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miércoles, septiembre 30, 2020

A vosotros se atreve, salteños, el orgullo del vil corruptor…!

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LOS MAESTROS CORRUPTORES.

(Un intento de dar cuenta de lo que está pasando hoy y desde hace tiempo en Salta, y de sus implicancias en el inconsciente colectivo de los salteños).

Por el Lic. David Slodky*

Comienzo con una frase de una obra psicológica, que aparentemente nada tiene que ver con lo que intento considerar:

“Lo cierto es que perturbaciones de la relación simbólica pueden ser tan graves como las afecciones físicas…”. (Dolto, Francoise: La dificultad de vivir. 1/Familia y sentimientos. Gedisa, Bs. As., 1982, pág. 43.)

Perturbadores y Perturbaciones Simbólicas

¿A qué se refiere la autora con perturbaciones en la relación simbólica? A la que traba o no permite o deforma la relación del padre o la madre con el hijo, o de la familia del padre o de la madre con el nieto o sobrino. A que la función padre o la función madre esté de alguna manera alterada de la relación padre-hijo o madre-hijo. Y altera y enferma, por ende, inevitablemente, a los hijos.

Maestros corruptores

Así, por ejemplo, la eminente psicoanalista nos dice “Todo padre y todo educador, que el niño impúber toma fatalmente como modelo, al no dar el ejemplo de lo que impone, al no decir lo que hace y no hacer lo que dice, es un maestro corruptor”. Aclaro que debe entenderse “corruptor” no en el sentido legal del término, sino en el sentido de “perturbar la relación simbólica”. Así por ejemplo, si un padre separado de su esposa, dice amar a su hijo y no lo va a ver y no lo cuida y no lo cambia ni alimenta nunca, “es un maestro corruptor”. Si una madre separada de su esposo, dice que el hijo es de ambos, madre y padre, y que ambos tienen los mismos derechos y deberes para con él, pero no le permite al padre verlo más que tres días a la semana, “es un maestro corruptor”.

¿Y esto qué tiene que ver con nuestra provincia y nuestro país?

Padres e hijos – Gobernantes y gobernados.

Desde hace tiempo vengo afirmando que lo que ocurre en la relación de gobernantes y gobernados, puede tener la misma carga patológica y generar trastornos patológicos-sociales de manera equivalente a los trastornos psicopatológicos familiares que se generan cuando uno o los dos padres perturban su relación simbólica, y se transforman en “maestros corruptores”. Los maestros corruptores, ya en lo social, serían fundamentalmente los gobernantes, los miembros de los distintos poderes que alteran significativamente, en el ejercicio del poder, su función simbólica de dirigir digna, correcta, legal y probamente a los ciudadanos.

El mundo, ¿fue y será una porquería?

Hacia finales de 1999, en vísperas del nuevo milenio, presenté una ponencia en las jornadas “Articulación de Artes y Ciencias, un desafío para el próximo milenio”, realizadas durante la IV Feria del Libro en Salta.

Afirmaba allí que la realidad mundial y nacional distaba mucho de “el fin de la historia” que con sonoras trompetas profetizaban triunfalmente Fukuyama y otros, luego de la caída del imperio soviético que demostrara las horrendas y débiles patas de barro sobre las que estaba fundado.

