En la sección Policiales del diario El Tribuno se reprodujo información falsa durante la primera semana de mayo de 2010, divulgada por fuentes oficiales y obtenida mediante tortura a detenidos por parte de la policía. Y nada se dice ahora acerca de la responsabilidad de la empresa estatal Aguas del Norte.
Se trata del caso de la adolescente aborigen chorote Evangelina Pisco, muerta tras caer en un pozo que desemboca en las cloacas de la ciudad de Tartagal.
El lunes 3 de mayo, el matutino tituló en tapa que la adolescente había sido degollada y arrojada al basural por parte de unas amigas envidiosas, con la ayuda de un enfermero y un remisero. La mayoría de los siete detenidos eran aborígenes originarios, de la etnia wichí. Durante la semana, los titulares continuaron la misma línea de la misma noticia, agregando datos más escabrosos.
El cacique Indalecio Calermo intervino, luego de entrevistarse con el juez Nelso Aramayo, invocando el derecho constitucional aborigen para evitar lo que se vislumbraba como un enfrentamiento interétnico entre wichís y chorotes.
El sábado 8 de mayo, la información periodística cambió abruptamente. La noticia fue que la adolescente había sido hallada en el fondo de un pozo de cloacas, ahogada, como consecuencia de una caída accidental en una abertura de la empresa Aguas del Norte. Exactamente lo que habían dicho las chicas testigos del accidente, la madrugada del 2 de mayo. Las aborígenes originarias fueron detenidas aquel domingo y, de acuerdo a la policía, habían confesado el homicidio. Luego se comprobó que las confesiones eran falsas, producto de torturas.
En la actualidad, los policías que cometieron los delitos están sancionados dentro de la fuerza y procesados por el juez. Sin embargo, nada se dice acerca de la prensa que reprodujo las informaciones falsas, proporcionadas por la fuerza policial, que fueron la única fuente periodística usada. Hasta el momento, El Tribuno y otros medios que le siguen no han hecho ninguna autocrítica al respecto.
Durante la dictadura que sufrió Argentina, la mayoría de los medios reproducían la información que les daban los militares. De tal modo, los asesinatos y torturas fueron “enfrentamientos”, “respuestas ante la agresión”, “confesiones de arrepentidos”. Sólo para citar un ejemplo, Jorge Fontevecchia, el actual dueño de la editorial Perfil, que entre otras publicaciones edita la revista Perfil, cuando escribía en “La Semana” y “Somos”, publicó que eran mentiras las desapariciones de personas, los centros clandestinos de detención, los robos de bebés, los fusilamientos y todas las atrocidades cometidas por los uniformados de entonces.
Autocrítica de “El País”
En marzo de 2004, José Luis Cebrián, dueño del diario El País de España, asumió públicamente el error de haber informado que el ataque terrorista en Madrid había sido obra de la ETA. El 12 de marzo se supo que el atentado fue ejecutado por el fundamentalismo islámico. Cebrián aclaró, en tono autocrítico, que la información publicada fue debido a la credibilidad que tanto él como Jesús Ceberio, director del diario madrileño, uno de los más creíbles del mundo, le dieron a una fuente considerada inobjetable: el presidente español José María Aznar. Por supuesto, la autocrítica fue obligada por la asunción por parte de los fanáticos del atentado cometido.
En el caso salteño, la fuente policial es mucho menos confiable que la del ex mandatario europeo, quien pocos meses después perdió las elecciones debido a su escandalosa mentira a la prensa.
Las noticias publicadas en Salta respecto a Evangelina fueron amarillistas, sensacionalistas, carentes de credibilidad y de rigor periodístico en razón de que la única fuente tomada en cuenta haya sido proveniente de torturas. Pero, además y es más grave, se puede interpretar que fueron cómplices del hecho aceptando información falsa reproducida sin ningún reparo.
Alimentar el morbo
El periodismo “amarillista” tergiversa la información, inventa fuentes y noticias, modifica los testimonios, resalta la morbosidad, promueve la violencia y banaliza los hechos sociales con el objeto de “vender más” y con la excusa falaz de “eso es lo que gusta a la gente”.
El amarillismo implica sensacionalismo que es la «tendencia a presentar los aspectos más llamativos de una noticia o de un suceso para producir gran sensación o emoción en los lectores».
El periodismo amarillista es lo contrario del periodismo de calidad.
El concepto nació a fines del siglo XIX en EE.UU. “Tú pon las ilustraciones y yo pondré la guerra”, fue el telegrama de William Randolph Hearst, editor del “New York Journal” a uno de sus enviados especiales a Cuba. El sujeto creó un enfrentamiento entre su país y España, manipulando a sus lectores con noticias falsas, surgidas de servicios de inteligencia canallas y de su propia mente. Hearst razonaba que todo interesa a todos en todas partes, pero si ese «todo» no existía lo creaba o le daba crédito a quien lo crease, sin importarle los medios.
Luego se supo que las publicaciones del diario neoyorquino habían sido inventadas para vender más. Su credibilidad murió.
Volviendo al caso de la adolescente chorote, ahora todos apuntan contra los malos policías. Paradójicamente, pocos hablan acerca de la responsabilidad de Aguas del Norte, empresa estatal que recién cinco días después descubrió que había un cadáver en uno de sus agujeros destapados.
Los torturadores serán castigados. La empresa, aunque pocos lo informen, deberá resarcir a la familia de Evangelina. Y el medio que publicó falsa información, con todo el impacto social que provoca un diario de circulación masiva, ¿quedará impune?
– Foto: Tartagaltv
– Notas relacionadas:
La muerte de Evangelina Pisco. Desayunando pescado podrido
http://www.salta21.com/La-muerte-de-Evangelina-Pisco.html
Evangelina Pisco, La Indiecita… ¿Y el Cambio?
http://www.salta21.com/Evangelina-Pisco-La-Indiecita-Y-el.html

