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martes, septiembre 22, 2020

Pueblos sin estado y reconstrucción etnopolítica del hinterland sudamericano

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La actual crisis de los estados-nación, nacida al fin de la Guerra Fría (1989), debe ser encuadrada en el contexto más amplio de una crisis político-cultural de larga duración.

Palabras claves

Etnopolítica, etnocosmogonía, ancestralidad, comunalismo, enclave regional, silvícolas, caboclos, indigenismo, cuencas hidrográficas, hinterland amazónico, dualismo geográfico, peregrinación mística, frontera populista, obras hidráulicas, hidrovías, etno-botánica, hibridaciones internas, sincretismos chamánicos, mar dulce interior, operación “Fitzcarraldo”, cabotaje interior, familia extensa poligámica, mesianismo animista chamánico, objetos rituales, máscaras y bastones ceremoniales, politización de la etnicidad, geografización de la etnicidad

Agradecimientos

Cabe consignar que este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo moral e intelectual de mi esposa María Cristina Mendilaharzu, de amigos como Juan Méndez Avellaneda y Mariana Canale Oliver, y de los parroquianos de un popular café palermitano. Asimismo, cabe relatar que este trabajo fue el feliz derivado de una obra colectiva centrada en la construcción de un relato historiográfico para una eventual audiovisual a elaborar, que luego fue deslizándose al estudio de la fiebre cauchera del siglo XIX, y desde este al boom del narcotráfico en el siglo XX, y finalmente, merced al conocimiento de los ríos de la cuenca amazónica recayó en los descubrimientos de Ernesto Baldasarri, Horacio Gallart y Gabriel del Mazo acerca de la frustrada vía hídrica entre Manaos y Buenos Aires. Y finalmente, las vías hidrográficas nos llevaron a tomar conciencia de la relevancia política de los grupos étnicos existentes en la amazonía y el chaco, a la íntima conexión entre los mismos, y eventualmente a la “raza cósmica” de la que nos hablaba Vasconcelos. Last, but not the least, incluímos en los agradecimientos a los evaluadores anónimos del comité editorial de Amazonía investiga.

I.- Crisis nacional latinoamericana y análisis etnográficos y geológicos

La actual crisis de los estados-nación, nacida al fin de la Guerra Fría (1989), debe ser encuadrada en el contexto más amplio de una crisis político-cultural de larga duración. En ese sentido, el antropólogo colombiano Franky Calvo (2001) ha venido sosteniendo que la crisis de cada estado-nación está relacionada no con crisis político-institucionales sino con crisis culturales instaladas e instituídas en el imaginario colectivo (Castoriadis). A esa convulsión debemos introducir la reciente y compleja crisis de la integración sudamericana (Mercosur y Unasur), que excede la esfera puramente comercial y se extiende al ámbito de la infraestructura física, desde hace tiempo mutilado. Cada una de dichas sociedades ha extraviado el otrora moderno proyecto de nación que había estado acotado a límites geográficos, a poblaciones supuestamente homogéneas, y a economías nacionales.

Y donde el mestizaje, el mercado interno y la alfabetización eran el paradigma a alcanzar por cada uno de esos estados-naciones que aspiraban a la modernidad, hoy encuentran cuestionada su propia identidad étnica, económica y cultural; y su escala espacial, productiva y demográfica. Estas sociedades entienden que no basta con mestizar, alfabetizar, desarrollar un mercado interno y enhebrar acuerdos comerciales para conformar bloques regionales, pues es ineludible e impostergable redimensionar a escala regional lo que el actual proceso de globalización generalizada imperiosamente exige. El proceso globalizador pretende integrar el comercio libre pero sin embargo debe lograr un espacio mayor y más intensamente intervinculado de todas las minorías étnicas y lingüísticas, bajo fuertes lógicas multidimensionales y principios igualitarios y multiculturales, así como de todas las unidades productivas (agrícolas, mineras, industriales y de servicios), ampliando la infraestructura física (hidráulica, comunicacional) y no vandalizando sus economías partiéndolas bio-oceánicamente, según que orienten sus planes de política exterior y sus alianzas hacia el Pacífico o el Atlántico.