“A poco andar, la pulsión de muerte -decía- demuestra que está viva y que no depende sólo de la contradicción entre intereses económicos y organizaciones sociales distintas. La pavorosa guerra de los Balcanes, la presencia nuevamente de filosofías de “limpieza étnica”, las atrocidades de etnias contra etnias, de pueblos contra pueblos, de personas contra personas, es noticia desde entonces casi de todos los días. La expulsión hacia lo que se ha dado en llamar “el cuarto mundo”, el mundo de la marginalidad, de la miseria, de la degradación humana de grandes masas en el corazón mismo de las sociedades opulentas, muestra la desgraciada realidad de este primer mundo al que el presidente de este país [me refería al Dr. Menem] tanto fantasea con llegar. La destrucción del hábitat de la humanidad, el Planeta Tierra, no es ya un ejercicio de imaginería bíblica y apocalíptica, sino una posibilidad cierta y a no largo plazo. Los desastres “naturales” (ya no tan naturales) que han asolado nuestro planeta este último tiempo, y que año a año superan en violencia destructiva los anteriores, son perturbadores anticipos de lo que más pronto que tarde ocurrirá si no se toman drásticas medidas no ya para revertir (eso es ya imposible) sino para al menos detener este proceso de autodestrucción. Los científicos son absolutamente conscientes del problema; los gobernantes lo saben pero miran para otro lado; la población en general sólo dice “lo que mata es la humedad”.

Los líderes políticos, ¿están a la altura de los acontecimientos?

Frente a esta posibilidad apocalíptica, nunca como ahora resuenan en mi cerebro las palabras de Einstein en carta de 1932 a Freud, respecto a los líderes políticos cuando se avecinaba la segunda guerra mundial: “Parece casi como si el destino de las naciones haya de cederse inevitablemente a la violencia y a la irresponsabilidad de los dirigentes políticos. Éstos y los gobiernos deben en parte sus investiduras a la fuerza y en parte a la elección popular. No pueden considerarse representativos de los mejores elementos, desde un punto de vista moral o intelectual, de sus respectivas naciones.”

Nuestro país a fines del Siglo XX

Ya refiriéndome específicamente a nuestro país, afirmaba yo en ese trabajo que “La violencia asesina contra los jóvenes que ha demostrado largamente en los últimos años la enferma institución policial, la violación y asesinato instrumentado desde los aledaños del poder en una semifeudal provincia nuestra (María Soledad Morales), el monstruoso asesinato para cegar la mirada que escruta e indaga (Caso Cabezas) , los mega atentados nunca antes registrados en la historia de nuestro país (Amia y Embajada de Israel), la desaparición en Salta de dos profesionales en plena época de democracia [durante el gobierno de Roberto Romero], sin que nunca se haya aclarado absolutamente nada, el espantoso martirio de los hermanitos Leguina sin que la sociedad salteña haya sido capaz de articular y desarrollar una respuesta popular ante tal grado de salvajismo, la violencia en auge en los partidos de fútbol, en barriadas contra barriadas, etc., etc., etc., muestran un costado de la realidad donde la pulsión de muerte afianza su predominio.”

Aquí y ahora de Salta

Puedo agregar ahora, para situarnos en el aquí y ahora de nuestra ciudad y provincia, la salvaje represión de la noche de las tizas, donde instituciones culturales fueron utilizadas como centros de detención (remedando la funesta época del onganiato: la nefasta carga simbólica de este hecho no ha sido debidamente aquilatada), y una cobarde parafernalia armada reprimía la manifestación de los docentes salteños (indefensas mujeres en su gran mayoría) que simplemente pedían salarios dignos y ser escuchadas; mientras nuestros legisladores, sin atisbo de vergüenza, asistían a la inauguración de las jornadas legislativas con el autista discurso del gobernador salteño, en el guetto que ellos mismos habían generado entre alambres de púas y caballos y perros que recordaban la brutalidad del nazismo, separados del pueblo por una guardia pretoriana con un armamento digno de épocas de guerra… ¡Hay que ser execrables cobardes, realmente, para ejecutar o convalidar semejante perversión represiva afuera y aplaudir un discurso autoexaltador adentro! La represión de pobres (especialmente niños, mujeres y ancianos) en San Expedito: las represiones en el norte salteño, cálido y húmedo, devastado por desastres naturales y no tan naturales no previstos por los gobernantes; la droga que consume a nuestra juventud, la marginalidad, pobreza e indigencia que pone a nuestra provincia entre las provincias topes en cuanto a estos flagelos, al mismo tiempo que emprendemos construcciones culturales y viales dignas del primer mundo, con la inevitable cuota de sarcasmo y miseria de los que bailan en la cubierta del Titanic; en fin, todo, revela el avasallador avance de la pulsión de muerte en nuestra provincia y ciudad capital.

