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jueves, enero 21, 2021

Cultura, deseo y decepción

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No hubo, a mi entender, nada demasiado nuevo bajo el sol norteño, nada que no se haya proclamado antes, ampulosamente, en el I Congreso Argentino de Cultura realizado hace dos años en Mar del Plata. Las promesas de “leyes federales” remiten a caminos ya conocidos, a cantos de sirena, a deseo y decepción.

Amigos de Salta 21:

Siempre suelo abrir de par en par este portal, que como otros sitios independientes me permite estar enredado con buena parte de la actividad cultural de nuestra ardua región. Y en esto de “enredarme” (“compartir las redes”, claro) hoy me encuentro, a través de la nota “Cultura y medios, hacia un nuevo paradigma comunicacional” (*), con una visión optimista y celebratoria de un acontecimiento que, a mi juicio y con el debido respeto a quien firma el artículo, fue un Congreso pequeño en su “mirada”, mentiroso en sus “propuestas” y desalentador para una franja significativa de participantes (precisamente la que NO incluye a los funcionarios de primero o de último nivel, a los pinches de lujo de las secretarías de Cultura y al ejército de burócratas y tecnócratas que tuvieron en la hermosa ciudad de Tucumán la oportunidad de vivir un fin de semana bien “viaticado” a puro turismo cultural). No hubo, a mi entender, nada demasiado nuevo bajo el sol norteño, nada que no se haya proclamado antes, ampulosamente, en el I Congreso Argentino de Cultura realizado hace dos años en Mar del Plata. Las promesas de “leyes federales” remiten a caminos ya conocidos, a cantos de sirena, a deseo y decepción.

Debo admitir, por otro lado, que este II Congreso tuvo un costado de grandeza, generosidad e invitación a la esperanza. Fue un gran embudo donde se captó a centenares, miles de gestores y actores culturales de todo el país, que participaron de mesas, foros y exposiciones varias. Que las “conclusiones” de dos días de deliberación (a menudo filtradas por los “moderadores” con más impericia que cálculo político) se conviertan en políticas culturales a nivel ministerial, ya es una posibilidad que cada quien puede valorar como más o menos cercana. Hasta donde sabemos por la experiencia, los gobiernos diseñan sus políticas (incluidas las culturales) a partir de necesidades de “caja” y de intereses corporativos y clientelares, y no de las propuestas que les elevan los ciudadanos.

Si hay alguien que cree que este Congreso es una bisagra para empezar a revertir tal situación, respeto la libertad de culto. En todo caso, el mismo sábado en que los foristas redactaban laboriosamente sus reclamos de mayor presupuesto, inclusión y federalismo, los diarios anunciaban que la presidente de la Nación lamentaba no poder construir varios hospitales “por culpa de la caída de la 125”. A no dudarlo: seguro que también caerán en la volteada unas cuantas escuelas, teatros y libros que nunca tendremos.

Lo generoso del Congreso fue, sin duda, el derrame presupuestario que incluyó los mencionados viáticos, las publicaciones lujosas (por aquello de que no sólo hay que “hacer”, sino también “comunicar”), el “merchandising del evento”, el desfile top de intelectuales funcionarios o funcionales (en proporción mayoritaria) y la oportunidad que se brindó a figuras escasamente representativas de la “cultura” para proyectarse política y mediáticamente.

jpg_tedesco_1.jpgBaste decir que la primera dama provincial, la diputada Beatriz Rojkés de Alperovich, aquella que en marzo de 2006 condenó a Tomás Eloy Martínez llamándolo “ex tucumano” por escribir en La Nación que en esta provincia seguía habiendo hambre y miseria, fue la anfitriona en la jornada inaugural, ante las deserciones sucesivas y previsibles de Cristina Fernández, José Nun y José Alperovich. La única personalidad “del palo” en la apertura del Congreso fue la del presidente del Ente Cultural de Tucumán, Mauricio Guzmán, cuyos pergaminos incluyen desde una larga trayectoria como funcionario (de opinable gestión, por cierto) y una “extracción” artística y docente innegable hasta un pasado bussista como “secretario de cultura” de la bestia electa en las urnas, recuerdo que aún resulta indigesto para los principistas irredentos y para algunos kirchneristas pudorosos. Dicen las malas lenguas que Nun buscó eludir la foto junto al “Mefisto” local. Es acaso, una afirmación excesiva. Figuras más cuestionadas y de mayor peso mediático, como Hugo Moyano y los “muchachos” del conurbano bonaerense compartieron acuerdos y flashes con el gobierno nacional y popular.

