Todo pasado fue mejor

Nuestros padres y abuelos sabían recurrir a esta sentencia cuando las papas quemaban y había un resto de nostalgia por recuerdos pasados. En realidad hacían alusión al peronismo y a todas sus conquistas sociales que se añoraban como un pasado glorioso y feliz, un pasado que fue de integración y superación de clases, con visible movilidad social.

La clase obrera conoció, por primera vez, los beneficios de gozar vacaciones y múltiples gracias incorporadas como necesarias y posibles. El Estado peronista, contra la resistencia conservadora, estaba para ensanchar los recursos de su economía. La presencia K, después del 2001, fue un reforzado reflejo de esta inspiración peronista, con programas sociales acordes a los tiempos.

”Todo pasado fue mejor” como un permanente latiguillo de aquellos que añoran las épocas pasadas por creerlas mejor que las actuales. Se trata de una postura muy discutible, pues está cargada de una importante subjetividad. Más allá de esa circunstancia, el texto original decía: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Su autor fue el político, militar y escritor español Jorge Manrique (h. 1440-1479). Que incluyó tales palabras en Coplas sobre la Muerte de su Padre, el caballero hispano don Rodrigo Manrique.

La dificultad discursiva

En realidad lo que hoy entorpece la memoria colectiva, es la legitimación de la mentira. El macrismo es un gobierno que tomó a la mentira como una herramienta del discurso diario, teniendo al actual Presidente (y el resto de asesores) como portavoces privilegiados de este “gigantesco” embuste, avalados y amparados por su fenomenal estrategia comunicativa. Hay Medios, absolutamente, al servicio de esta fabulación consensuada del poder, que tienen como soporte cívico, el obstinado rechazo al peronismo (o sea, a la marginación en su amplio espectro). Por supuesto que es un prejuicio arrastrado desde el fondo de nuestra historia, que toma ese perfil de rechazo al “pobre”.

El lenguaje y la lógica empiezan a hacer de las suyas y ésta formidable manipulación se incrusta en el cerebro humano, en donde el juicio se convierte en afirmación: “los sindicalistas hacen políticas""Los docentes son vagos"…, rematando con la conclusión lógica…”No merecen un sueldo digno””La grasa militante”…etc. que va a trasladarse como juicio a todos y cada uno de sus atributos: “todos los peronistas son sucios-feos y malos…” Las consecuencias de la mecánica del lenguaje y de la lógica arrastran al colectivo a una “denigración grupal”: todos los peronistas son negativos o culpables de los daños del país…” por consecuencia son “negros.-feos y malos…” Esto en el campo de la Lingüística se conoce como transpolación categorial. Se resumen todos los atributos en uno unificado.

Una premisa general determina múltiples convicciones subsidiarias a través de una operatoria que sigue más los procedimientos del sofisma que los de la lógica, ya que a partir de un aspecto limitado saca una conclusión general (la identidad global del sujeto) y desde ésta deriva afirmaciones que le sean congruentes. En ellas las representaciones (ideas-imágenes-percepciones) van quedando englobadas en unidades mayores por un juego lógico y paralógico de inclusión de clases. Las palabras con que se piensa la realidad son verdaderos almacenes de significaciones que en su combinación producen efectos de sentido involuntarios.

El discurso macrista

Está soportado en globales mentiras que las asienten sus seguidores, tales como:

- No existen despidos (dónde)
- El panorama se va aclarando (cuál)
- La economía despega (en qué lugar)
- El trabajo se va mejorando (cuándo)
- La inflación bajó (para quién)
- El consumo mejoró

Y así sucesivamente, en su fórmula mágica por conectarse con lo cotidiano. Lo cierto, es que en la percepción colectiva, pocos llegan a fin de mes.

La situación Macrista me recuerda el film de Peter Seller, en que el personaje es un hombre peculiar. Su vida se reduce a cuidar el jardín de la mansión de un hombre adinerado y a ver la televisión el resto del día. Pero, cuando el dueño de la casa muere y el jardinero es despedido, no está preparado para hacer frente al mundo exterior. Tiene, sin embargo, la suerte de conocer a una buena mujer que lo acoge en su casa. Lo paradójico es que, poco a poco, este hombre analfabeto pero extremadamente cortés conseguirá engañar a muchos haciéndoles creer que es un gran político.

Casi calcado con el acertijo Macrista, en que el actual Presidente, la jugó de bobo, pero con un equipo de asesores multitudinario y, hoy, se siente un político experto para desgracia de los argentinos. Lo que sí mantiene (como la mayoría de los conservadores) para mayor desgracia es el desparpajo de un descarado ilustrado. Cambió, abruptamente, de rol, “auto-convenciéndose” de que es un visionario/un estadista y no un despojo de miserias acumuladas, empeñado con sus funcionarios en “dinamitar” los recursos del País. Pero nada es eterno y, despaciosamente, las clases sociales perjudicadas, van integrando sus reclamos y, más temprano que tarde, se reencauzará los estropicios que dejará este Sr. De la Banda presidencial.

Que así sea.

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