Pulsión de vida – Pulsión de muerte

¿De dónde esto, por qué esto?

En una carta del correo del lector del diario El Tribuno que escribí azorado ante el espantoso crimen de los hermanitos Leguina y frente a las desafortunadas palabras que un pastor dijera en el acto de sepelio de estos dos chiquitos masacrados, sostuve que “en el ser humano individual y en la sociedad humana, anidan la pulsión de vida y -contradictoriamente- la pulsión de muerte, sobre la que ya hace 80 años comenzara a hablar Freud. Sólo ésta pueden explicar que el pueblo más culto de la tierra, el que nos legara a Goethe, Beethoven, Schiller, Heine, Hesse, etc., sea al mismo tiempo el que desarrollara y perfeccionara hasta el horror lo peor del ser humano, en la maquinaria teórica y práctica más siniestra de la historia de la humanidad: el nazismo, el holocausto, la shoa.

El horrendo asesinato de los hermanitos Leguina es -sin duda alguna- obra de un psicópata perverso y bestial. La psicopatía y la perversión son patologías humanas, existieron, existen y existirán. Buscan a sus víctimas siempre en los más desprevenidos o entre los más débiles. Pero cuando sus incursiones se repiten una y otra vez, es que hay una atmósfera social que abona con putrefactos fertilizantes el desarrollo de la pulsión de muerte y las patologías perversas.

Y como muy bien señala vuestro columnista Gregorio Caro Figueroa, “una sociedad que asiste a la exculpación y luego al elogio de quienes instalaron la criminalidad en el corazón mismo del Estado y que ve desfilar delitos sin esclarecimiento ni castigo” [debo aclarar que Gregorio Caro parece haber variado un poco esa caracterización], una sociedad que desde esferas increíbles alienta el violar permanentemente la Ley (¡qué lejos está Sócrates -aunque sea “tan leído” en los libros que nunca escribió- que eligió una muerte injusta antes que no aceptar las leyes de su Ciudad Estado!) es una sociedad que genera un clima donde estas patologías individuales se transforman ya en patología social.”

Pulsión de muerte, Gobiernos y Sociedades

Es decir, sostengo que la pulsión de muerte existe en el ser humano, individual y socialmente, y que no depende de una negación voluntarista su anulación. Pero afirmo asimismo que “son las sociedades en las que se inserta el hombre las que pueden promover una u otra pulsión, y debilitar o anular temporariamente a su alternativa”.

Agregaba en la citada ponencia: “Creo que es una verdad de perogrullo que la miseria, la marginalidad, la injusta distribución del ingreso están correlacionadas con un aumento de la violencia criminal. Y que toda sociedad, todo gobierno, que luche por una solución de estos problemas, estará luchando indirectamente por una limitación de esta pulsión, tendencia o como quiera llamarse”. Y por el contrario, todo gobierno que no tome medidas al respecto, o -peor aún- que promueva ostensiblemente e impunemente la corrupción, que genere el ensanchamiento de la brecha entre los que más y los que menos tienen, que hacen obras faraónicas dignas del primer mundo al mismo tiempo que provoca el aumento de la pobreza y la indigencia, y que altera ostensiblemente la pureza institucional, está aportando directa e indirectamente para el aumento de esa pulsión destructiva y autodestructiva (destructiva en la violencia social familiar, en el aumento de las tasas de criminalidad, de corrupción; autodestructiva en el aumento exponencial de trastornos panicosos y depresivos, de consumo de estupefacientes, y de índices de suicidio, por ejemplo).

La pulsión de muerte, la palabra y el silencio.

Un Pacto siniestro.

