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martes, septiembre 29, 2020

Un teatro lleno a punto de danzar

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La Sinfonía concertante de Mozart precisó dos buenos solistas acompañados de una reducida plantilla instrumental. Izcaray se unió manteniendo al grupo sinfónico en un recatado marco sonoro. Izcaray y la orquesta se lucieron con las tres danzas ofrecidas. Finalizó el concierto con dos himnos danzantes.

Salta, viernes 31 de julio de 2015. Teatro Provincial. Solistas: Viktor Muradov (violín) y Aleksandre Urushadze (viola). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Honorario Maestro Felipe Izcaray. El Danubio Azul: Johann Strauss [h] (1873-1943). Sinfonía concertante en mi bemol mayor K.364 para violín, viola y orquesta reducida: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Suite nº 2 del Sombrero de Tres Picos: Manuel de Falla (1876-1946). Malambo: José Alberto Sutti (1926-2001). La Cumparsita: Gerardo Matos Rodríguez (1897-1948). Colombia Tierra Querida: Luis Bermúdez Acosta (1912-1994). Segundo concierto de la visita anual del maestro venezolano Felipe Izcaray, director honorario de la orquesta.

Con un breve y cansino pasaje, comienza el archiconocido Danubio Azul tal vez uno de los valses más famosos del rey del vals, Johann Strauss (h) hasta que de pronto, el ritmo ingresa decidido en un tiempo de danza. El Danubio es uno de los ríos más importantes de Europa en la que atraviesa por varias ciudades y naciones y en su homenaje está escrita la página que intenta describir los vericuetos del río que románticamente se pinta como azul aunque en la realidad muestra un color grisáceo opaco. Aparece oportuno destacar que en Viena, el compositor más popular es precisamente Strauss (h) al cual le siguen en este orden Mozart, Beethoven y Schubert. La pieza es clara muestra de cómo un aire campesino, puede llegar a la corte de los Habsburgo y convertirse en una leyenda que se oye en la mayoría de las fiestas de occidente al punto que la orquesta y su director la exhiben con total conocimiento del lujo de su construcción.

Si bien el repertorio tiene como destinataria la danza en varias de sus expresiones, hubo una excepción. La Sinfonía concertante de Mozart precisó dos buenos solistas acompañados de una reducida plantilla instrumental. Un melancólico e inspirado “andante” fue el bello movimiento central junto a un “allegro maestoso” y un “allegro vivace” final, que mereció la presencia del concertino asistente Muradov reemplazado en esta obra por Inga Iordanishvili, casualmente la madre del viola Urushadze. Mozart explotó timbres, colores, intensidades a cargo alternativo de ambos solistas de muy buen desempeño. Izcaray se unió manteniendo al grupo sinfónico en un recatado marco sonoro. Para la época tiene una extensión desusada lo que no fue obstáculo para mantener vívido el interés auditivo al punto que los solistas entregaron un bis, la famosa Pasacaglia de Georg F. Haendel.

“Casadita, casadita, cierra con tranca la puerta, que aunque el Diablo está dormido, a veces se despierta” es la cuarteta inicial del ballet “El sombrero de tres picos” del estupendo compositor español Manuel de Falla, tal vez, uno de los más fidedignos representantes de la música académica de su patria. Se inserta aquí pues en ella se esconde el meollo principal del argumento del ballet. De él, Falla compuso dos Suites siendo la segunda, la de esta noche, la más atractiva. Izcaray y la orquesta se lucieron con las tres danzas ofrecidas, una Seguidilla, una Farruca y una fantástica Jota cargada de notables contrapuntos enriquecedores del lenguaje ibérico.

Luego una exquisita versión del Malambo de José Sutti, rosarino de nacimiento pero salteño por adopción. Se trata de una imaginativa variante del malambo tradicional, danza varonil de nuestro folclore, magníficamente escrita. Antes de su ejecución, el maestro Izcaray expresó palabras de reconocimiento y homenaje hacia el compositor en la persona de su hijo Marcelo, contrabajista de la orquesta.

Finalizó el concierto con dos himnos danzantes: La Cumparsita, no se sabe bien si escrita en recuerdo de una integrante de alguna cumparsa uruguaya o en reconocimiento a lo que hoy, por decreto gubernamental, se ha convertido en el segundo himno de la vecina nación, para cerrar con una cumbia. La cumbia es un ritmo de la costa colombiana y la escuchada es nada menos que Colombia Tierra Querida en arreglo de Félix Darío Morgan que pensó una poderosa sección percusionista para que nadie olvide su jerarquizado ritmo. En este caso y con justicia, es el segundo himno de Colombia cuya sección sinfónica y sus bateros, nada tienen que ver con lo que en nuestras tierras se conoce con el mismo nombre pero sin la calidad de aquella.

CON LA ORQUESTA MOZART (integrada por niños y jóvenes)

Salta, lunes 3 de agosto de 2015. Teatro Provincial. Orquesta Infanto-Juvenil Mozart. Director Invitado Maestro Felipe Izcaray. Fuga con Pajarillo de Aldemaro Romero (1928-2007). Peer Gynt Suite nº 1 de Edvard Grieg (1843-1907. Sinfonía nº 8 en Fa mayor op. 93 de Ludwig van Beethoven (1770-1827).

Admirador de Bach, formado con líderes musicales de su tiempo, venezolano muy preparado en el arte de dirigir, componer o arreglar música de jazz, incursionó en otros géneros con éxito popular. Su “Suite Venezolana” para conjunto de cuerdas se inicia precisamente con una fuga bachiana insertada en el ritmo del pajarillo llanero. Luego otra suite, esta vez recordatorio de ese personaje de leyenda noruega que fue Peer Gynt escrita por el nacionalista Grieg que compuso una música incidental para la obra del dramaturgo Henrik Ibsen. La suite se desarrolla en cuatro momentos relativamente cortos e intenta describir otros tantos del personaje central. Se destacó por cierto, el denominado Muerte de Ase. Finalmente la Sinfonía nº 8 de una de las bisagras en la historia de la música occidental: Beethoven. Después de su aporte, de su manera de expresar libertariamente su música, nada volvió a ser igual. La octava es una sinfonía optimista que triunfa ante sus adversidades de vida pues ya estaba totalmente sordo. Amable, juguetona, alegre, se da el lujo de homenajear a Johann Mazel inventor del metrónomo en su segundo movimiento que además fue el mejor en manos de la joven orquesta. Hasta aquí el repertorio.

Pero en mi modesta opinión, este fue el justificativo que sirvió para mostrar otros aspectos del concierto. Por ejemplo, la generosidad del maestro Izcaray que siguiendo su vocación pedagógica, condujo al grupo instrumental con un sentido de contribución a su propio desarrollo. Por ejemplo, la seguridad que tengo que algunos de sus integrantes llegarán a la Orquesta Sinfónica local. Por ejemplo, la tarea de su director titular, el maestro Martín D’Elía. Por ejemplo el apoyo de las autoridades al mantener este grupo que en el fondo tiende a representar nuestro futuro sonoro en materia de música académica. Por ejemplo el entusiasmo de los jóvenes integrantes. Por ejemplo el sentir la importancia de ser dirigidos por semejante batuta. Por ejemplo porque todo el entorno y su características son altamente positivos. Por ejemplo porque en el público que cubrió casi toda la platea había familias enteras apoyando la labor artística de un miembro de su clan, poniendo su esfuerzo, sus horas de estudio al juicio de oyentes en general.

Termino, la esperada visita de Felipe Izcaray se enriqueció con esta experiencia que Salta agradece.

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