo que habita de Filosofía y Metafísica de la Conciencia, del Logos, de lo Racional, de la Copia, del Original, de la Representación, de lo Normal, etc. –en el Ello freudiano encuentra su espacio el objeto de deseo).

Si un símbolo está descoyuntado con respecto a la Idea Pura que representa, a la Consciencia que medita y al Objeto al que alude, son suscitados el sinsentido, el absurdo y el equívoco.

o. A través de una serie de ejemplos, muestra la inadecuación que se gesta en el símbolo y así, llega a una sentencia auto incluyente clásica, típica de Gödel: esta proposición es falsa.

Razona como Kurt, para sostener que si es verdadera, es falsa, y si es falsa, es verdadera, por lo que en el fondo, los términos de “verdadero”, falso, no pueden aplicarse a oraciones afiebradas, recursivas, de esa índole.

p. Peirce aisló el caso de una proposición autoincluyente y el ejemplo de una oración recursiva de la que no puede predicarse si es verdadera o falsa, sin extraer las gigantescas consecuencias de lo explicitado. A pesar de ello, es bastante notable lo conseguido por Sanders.

De lo que enuncia luego el nacido en Massachusetts, se puede delinear que si se acotara que la Lógica es la ciencia para lo verdadero, la Lógica debería lidiar con situaciones como la de proposiciones sin valor de verdad (otro aserto muy agudo –pero es así, dado que la Logica, si anhela conservarse tal, tiene que aceptar que existen oraciones carentes de valor de verdad o indecidibles, de acuerdo a Gödel).

q. Lo que Charles pondera un defecto en la definición de la Lógica, es en realidad una sana limitación de ella, necesaria para que se mantenga lógica.

r. Pierce ofrece una acotación nueva de Lógica, cincelando que es la ciencia de los símbolos que pueden vincularse con sus objetos, para excluir los ejemplos de asertos sin valor de verdad o sin su objeto, en la concepción de Sanders.

s. La disciplina que se afana con los símbolos en sentido amplio es la Silogística, la cual puede considerarse una Retórica Universal, en tanto se ocupa de las condiciones para que los símbolos sean comprensibles.

Ahora, enfocaremos el otro palimpsesto de transición hacia el triadismo semiósico, zurciendo imágenes que premien los ojos cansados por la edad

“Lección sobre Kant” (1865)

1. Es la séptima charla que Peirce imparte en Harvard.

2. Comienza afirmando que hay un vínculo entre la validez de la inferencia, que es una de las cuestiones de Logica de la ciencia, y la exactitud de las nociones de causa, “sustancia” y necesidad, que es uno de los asuntos nucleares en la Metafísica.

3. Reseña que la categoría de “causa” fue muy discutida y uno de los que sentó una postura fue Kant. De ahí que haya que estudiarlo, a pesar que él, Charles, quiera conservarse apartado de la tentación de incurrir en metafísica, y aun cuando anhele no sufrir las ensoñaciones cálidas que nos provee una buena Metafísica, esa que cuida del mal de la lucidez y que asegura un mañana para el alumbramiento de conceptos.

4. Dice que cualquiera que desee el poder filosófico, tiene que ubicar algún error en Immanuel.

Es pues, estimulante la idea de que en un ámbito como el de la filosofía, exista un poder específico a ese campo, por el cual se batalla en pos de la aceptación de los pares. Así, no se lee a Kant sino que se busca descuartizarlo.

En el curso de la defensa de Immanuel, Sanders releva la circunstancia de que existen quienes evalúan que el lenguaje esotérico de Kant es el indicio de una loca mente, pero Charles retruca esgrimiendo que un desquiciado no podría haber suscitado efectos perdurables en la historia del pensamiento [uno no puede sino inquietarse por las motivaciones que inducen a Peirce a aludir al insano, en un razonamiento que aspira a ser no loco y que desestima las consecuencias que intelectuales desquiciados tuvieron en la historia, tales como Lucrecio, entre otros (por lo demás, el lenguaje de Immanuel es una jerga y está plagada de mitemas, chiflademas, obsesionemas, etc. –cf. http://www.salta21.com/Las-Cartas-persas-como-anticipo.html)].

5. Ingresando en la cuestión, Sanders gubia que la Crítica de la Razón Pura cuenta con dos significativas metas.

La primera es señalar que ideas como la de “causa”, son válidas hasta cierto punto y que no lo son a partir de determinada frontera.