Pero personalmente considero que existen otros factores, más sutiles pero no menos incidentes, que pueden apuntalar, promover o limitar esta destructividad del ser humano.

Citaba un trabajo del psicoanalista José Carpman, que plantea al “silencio como exponente de la agresión y del instinto de muerte” , aclarando que “cuando se habla de silencios no se alude literalmente a la ausencia de la voz discursiva sino también al significado implícito de negación o desmentida”. Agregando a continuación que se refería particularmente “a lo que no se dice o a lo que se dice para no decir, esto es, el discurso de la negación.”

Argumenta más adelante que “hay una actitud de a dos entre el victimario y la víctima silencio mediante, que implica un pacto siniestro en la medida en que se está en acuerdo para negar la percepción de la realidad”.

Agregaba por último en mi ponencia que “Hay mucho en la historia de nuestro país en particular y del mundo en este siglo que está concluyendo que tienen que ver con esta aserción.
El silencio, la palabra que no se dice o la que se dice para no decir (o para negar evidencias, o para argumentar con palabras lo que se niega ostensiblemente con hechos, el doble discurso, en fin), a nivel de los gobiernos y de los factores de poder constituyen, una de las variables psicosociales que de manera preponderante están jugando para el incremento de la violencia y del in-crescendo de la agresividad o pulsión de muerte.

En una familia, el doble discurso de los padres o su palabra que se contradice con su accionar, es fuente de profundas perturbaciones psicopatológicas. (…) Algo semejante ocurre con las sociedades. La palabra pierde así su función de sostén, de articulación, de presencia aclaradora y orientadora para convertirse en una fuente de confusión, de tergiversación, de desconfianza y de uso vacuo y frívolo (en el mejor de los casos), por donde un vacío se filtra.”

Concluía esa parte de mi trabajo con este párrafo: “Que el presidente Alfonsín haya sostenido en un momento en que casi todo el país volcado en las calles lo apoyaba, que volvieran a sus casas, que la casa estaba en orden (cuando fue claro luego que la casa no estaba en orden) y haya calificado de héroes de Malvinas a quienes atentaban contra el orden constitucional, fue el primer paso para que la población se fuera perdiendo en la desconfianza, el descrédito y el escepticismo, que culminaría luego en la hiperinflación, los saqueos a los supermercados, etc. Que el presidente Menem haya confesado graciosamente que él no podía decir lo que iba a hacer en 1989 porque en ese caso no lo hubieran votado; que pretendiera compararse a la madre Teresa de Calcuta repitiendo su frase de que la ética no se predica sino que se practica, mientras cuanto menos él y muchos de los que lo rodean evidencian un incremento de sus patrimonios absolutamente inusual; cuando por conveniencias políticas pretendía erigirse en el paladín de la cruzada antiabortista en el mundo, cuando la misma madre de sus hijos lo desmentía, todos son ejemplos de palabras que se inscriben en esto del discurso de la negación y del doble discurso entre el mensaje y el metamensaje. Y estimo que al ser la palabra del primer hombre del país, tiene consecuencias psico-sociales siniestras. Que la Corte Suprema (Suprema) de Justicia (de Justicia) tenga el descrédito absoluto que no caprichosamente reflejan las encuestas, esto es, que la voz suprema de la justicia no sea creíble, da pie a que la pulsión de muerte encuentre una vía regia por donde filtrarse”. [Me refería, está claro, a ese espantajo que fue la Corte de Justicia Menemista, donde alguien que no le daba el piné ni para ser comisario de pueblo, ostentaba el cargo de Presidente de ese Máximo Tribunal].”

Y bien. Muchas cosas pasaron desde entonces. Pero la constante fue la palabra que miente o desmiente, que dice para no decir, que no dice lo que hace o que no hace lo que dice. De la Rúa con su “Terminó la fiesta” y la fiesta que no terminó; “el que depositó en dólares retirará en dólares” de Duhalde… todo fue apuntalando este crescendo de la violencia, agresividad, autoagresividad, en fin, la pulsión de muerte, debido a que esa palabra de quienes debieran ser sostén, era claramente percibida como provocadora de patología social por el doble discurso de los gobernantes.