Asimismo, estas sociedades han tomado conciencia que sus espacios nacionales tienen regiones geográficas subalternas hoy sepultadas en el olvido, que han servido sólo como excusa para manipular cruentos conflictos fratricidas y crueles guerras de anexión, y que sus sociedades se encuentran –a falta de un imaginario y un horizonte de vida– desgarradas por la extensión e intensidad del narcotráfico y por la existencia de comunidades ancestrales que viven en la postración y la marginación. Hoy, la única empresa integradora exitosa a nivel continental que ha avanzado sobre los circuitos chaco-amazónicos y amenaza avanzar sobre las regiones e instituciones de la cuenca no ha sido el comercio inter-estatal sino el crimen organizado del narcotráfico, la depredación forestal y el ecocidio minero a cielo abierto. También estas regiones han servido para diseminar redes viales y férreas e incluso aeródromos con el único propósito de alimentar políticas extractivistas, que la antropóloga colombiana Margarita Serje de la Ossa denuncia que han venido respondiendo a “…necesidades de penetración y de control del centro más que a la lógica de los intercambios locales o regionales”. Para paliar esas anomalías y deformaciones históricas, económicas y culturales, el ingeniero brasilero Batista da Silva (1996) viene sosteniendo desde hace veinte años que deben primar objetivos de solidaridad y cooperación y una perspectiva regional geo-económica que reemplace los objetivos de equilibrio político y geopolítico que primaron en el pasado.
Más aún, como sostuvo Lévi-Strauss, las sociedades latinoamericanas han venido experimentando desde un pasado inmemorial una Edad Media a la que –a diferencia de la europea– le ha faltado contar como linaje histórico con una Roma y también con una Atenas, y porqué no con intelectuales de la talla de un Platón o un Aristoteles. Sin embargo, el antropólogo brasilero Viveiros de Castro (2012) nos advierte que los pueblos en la historia de la humanidad no actúan a partir de cosmologías y/o sistemas filosóficos, sino a través “de la práctica, en la práctica y por la práctica”, o con la pura práctica histórica como lo argumentan Hornborg (2005) y Hill (2009) y la escuela sueca de la Universidad de Lund. Esta última ha entablado una vital y trascendental polémica con Fausto y Heckenberger (2007) y la escuela francesa del animismo Descoliano y del perspectivismo de Viveiros de Castro.

Para estos propósitos, el perspectivismo amerindio de Viveiros de Castro –como fruto del giro ontológico en la antropología filosófica– trae a colación el chamanismo Yaminawa del Alto Purús (Brasil), estudiado por Townsley (1993), donde descubre que el mismo no es un discurso o sistema de conocimiento sino un complejo conjunto de técnicas recolectoras etnobotánicas y etnozoológicas dirigidas a conocer y construir un discurso. También los métodos etnográficos, ecológicos y náuticos y las técnicas prácticas etno-botánicas, etno-astronómicas, etno-medicinales y etno-musicológicas fueron utilizadas para elaborar discursos sociales y derroteros navegables en los que incidieron las dinámicas fluviales, y las cosmovisiones amazónicas, chaqueñas y litoraleñas, en sus diferentes vertientes, guayanesa, venezolana, colombiana, ecuatoriana, peruana, boliviana, brasileña, paraguaya, argentina y uruguaya.

Tampoco, sus lenguas y dialectos fueron elaborados a partir de una gramática biológica y genéticamente internalizada (universal), tal como lo sostuvo Chomsky. Por el contrario, las lenguas han sido el fruto de una larga y penosa lucha histórica con el entorno cultural, ejemplarmente ratificado por la singular lengua del grupo étnico Mura-Pirahã-Matanawi, amenazado de extinción, y cuya lengua fue estudiada por Everett (2014), quien con su extraordinaria investigación de campo logró alejar la lingüística del ámbito de la neurociencia y devolverla a la antropología y a la cultura. En esa larga lucha también los dialectos tuvieron lugar. En la frontera del Brasil y Paraguay se habla un pidgin español-guaraní llamado yopará. El pasaje de un dialecto a otro siempre requiere la intervención del español como lengua franca. Sin embargo, ha habido quienes para conocer las diferencias fonológicas o de los tonos requieren que no intervenga lengua franca alguna. En ese sentido, Gómez-Imbert (2011) pudo pasar –gracias al sistema matrimonial exogámico del pueblo tukano y al consiguiente multilingüismo que genera– del dialecto tatuyo al barasano “…sin la intervención del español y lograr así la comprensión de ciertas características como los tonos que habría sido imposible de otra manera”.

