Los primeros 50 minutos de “El lago de los cisnes” no se aprecia bien en el horario de las 17 hs. con la luz del día que ingresa por las ventanas del Estadio Delmi. La presentación rusa sube hacia la segunda parte con “La Cenicienta” donde se logran más efectos y mejor calidad artística.
Multielogiada y con gran prensa llegó a Salta el Ballet de Moscú sobre hielo (con 4 días de funciones). Sin embrago no es lo esperado. Tampoco es un mega espectáculo, es nada más y nada menos que una exhibición de patinaje.
Un chiquito de más o menos 9 años sentado en el sector prensa tenía como objetivo arrancar la butaca, no lo logró claro, estaban bien rígidas. Es entendible: le vendieron una obra para niños que terminó siendo Ballet de bailarinas con tutú nada pistolero ni power rangers. Uno podría imaginar cierto futuro del chico: box a full con un par de cervezas con maní o a lo sumo un partido de básquet por ESPN… ¿Y el Sapo Pepe? Puede ser… ¡pero algo para niños!
Las más soñadoras, ya patinaban sobre el piso haciendo giritos como los que veían de las más grandes en esa pistita, porque la pistita, no llegó a ser una súper pista de patinaje, sino un espacio reducido por donde ofrecieron sus destrezas anónimos bailarines. Ni un programa de mano. Nunca sabremos quién era la Cenicienta, quién su Príncipe, quién el Bufón, o el Hada, todos jóvenes con excelente manejo del patín, como si hubiesen nacido sobre uno. Los patinadores eran excelentes patinando, esto es subrayable.
De 50 minutos cada obra, le faltó una iluminación acorde a la primera parte, “El lago de los cisnes” de Piotr Illich Tchaikovsky, con un reducido número de bailarinas con un tutú simple, descontextualizada y sin el efecto mágico que da el escenario, eran bailarinas de blanco haciendo vueltitas…
“La Cenicienta” de Serguei Prokofiev presentó vuelo artístico, se vio mucha destreza, colorido vestuario, destacados bailarines en sus roles, mejor iluminación y mucho encanto. El espectáculo sólo necesitaba de una parte que esté lograda. Y “La Cenicienta” lo está. En Palacios, se ofrece un show para agasajar a la Corte, allí aparece una pareja de bailarines que juegan con un cubo y un triángulo desplegando hermosas figuras acrobáticas, algunas de alto riesgo; y otra pareja que desenrollan una tela, con la que dan belleza a la escena representada. El resto de la historia, no hace falta contarla: el zapatito… etc. El artista que representó al reloj, bailó excelente y esa parte fue riquísima, sin desperdicios. Lo mismo el Bufón, un crack. Creo que por ver ciertos pasajes de “La Cenicienta”, vale la pena el espectáculo.
En síntesis, mucha música rusa con otras combinaciones en una exhibición de patinaje sobre una pequeña pista. Sin gran vestuario ni gran despliegue de luces y sin escenografía, se convierte en un espectáculo más que reunió a mucho público, pero que queda lejos, muy lejos de ser una gran producción artística. Apenas es un muestrario de un Ballet de desconocidos que arribaron a Salta para vendernos una obra que la harán con todos los chiches en Asia, pero aquí, no.
“La Cenicienta” califica. El espectáculo dirigido por Natalia Kasatkina y Vladimir Vasilyov es bueno en su conjunto gracias a la destreza de los artistas. Pero, con todo respeto, no es el “Bolshoi sobre hielo”.