El presidente Kirchner pareció ser una bocanada de aire fresco en esta pestilente forma de hacer política. Uno de sus mayores logros fue generar por primera vez en la historia de este país, una Corte Suprema de Justicia que mereciera ese calificativo de “Suprema”, a través de un mecanismo donde se autilimitaba éticamente en sus atribuciones constitucionales. Y es innegable que en más de un aspecto ha posibilitado un giro positivo, una bisagra en la historia de este país. Pero hay muchas contradicciones muy alarmantes en el seno de su gobierno, que apuntalan nuevamente estas prácticas malsanas que son o serán nuevamente causantes de nuevos deterioros en la credibilidad de la palabra y todas las implicancias que acá analizamos. (Skanska, el bolso en el baño de Economía, el Indec, apuntalar pretensiones eternizadoras en el poder de Rovira y otros, etc., etc.).

Salta, Paraíso del Doble Discurso

Desde el mismo momento que llegara al poder el Dr. Romero comenzó con algo siniestro, recordado y denunciado recientemente por Normando Arciénaga: el dejar en la calle a miles y miles de salteños, familias enteras que quedaron sin su sustento, motivando un masivo pase a la pobreza y la indigencia, y al despertar de pulsiones destructivas y autodestructivas (el índice de suicidio y de patologías autodestructivas en esa masa cesanteada debiera ser investigado). Un peronista de ley ya fallecido, el C.P.N. Guerra, me contaba por esos días que había hablado con el hijo de un admirado dirigente peronista ya entonces fallecido, y que había oficiado de candidato a Diputado Nacional del romerismo, para pedirle que intercediera ante Romero por esta medida, porque no podía ser que un gobierno peronista dejara en la calle y la miseria, de un plumazo, a tantos salteños que seguramente lo habían votado…. La respuesta fue “Romero tiene el poder, y lo ejerce”. El problema es “Qué tipo de poder” y “ejercerlo para qué”. Guerra, impresionado por esa frase, escribió un libro sobre el Poder para la liberación, y el Poder para la aniquilación, simbolizando ambas en el Mahatma Gandhi y en Hitler como sus máximas expresiones.

Usos y Abusos, a la vista y a escondidas…

Pero Romero siguió imperturbable a lo largo de toda su trayectoria. Hizo modificar la Constitución Provincial por primera vez en más de 150 años de vida institucional, exclusivamente para proseguir en el uso de este poder discrecional: la máxima Palabra de un Estado (su Constitución) era bastardeada para uso personal; Romero, a la vista de todo el mundo a veces, y en las sombras otras, usó y abusó de bienes y recursos del Estado (siendo él una persona de gran fortuna personal), usando por ejemplo como medio habitual de transporte el avión y helicóptero de la provincia para cuestiones personales (como cuando asistió al casamiento del anciano ex presidente con la frívola chilena que lo convertiría poco después en un sombrerudo); pero también parece haber usado y abusado de recursos del Estado a escondidas, entre otras cosas para corromper y coaccionar a una mujer empleada del Gran Bourg (la acusación por Promoción de la Corrupción, Coacción, Peculado y Abuso de Autoridad fue presentada ante el Juez de Instrucción Formal de 3ra. Nominación, contra el Gobernador y otro alto funcionario; la presentación fue avalada como digna de ser investigada por la fiscal de ese Juzgado, y cajoneada o desestimada (no tengo muy claro) por el Juez que fue luego promovido a Procurador General de la Provincia; hubo por allí alguna trompada ligada por el Sr. Gobernador en el acceso a un distinguido Club Social del Salta; lo llamativo es que el Dr. Romero, que no dudó en promover acción penal contra un periodista que denuncia y critica sistemáticamente la corrupción de este gobierno, no promovió acción penal alguna contra quien públicamente y a la vista de muchas personas le diera un trompadón mientras él ejercía su cargo de Gobernador (quizá algo haya tenido que ver con aquella denuncia cajoneada)… el aval dado a funcionarios suyos para la depredación económica y ambiental a que someten sistemáticamente a nuestra provincia (Itiyuro, Planta Potabilizadora de Embarcación, adjudicaciones directas de Obras Públicas por las empresas concesionadas que debieran ser auditadas desde los Entes Reguladores de la Provincia, aniquilamiento de nuestros bosques que supera largamente la media nacional, etc., etc., etc) mientras se llenan la boca él y todos sus adulones a sueldo o prebenda acerca de lo magníficamente administrada que está nuestra provincia. El doble discurso… Lo que se dice para no decir, lo que se hace pero no se dice…