Amén de estas consideraciones de corte epistemológico, en el debate sobre el origen del subdesarrollo latinoamericano ha prevalecido también una hipótesis meramente geograficista que subestima la contradictoria realidad etnohistórica e hidrográfica del continente y le resta fuerza a una conciencia común, a un destino manifiesto, y a un imaginario de expectativas etnogenéticas transformadoras a construir entre todas las naciones de América Latina.

Estas viejas hipótesis historicistas y geograficistas, inspiradas en ciertos determinismos teóricos, históricos y geográficos (Ratzel, Mackinder), en la Escuela de los Anales, y en la obra de Fernand Braudel Felipe II y el Mediterráneo, sostienen que a diferencia de Europa, que por contar con el Mar Mediterráneo, pudo despegar del atraso y el subdesarrollo y alcanzar altos grados de cultura y civilización (con la exclusión del Maghreb en la margen sur del Mediterráneo), Sudamérica, en la América Latina como en el África, al carecer de mares interiores, con cursos de agua que comuniquen entre sí sus regiones más profundas, se han convertido en complejos archipiélagos políticos, demográficos y sociales, sin puentes ni túneles o viaductos que los vinculen entre sí. Sin embargo, la obra previa de Ludwig (1940) contradice a Braudel pues en la construcción del ethos Mediterráneo le otorga al Medio Oriente y al Maghreb un rol de gran significación.

Estos archipiélagos están compuestos por islotes-naciones o ínsulas, entre sí incomunicadas, y transformadas en inmensos cotos de caza donde ha prevalecido una endogamia incestuosa que ha derivado en numerosos chauvinismos y xenofobias, una corrupción galopante, y un atraso intelectual, científico y tecnológico cada vez más acuciante. Cabe detallar que en todos los países que circunvalan la hoya amazónico-chaqueña o chaco-amazónica se ha venido dando una patología nacionalista y xenófoba muy similar, preñada de brasilofilia, venezolanofilia, colombianofilia, ecuatorianofilia, peruanofilia, bolivianofilia, paraguayofilia, y argentinofilia.

Para romper estas corrientes del atraso y producir rupturas epistemológicas que hagan a la modernización y al cambio estamos discutiendo y tratando de aplicar teorías etno-prehistóricas y un perspectivismo amerindio (unicidad del espíritu y diversidad de los cuerpos o multinaturalismo; teorías etno-políticas (sociedades mesiánico-antropofágicas, sin escritura, sin estado y sin moneda); etno-geográficas y etnográficas (etno-cartográficas, transición o continuum entre ceja de selva y piedemonte andino, y entre la amazonía, la sabana, el gran chaco y el litoral mesopotámico); etno-geopolíticas (dualismo geográfico de Badia Malagrida); geológicas (etapas de alza y quietud tectónica, estudios de suelos y lechos rocosos, ríos negros, blancos, verdes y azulados); etno-científicas; etno-sociológicas y etno-culturales.

Entre las teorías etno-científicas debemos estudiar las teorías hidrográficas (estudio de cuencas, caudales, humedales, meandros, desecamientos, inundaciones, y vaguadas o thalweg, redes de drenaje y dragado, orientación o dirección de los ríos, y sus interacciones y articulaciones geográficas); etno-astronómicas o arqueo-astronómicas (etno-climatología, etno-pluviología o conocimientos climáticos ancestrales); etno-cosmológicas (construccionistas, creacionistas, transformistas); etno-biológicas o etno-farmacológicas (virus, hongos, bacterias y parásitos); etno-botánicas (etno-herpetológicas, etno-micológicas); etno-paleontológicas (etno-mamalogía); etno-zoológicas (ornitológicas, ictiológicas, ofídicas, herpetológicas, entomológicas, primatológicas); etno-ecológicas (cultural, antropológica, sistémica, histórica), geomorfológicas (topográficas y estudios de relieve); ingenieriles hidráulicas (canalización en istmos o varaderos y en humedales previniendo desecamientos, controlando inundaciones y erosiones y reteniendo sedimentos); etno-agronómicas (meteorización química de nutrientes en suelos y plantas amazónicas); y etno-medicinales o de antropología médica.

– Por Eduardo R. Saguier
Museo Roca-CONICET

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