El otro objetivo es el de socavar nuestras nociones acerca de la libertad, del hombre, entre otras ideas, por lo que Kant asoma, en palabras de De Quincey, como una “… desolación vandálica para los esquemas … de la Filosofía …”

6. En virtud de que Immanuel es una crítica demoledora contra el dogmatismo, Kant sirve para entrenarnos en desmantelar el dogmatismo practicado en la esfera de las ciencias, dogmatismo científico que posee ribetes cuasi religiosos.

Ese dogmatismo es el que titila en el Positivismo y en los positivistas.

7. Después de criticar a Comte como una nulidad, algo que concretó Marx en su correspondencia…, Charles alude a que el centro del libro de Immanuel es la Lógica Trascendental, la cual se divide en la Analítica y en la Dialéctica, y la Analítica consta de la “Analítica de los conceptos” y de la “Analítica de los juicios”.

Por otro lado, dice que en la “Introducción”, Kant diferencia entre pensamiento a priori y a posteriori.

8. Lo “a priori” son como axiomas innatos sin los cuales no se puede meditar. No dependen de la experiencia, sino que son condiciones para interpretar la experiencia.

En simultáneo, hay juicios analíticos a priori, los que se emplean tácitamente para estudiar lo concreto; tal es la noción de “causalidad”.

Por lo demás, existen juicios sintéticos a priori.

9. Para nosotros y acodándonos en Kurt Gödel, lo que Immanuel exagera y bautiza de “a priori”, son categorías que no pueden definirse y que es impostergable suponerlas, o son palabras del lenguaje natural que no pueden eliminarse de un lenguaje formal, que tampoco pueden acotarse y que es inevitable usar, como la idea de causalidad, categoría con la que es necesario empero cuidarse muchísimo, para no embarcarse en el Paradigma de la Simplicidad.

Una situación homóloga es la que sucede con el término “es”, palabra del lenguaje natural que es ineliminable de cualquier lenguaje formal y que detenta resonancias que la conectan con las Metafísicas del Ser.

10. Luego, Peirce tratará las nociones de espacio y de “tiempo”, al interior de la Estética Trascendental.

Sanders recuerda que las ideas de “espacio” y de tiempo son universales, y que únicamente, hay un espacio y un tiempo.

11. Por la Relatividad General, las antiguas entidades aisladas de espacio y tiempo son un “continuum minkowskiano” de espacio/tiempo liso, en la escala interplanetaria e intergaláctica, pero en el nivel micro, el espacio parece ser una esponja burbujeante de dimensiones y lo mismo acontece con el tiempo (por su parte, la Termodinámica de los tiempos múltiples, opera con “n valencias” de tiempo, de manera que no existen ni un sólo tipo de espacio ni una clase única de tiempo).

12. Charles considera que espacio y tiempo, aun cuando son conceptos a priori, son objetivos y opina que hubo tiempo en el pasado y que seguirá existiendo el tiempo en el futuro.

En nuestras pesquisas alrededor de Heinrich, establecimos que hay una historia del tiempo, debido a que el tiempo, idénticamente a la economía, a la propiedad privada, al valor de cambio, al Estado, posee una historia, no siempre estuvo, contó con una génesis y es factible que podamos emanciparnos de una manera radical de la temporalidad, a pesar que el régimen contemporáneo de tiempo, no permita visualizar cómo podría ser lo que explicitamos –entre otros escritos, ir a http://salta21.com/Termodinamica-o-Termodinamicas.html.

13. Después, Peirce trae a colación la taxonomía de Immanuel de los juicios en, f. e., aseverativos, problemáticos o apodícticos, clasificación que es más amplia y que eludiremos trasladar acá, para no aburrir al lector.

14. Por el modo en que concluye el artículo glosado, Sanders entiende que la taxonomía kantiana de los juicios está objetada y que la clasificación que parece tener alguna vigencia es la que mencionamos, o sea, la de los juicios aseverativos, problemáticos o apodícticos.

Como quiera que fuese y siempre que se me lo permita, se podría tímidamente anunciar que las noches, los trabajos, las penas, los días, son en ocasiones, aseverativos, en otras encontradas circunstancias, problemáticos y en contadas oportunidades, irrefutables…

- Nota asociada:

http://salta21.com/Cuatro-articulos-del-joven-Charles-Sanders-Peirce.html

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