Un imponderable casi golpea a todos

De pronto, con la orquesta que no había dejado el escenario, alguien anuncia una inevitable espera porque la solista había extraviado su lente de contacto izquierdo, hecho inesperado, pero posible. Hasta que del domicilio particular de la Sra. Bruno trajeron un lente de reemplazo.

Salta, viernes 25 de noviembre de 2016. Teatro Provincial. Solista: María Fernanda Bruno (piano). Orquesta Sinfónica de Salta. Directora Maestra Yeny Delgado. Obertura de la ópera “La Novia del Zar” (*) de Nicolái Rimski-Korsakov (1844-1908). Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor op. 23 de Piotr Illych Tchaicovsqui (1840-1893). Festejo de María Fernanda Bruno por sus 40 años de pedagogía pianística. (*) Estreno en Salta.

La Novia del Zar es una ópera que en tierra del compositor se escucha muy a menudo, cosa que en occidente no sucede. Cuenta una historia de la segunda mitad del siglo XVI época en la que en Rusia se podían cometer toda clase de atrocidades no solo por parte de Iván El Terrible, el Zar de esos tiempos, sino también por parte de sus seguidores. Tortura, asesinatos, venenos, etc. era cosa diaria. La música se basa en melodías de canciones y danzas populares rusas y el autor, notable compositor de su tiempo y además orquestador imbatible, consigue en pocos minutos presentar los motivos principales de la obra, muy bien interpretados por la orquesta local conducida por una inspirada Yeny Delgado como se verá más adelante.

De pronto, con la orquesta que no había dejado el escenario, alguien anuncia una inevitable espera porque la solista había extraviado su lente de contacto izquierdo, hecho inesperado, pero posible. El accidente ocurrió segundos antes de ingresar al escenario. No es frecuente que el ser humano espere un accidente. La premonición está reservada para aquellos que tienen la facultad de ver más allá de lo normal y corriente. Esto es lo natural. De lo contrario padeceríamos de un ineludible grado de infelicidad que nuestras neuronas luchan por no tener. Muchos participaron del momento intentando ayudar hasta que del domicilio particular de la Sra. Bruno trajeron un lente de reemplazo, aunque no era de las mismas características técnicas del lente perdido. ¿Se podría haber suspendido el concierto? Claro que sí. Todos hubieran comprendido. Pero el grado de responsabilidad de la solista y su innegable valentía hizo que acometiera su labor artística de la mejor manera posible. Además era su celebración, sus 40 años de enseñar, de educar musicalmente a otros.

El primer concierto para piano del romántico Tchaikovsky es pieza de concurso por sus enormes exigencias. Hay ardor, pasión, ansiedad, deseo, generosa entrega, características que son comunes a ese inigualable sentimiento que se llama “amor”. Hay cadencias, música folclórica rusa, particularmente del sur ucraniano. Contiene una conocida melodía que el autor escuchó a un campesino ciego, sinuosos arabescos, frenéticas octavas en el piano. A pesar de lo ocurrido y en medio de una natural inquietud, María Fernanda comenzó con muy buenas escalas iniciales como los “ralentí” de la partitura pero hay que reconocer que solista, orquesta, directora y público no podíamos olvidar los lógicos nervios del accidente previo. La cadenza del primer movimiento tiene notas lentas, notas en el agudo del piano, complicadas escalas, sugerencia del tema principal. Son poco más de tres minutos en los que el tempo fue afectado por el imponderable mencionado. La calma comenzó a llegar con el inicio del segundo movimiento. Los dúos de Bruno con Mariela Tiburcio (flauta), repetido con Andriy Chornyy (violonchelo) y luego con Emilio Lépez (oboe), realmente fueron muy buenos. Y el tercer movimiento daba la sensación que las cosas se habían acomodado. El aplauso impulsó a la solista a entregar una página de uno de sus compositores favoritos, Robert Schumann.

El final es para la conductora. Pocas veces he visto cómo un director puede proteger al accidentado solista. Yeny Delgado cuidó permanentemente que la orquesta sea un fuerte apoyo al piano. En los momentos de los “tutti” la sinfónica no opacó el sonido del instrumento solista; los diálogos entre éste y la orquesta atraparon la atención de la maestra y su contribución fue impecable. En todo momento me aparecía la frase “no te preocupes, ambas saldremos bien de este inesperado trance”. La orquesta mostró su calidad en un concierto que pudo haber sido un mal momento. Felizmente no lo fue.

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