Es literalmente criminal mirar para otro lado o directamente negar que todo esto, durante tantos años, no tenga nada que ver con el hecho verificado de cómo se fue transformando la vivencia y la convivencia en nuestra provincia: el alto índice de suicidio adolescente, el alto grado de alcoholismo y drogadicción en nuestra juventud, el alto grado de pobreza e indigencia, el alto grado de represión y criminalización del accionar de los actores sociales, y, fundamentalmente, el descreimiento absoluto en la palabra y el quiebre de valores fundamentales para la convivencia armónica de los distintos estamentos. (“Para que el mal triunfe, basta que los buenos no hagan nada”).

Genio y Figura

Pero “Genio y figura”, el Gobernador Romero no podía irse sin demostrar una vez más y con absoluto desprecio por la opinión de sus conciudadanos, la fibra de la que está hecho, el no importarle absolutamente nada de la lesión institucional, social y psicosocial que su accionar irresponsable genera, y que parece sólo estar destinado exclusivamente a lograr impunidades futuras para él y sus adláteres y “colaboradores” en el saqueo a que han sometido a las arcas públicas y a la moral y el equilibrio de sus gobernados.

Estando vacante un cargo de la Corte de Justicia durante dos años, y no preocupándose en ningún momento por cubrirla oportuna y debidamente, a días de dejar su mandato, envía de sopetón el pliego al senado para cubrir esa vacante… con un imberbe que no registra el más mínimo antecedente que pueda avalar la pertenencia al más alto Cuerpo que rige la Justicia en Salta, y cuya única “virtud” es ostentar un grado de obsecuencia y salvajismo en el cumplimiento de sus funciones dignas de un órgano represivo de épocas de dictadura.

El desprecio del gobernador por el cumplimiento de elementales normas éticas en su comportamiento institucional, es proverbial.
El daño psicosocial de tal proceder (que la máxima figura de gobierno -el “padre” en este símil entre gobierno y familia- proponga este personaje (a nadie escapa que este nombramiento es absolutamente contrario a la más elementales razones institucionales e intelectuales) y su inmediata aceptación por mayoría en la Cámara de Senadores, (que debiera ser entre otras cosas la expresión del control de un Poder de Gobierno sobre otro para evitar excesos), dejan un saldo del que no se saldrá nunca si la sociedad salteña no logra dar vuelta de alguna manera este proceder carente de la más elementales normas éticas del proceder humano. Máxime si, además, el gobierno nacional “premia” estas conductas otorgándole al mandatario saliente el cargo de Vicepresidente del Senado Nacional; y el gobernador electo para suceder al cesárico gobernante saliente, pronuncia hasta ahora nada más que una muy suave y prudente crítica frente a esta muestra insalvable de salvajismo institucional y ético.

Algo huele a podrido en Salta y el país.

Podría sintetizar y parafrasear lo anteriormente dicho, diciendo que la función gobernar y la función legislar y la función impartir justicia, están alterando patológicamente la relación gobernador-gobernados, legislación-legislados, justicia-justiciables. Los costos de estas alteraciones ya se ven y se verán dramáticamente en los próximos años, socialmente hablando, si no se logra revertir de inmediato estos desmanes.

