Llovía desde la noche anterior. La temperatura era ideal: fresco y no muy frío. Una primavera otoñal en mi Buenos Aires querido. Un taxista misionero hizo lo imposible para que llegara a horario. Por suerte, la lluvia retrasó un poco el evento. Había viajado esa mañana a recibir el premio: ¡no podía llegar tarde! Pero entré al ACA puntualmente: a las 19:30 hs. de un martes diferente en mi vida.