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jueves, abril 22, 2021

“Voces blancas” o el suicidio: para no olvidar a Julián

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Un tema con espíritu. En un contexto social donde la muerte se ha llevado esas “Voces blancas”, surge un trabajo teatral comprometido de T´nazas. No hay belleza en la muerte mas sí en los lenguajes de la obra. En la historia de Julián, hay crudeza, desencanto, agonía y presagio. ¿Dónde están Pablo, Juan, Ana y Julián? ¿Quién logrará responder por el futuro desértico de oportunidades?

La voz de la enunciación en esta obra de teatro se quiebra en un mundo de oposiciones: “nosotros y ellos”. Estos mundos, viciados por diez panes para un hijo y ningún pan para el otro, es una imagen que desgarra la conciencia.

Anoche estalló en la sala La Fundación, ese sonido del silencio atroz: el suicidio. Con una imagen de una mujer que abre la escena con su cuerpo erguido en la soledad, invita a los espectadores a formar parte del dolor. María exclama: “bienvenidos al entierro de mi hijo”.

Miriam Díaz, dirigida por Sergio Cancelliere, protagoniza un drama psicológicamente intenso, nos mueve desde la crudeza pero también desde la crítica hacia lo trágico y sin embargo, hay una poética en la obra que nace elegíaca. Una teatralidad armoniosa, jugada desde un ámbito oscuro, complejo, sórdido. La actriz compone cuatro personajes: María, madre de Julián, desposeída, agotada de pena, fría ante la verdad y dolida ante la pérdida de su hijo. Encarna no a una mujer conformista sino a una mujer que presagia: los que contribuyeron a la muerte de Julián pagarán con la misma moneda desde la inevitabilidad de la muerte. Ella, también. Los malditos, personajes antagónicos del discurso, dan la espalda y se llenan de egos.

Aparecen muñecos (que se asemejan a las brujas del poder instaladas en la cultura del quinteto o en la política elitista) que simbolizan las “ratas” o las “víboras” que con su lengua y sus actos mataron de a poco al inocente. María arroja sal sobre ellos, en señal de maldición. Cada uno en la muerte tiene la cara que se merece, es una idea surgida de esta puesta y una frase que siembra Dolores. Miriam Díaz me cuenta que a los muñecos los hizo la artesana Laura González.

“Voces blancas”, lejos de ser un planteo moralista es un problema que conjuga lo filosófico y lo psicológico, lo literario y lo llano, lo mundano y lo divino.

Desde lo filosófico el enigma de la muerte, desde lo psicológico las intrincadas emociones humanas, desde lo literario el lenguaje que da belleza al culto mortuorio; lo llano en la construcción de los personajes pobres y sin futuro que hablan con la sabiduría del desprotegido; lo mundano en tanto se opone a lo divino, pero lo divino que condena al hombre a la injusticia, al padecimiento, a la muerte. La súplica es un juicio contra la falsa oratoria del rezo repetido y vacío que no contenta, no conforma ni complace a la hora del dolor.

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La vida y la muerte se unen entre Dolores y María: la primera lleva al funeral al niño recién nacido, el quinto de sus vanos alumbramientos, todos condenados a morir sin oportunidades, hecho bajo la pobreza. Ella, otro personaje, la aludida y criticada mujer que enamoró a Julián, viene a contar otra verdad sobre el suicidio. El juego con la tela blanca que maneja la actriz, con una escenografía cuyo centro es un ataúd, nos trasladan a un esquema vívido. La emotividad de Ella es intensa por el amor y dura por la resignación; se siente cómplice del suicidio y casi una novia enlutada.

Pero hay sobre todo, un estallido de verdad; “se ha suicidado ante la falta de futuro”.

César, es el tonto, un marginal, un deforme, casi fantasmal, un ser de la oscuridad, del silencio, un mediador entre el espíritu y el cuerpo de los muertos, la voz de los sin voz. Él mismo es un muerto en vida, nadie lo amará, todos lo despreciarán, se asustarán de su rostro deforme y padecerá la injusticia terrena, física y material. Es un ser que aparece entre las últimas puestas. En “El trébol o el sitio perdido” (2003), en “Magdalena, su pasión” (2004) y en esta. “Es la voz de T´nazas”- dice Sergio Cancelliere.

T´nazas apuesta a su propia dramaturgia y rompe con el miedo a hablar sobre el suicidio. En la sociedad se teme enfrentar el dolor, aquí aparece en carne viva, sin rodeos, enriquecido con un lenguaje que arranca la crítica desde lo metonímico, un lirismo que apela en forma directa a la inteligencia emocional.

La relación de la actriz con el espacio escénico, con los objetos y con la dramaturgia le permite crear y dar forma y ritmo a lo que se denomina “texto del actor”, desde una concepción en la que el director, logra la síntesis, la transformación y la teatralidad subjetiva y estética de una obra fuerte. Técnicamente es un reloj suizo, argumentalmente es un todo cohesivo y emotivamente puede romper el cerebro no sin antes desarmar el corazón. La música acompaña el drama y sugiere nuevos sentidos, con signos que se expresan en la actriz.

T´nazas comunica arte, ese ángel y demonio de la culpa y la ceguera, queda en nuestras manos. El muerto, ya no es solamente de María, de una ciudad que se muere cada domingo, que se estanca y se achica. El mismo César, reparte ángeles envueltos de luto. Caminamos con un ángel en las manos, con Julián, y con todos los que como él, forman parte de estas “Voces blancas”.

– Nota: El grupo realiza talleres para niños, espectáculos de sala, espectáculos de calle y talleres para colegios (tel. 4321223)

Esta obra se estrenó anoche, antes se realizaron funciones previas en El Ático.

Página del grupo:

www.tnazasteatro.com.ar

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