Lo esperanzador, si bien es discutible, pasa a mi entender por el protagonismo del economista Aldo Ferrer en (nada menos que) la conferencia de apertura en un repleto Teatro San Martín. El problema no es que Ferrer sea aburrido para exponer (son gajes del oficio), sino que repitió las mismas fórmulas, “ideas” y propuestas que ya conocemos de boca de los conspicuos intelectuales que conforman el think tank de Cristina y Néstor (llamados a aprovechar las oportunidades históricas y otras convocatorias más o menos épicas, que son parte del “modelo” de comunicación del actual gobierno). Mi esperanza, pese a todo, como tanguero y amante de la poesía que soy, radica en que si Aldo abrió el Congreso de Cultura, hay más posibilidades de que Horacio, el otro Ferrer famoso, diserte en la inauguración del próximo coloquio de IDEA.

Ministro en vuelo

Quiero compartir, a propósito de paradigmas comunicacionales, un aporte casi anecdótico a la mirada común y múltiple que podremos construir de este Congreso: el ministro de Educación Juan Carlos Tedesco brindó, en uno de los paneles, una larga exposición que duplicó el tiempo estimado y por lo tanto, cerró la posibilidad de interrogar por parte de los asistentes. Cuando el “moderador” anunció que sólo él mismo haría una única pregunta (sic) al ministro y los demás panelistas, ya que el señor Tedesco debía tomar el avión de regreso, estalló una suerte de rebelión de los asistentes apenas contenida por los patovicas culturales de la organización y silenciada por la prensa en general. Lo más suave que se escuchó fueron reclamos como “soy una docente mendocina y ésta es mi única oportunidad de hacerle una pregunta al ministro”, “soy un maestro rural indígena de 30 años de antigüedad y quiero saber por qué el sistema sigue excluyendo y olvidando a nuestros pueblos originarios” o “dígame señor ministro por qué razón concurre a un congreso por dos horas y decide no escuchar a los que lo escucharon a usted”, todo esto mientras el funcionario nacional pedía confusamente disculpas y el elenco de “seguridad” se interponía con fines disuasivos entre panel y público.

Hoy me temo que la vida sigue igual, no sólo para la población en general, sino para la amplia mayoría de los maestros, escritores, periodistas, actores, plásticos, titiriteros, teatristas, videastas y demás oficios de la cultura en Tucumán (muchos de los cuales no fueron ni se sintieron “convocados” a un encuentro con Carta Abierta pero con agenda cerrada, donde no se reflejó la movida independiente local).

Mientras, sospecho que seguimos debiéndonos un debate sobre nosotros mismos y nuestro quehacer cultural, sobre la cultura de mercado y la cooptación estatal, sobre el clientelismo como “cultura” y praxis política, más allá y más acá de congresos tan “participativos” como las elecciones, con similar periodicidad, con parecido “aparato” y con sus mismas listas sábana.

– El autor de la nota es escritor, reside en Tucumán (hacer click en el nombre para ver otro artículo o enviar un correo).

(*) Al artículo de referencia lo retitulamos: Argentinos en estado de animalidad y yugo de la instantaneidad mediática para atraer hacia él a más lectores, y para potenciar la visión crìtica de Giardinelli y Foster moderando de paso el tono celebratorio que objeta en esta nota nuestro amigo tucumano Daniel Aráoz Tapia

– Este es el link a la nota de Julio Haro que originó este interesante artículo de Araoz Tapia:

https://www.salta21.com/spip.php?article1210

Lo que dijo La Gaceta:

http://www.lagaceta.com.ar/nota/296864/LGACETLiteraria/Estuvieron_gestores_perono_hacedores.html

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