También podría parafrasear aquellas citas de Doltó, diciendo ahora que “Todo gobernante y todo miembro de un poder del Estado, que el joven en desarrollo toma fatalmente como modelo, al no dar el ejemplo de lo que impone, al no decir lo que hace y no hacer lo que dice, es un maestro corruptor”.

En este sentido, está claro que hoy, con esta nueva medida, el Gobernador Romero es un maestro corruptor, la Cámara de Senadores es un maestro corruptor, y la Corte de Justicia es un maestro corruptor. Pero si ellos, nada menos que ellos, los máximos poderes del estado, son maestros corruptores, qué puede pasar en la sociedad. “El pescado se pudre por la cabeza”. Y hay mucho olor a podrido en la sociedad salteña. Porque “hay una atmósfera social que abona con putrefactos fertilizantes” emanados de las máximas cabezas institucionales de la provincia, “el desarrollo de la pulsión de muerte y las patologías perversas”.

Parafraseando la cita de Einstein, diría que “Parece casi como si el destino de nuestra provincia haya de cederse inevitablemente a la irresponsabilidad de los dirigentes políticos. Este gobernador que se va, esta Cámara de Senadores y esta Corte de Justicia, no pueden considerarse representativos de los mejores elementos, desde un punto de vista moral o intelectual, de nuestra provincia.” Y requieren por lo tanto que los nuevos gobernantes que dentro de días advienen y la ciudadanía toda, alcen su voz y su acción sin titubeos para impedir o modificar estos perversos regodeos de los que hoy siguen detentando el poder.

Y si nos callamos o aceptamos tímidamente esto como una realidad no querida pero inmodificable, como por ejemplo pretendía Luder respecto a la legislación auto exculpatoria de la Junta Militar, entonces estamos siendo cómplices, participamos de este pacto siniestro del que hablaba Carnap: “hay una actitud de a dos entre el victimario y la víctima silencio mediante, que implica un pacto siniestro en la medida en que se está en acuerdo para negar la percepción de la realidad”.

Parafraseando ahora las palabras originales de nuestra canción Patria, diría. “A vosotros se atreve, salteños, el orgullo del vil corruptor”.

* El Lic. David Slodky es Psicólogo y escritor.

jpg_slodkychico.jpgFue Miembro de la Comisión de Bioética del Colegio Médico de Salta, es Académico de Número de la Institución Güemesiana “La Senda Gloriosa de la Patria”, fue Director de la Carrera de Ciencias de la Educación de la U.N.Sa., Especialista de Programa de “La Educación en Iberoamérica” de la Oficina de Educación Iberoamericana (O.E.I.), Madrid, España; Director del Departamento de Evaluación del “Proyecto para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia en el Nivel Medio” Promec-Conicet, Bs. As. Profesor Adjunto a cargo de Materias en la Carrera de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Salta. Docente en la Universidad Nacional de Córdoba.
Como escritor, ha publicado “Las fronteras” (Ediciones del Tobogán, Salta, 1993), y “Al encuentro de la heroína…” (Edición de La Senda Gloriosa de la Patria, 2007). Tiene dos libros aún inéditos. Cuentos, relatos y ensayos suyos fueron publicados en distintas revistas y antologías del país, España y EE. UU. Su “Romancero de Güemes” sobre la obra de Julio César Luzzatto es ya una Institución en Salta desde hace 13 años. Asiduamente asiste a colegios de nuestro medio como escritor y pensador, invitado por sus docentes y alumnos. Ha sido invitado reiteradamente por el Ente Cultural de Tucumán a eventos culturales y científicos (Mayo de las Letras, Celebración de Vida y Muerte, Letrarte, etc.). No ha sido invitado a la inauguración del Teatro de la Provincia. Cuida celosamente su independencia de pensamiento. Dice lo que piensa y hace lo que dice.

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