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sábado, enero 31, 2026

La existencia humana bajo la mirada irónica

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Por Irma Verolín

En el poemario “Infamélica”, Rolando Revagliatti emplea el desliz irónico, el doblez, el juego del pensamiento que nunca es liso, que se despliega en sus muchas dimensiones y matices para ofrecernos un compendio de la condición humana. Comulgamos de esta forma con una cantidad de perfiles expuestos en determinadas situaciones íntimas y desgajadas. Libro constituido por poemas que se encuentran al borde de la reflexión sagaz, burlesca e, incluso, alucinada.

Poesía de conclusión en tanto el poema se muestra como el resultado final de un proceso de indagación; los mecanismos de descubrimiento permanecen ocultos, motivo por el cual el poema adquiere cierto carácter de revelación, una suerte de epifanía matizada con el juego de fricción que aporta la mirada irónica. El poema surge entonces como resultado final de una ardua exploración. El desarrollo que hizo arribar a ese resultado está fuera del campo del texto, pero permite entrever una historia como si el poema fuera la pieza final de un rompecabezas.

Si lo que se muestra es la revelación o el acto de descubrimiento, la poesía es casi cercana a lo oracular, aunque lo que devino haya sido un proceso de agudo trabajo de discernimiento. El juego irónico deja deslizar un borde de melancolía; cada poema se perfila a la manera de una sesgada postal de la existencia humana. Y es tal la captación que ese fragmento funciona como la parte por el todo, por lo que, siguiendo la lógica del holograma, el detalle contiene la totalidad de un modo perfecto.

Cada poema se centra en la visualización de lo que podríamos llamar “personaje”, aunque esta categoría esté más ligada al género novela. Potpurrí de personajes, entonces, mirados con agudeza, donde la agudeza despunta en cada poema produciendo un efecto Eureka que suele traslucir el costado de alguna frustración. Así, “Infamélica” deviene en un fresco de focalización de la conducta humana que posee rango de universalidad por la diversidad de caracteres expuestos.

Al leer este libro sobreviene la sensación de asomarnos a una profundidad que promete más profundidad pero que, en virtud de la estética empleada, nos introduce en un juego del que nadie puede salir indemne. A pesar del tono que roza la sorna, a medida que se avanza en la lectura, la hondura de lo retratado va contorneando su cariz dramático. El efecto poético se encuentra justamente en esa delicada tensión entre drama e ironía; un equilibrio que no muestra fisuras.

Cada poema encierra o esboza a su vez una historia que transcurre en un trasfondo; el poema es el iceberg, cuya zona visible se vuelve provocativa. Lo que está debajo se vislumbra como si espiáramos a través del ojo de una cerradura, y lo entrevisto promete resonancias lejanas. Podría también considerarse a estos poemas como un relevamiento de voces de personajes variopintos. Voces múltiples, disímiles, acaso el correlato poético de lo que en narrativa es la novela “La colmena” de Camilo José Cela.

Estos poemas lúcidos, con algo de extravagantes, a veces rozan la estructura de un silogismo. Este gesto poético se acerca a una especie de stand up poético por su impronta y por el impacto producido, por su disparo certero y su eficacia comunicacional. A la vez, cada poema juega con la estructura del chiste: el humor es un basamento de la mirada y está por detrás sustentándolo todo. Probablemente esta estructura, con su condimento de sorpresa, aporte al efecto de revelación su cuota de peso.

De algún modo, el poema aparece como resultado de una introspección comprometida con los personajes abordados. A veces un poema es un simple diálogo, ya que aquí los personajes tienen voz propia; el yo del sujeto de la enunciación se «travistió» en lo múltiple. Es un despliegue de voces que experimentan un drama personal expresado con un leve desliz jocoso. El drama de la vida le hace un guiño a la comicidad y, sin salirse de esa tensión, el poema instaura su espacio.

También podría pensarse este poemario como un compendio burlón de la sexualidad humana. Estamos ante una obra inclasificable, tal vez porque el ingrediente del humor le da versatilidad al enfoque. Es necesario destacar que el tono paródico no está exento de una mirada piadosa. Si concebimos este libro como un compendio de voces focalizadas en su intimidad —el deseo, los cuerpos, las intenciones fallidas— estas voces podrían asimilarse a la voz del tango.

En “Infamélica”, igual que en las letras de tango, se cuenta una historia en cada poema, aunque con un desplazamiento hacia la zona irónica. Si el registro del tango se asoma por los bordes, no deja de estar también presente su vinculación con el discurso fílmico. Estamos ante una obra que invita a emprender muchas lecturas. Como bien sintetiza Griselda García en el prólogo: “Estos poemas desbordan plena vida vivida, tienen calle, hay un exceso que se hizo arte y eso es para celebrar”.

Probablemente la estructura del chiste, con su condimento de sorpresa, aporte al efecto de revelación su cuota de peso.

De algún modo en este libro el poema aparece como resultado de una introspección comprometida con un determinado aspecto de los personajes abordados. A veces un poema es un simple diálogo, ya que aquí los personajes tienen voz propia, por lo que podría decirse que el yo del sujeto de la enunciación se travistió en lo múltiple realizando paralelamente un desplazamiento en abanico sumamente amplio. Despliegue de voces y personajes que experimentan un drama personal y privado, expresado principalmente con un leve desliz jocoso. El drama de la vida le hace un guiño a la comicidad y, sin salirse de esa tensión, el poema instaura su espacio.

El juego irónico no cesa. La distancia que establece la ironía desde el vamos es un pivote constante, esa distancia le otorga a la mirada su sagacidad.

También podría pensarse este poemario como un compendio burlón de la sexualidad humana. Estamos ante una obra en cierto sentido inclasificable, tal vez porque el ingrediente del humor le da versatilidad al enfoque. Es necesario destacar que el tono paródico no está exento de una mirada piadosa. Si concebimos este libro como un compendio de voces de personajes focalizados en su intimidad -la intimidad del deseo, la intimidad de los cuerpos, las intenciones fallidas, etc. como núcleos del material poético, – estas voces podrían asimilarse a la voz del tango, cuyos repertorios suelen ser los discursos de un varón, repertorio que aquí se encuentra, por supuesto, en clave de sorna. Hay registros palpables de esto en algunos poemas como el de la página 63. En unos cuantos poemas aflora la tensión dramática del relato, lo que patentiza su conexión con el tango.

En “Infamélica”, igual que en las letras de tango, se cuenta una historia en cada poema. Sin embargo, se detecta un desplazamiento del tono tangueril hacia la zona irónica, lo que equivaldría a equipararlo a esa clase de tangos que no eludieron la burla o la crítica, sin embargo, hay en este texto un tamiz que le cambió el registro al clásico relato tangueril. Si el registro del tango se asoma por los bordes no deja de estar también presente su vinculación con el discurso fílmico. Estamos sin duda ante una obra que invita a emprender muchas lecturas, lo que en términos literarios supone un hallazgo. Cito por último las palabras de Griselda García, autora del prólogo del libro, quien sintetiza el valor de esta obra: “Estos poemas desbordan plena vida vivida, tienen calle, hay un exceso que se hizo arte y eso es para celebrar”.

“Infamélica”, Rolando Revagliatti, Ed. Leviatán, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 98 páginas, 2022.

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