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domingo, enero 17, 2021

Una obra de teatro llamada Conejito: crueldad, sadismo y perversión

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El sadismo se reduce al ámbito privado de una conejera: así opera el sadismo. La obra se enmarca en un polisémico juego de sentidos que nos doblegan por una causa: la crueldad. Conejito nos revela un mundo en que los hombres son como los conejos.

Todo arte encarna e intensifica las brutalidades subyacentes de la vida para recrear la emoción de la experiencia… Lee Jamieson

He escrito sobre el texto:

Germán Tolaba produjo la obra “Conejito” en el Taller de dramaturgia de Ignacio Apolo y se unió al Grupo Los Mancos del Espanto, en el 2008. El lenguaje de su creatura pinta un mundo destructivo, decadente y perverso en una conejera donde lo que vemos ya no son seres humanos. Lo sexual se torna vicioso, producto de una enfermiza relación con los padres en un ámbito donde matarlos se vuelve psíquicamente posible. El ansia de devorar los genitales es sustituido por la concreción de la penetración anal, acto de violencia y abuso del “dueño” hacia la presa. Los significantes fálicos son amenazantes en un universo sin inocencia, en el que para sobrevivir es preciso matar los sueños del otro. La pasión es caníbal, los mordiscos y el semen son lo único real. Grotescos conejitos se tiñen de rojo en el genuino arte de lo inmoral.

Después de ver la obra

¿Grotesco? No. No me parece. La fórmula expresiva que caracterizaría a esta obra podría ser una: el teatro de la crueldad. Si bien Antonin Artaud usó el término con varios posibles significados, no solamente para referirse al dolor físico o a la violencia y el sadismo, sino también a una forma metafórica de la existencia humana y a ese caos que debía generar el teatro rechazando las formas “occidentales” convencionales y aquel lenguaje que no fuera propio del teatro.

“Conejito” representa la síntesis de lo antitético: ¿puede la pureza de un hombre basarse en su ingenua y consabida homosexualidad? La tesis primera sería: un conejito blanco reblanco, suave, dócil, tierno, es devorado por la lujuria e irracionalidad de un hombre; carne para los lobos… “Conejito” tiene el sema de la docilidad aparente de una bestiecilla inofensiva. Pero como buen animalito que es, come, duerme, defeca y coge.

El lenguaje que ciñe a los personajes (Lucas, Nahuel y Adrián encarnados por Lucas Romero, Ramiro Solá y Germán Tolaba respectivamente) en la puesta dirigida por Germán Tolaba, es el de la violencia, ya no la del erotismo homosexual que propone la dramaturgia. Creo, y en este sentido es una hipótesis, que el director – autor también de la obra- suplantó el carácter sexual por la violencia física. Este acontecer, a mi modo de ver, distorsionó la rareza que la obra exigía en su dimensión más original. Quizás, y es una nueva hipótesis, la difícil representabilidad de la obra le disparó el acceso a lo escénico a través de este reemplazo que mira con naturalidad excesiva el frágil amor entre los hombres, lo que rompe la idea de una sensación transgresora que sí está en el texto.

Tolaba tenía en sus manos una suerte de inmoralidad que cacheteaba a toda la sociedad. En cambio, ahora tiene una muy buena obra sobre el sadismo. Yo me quedo con esa sensación que me ha provocado su escritura rota, su atrevimiento, su sexualidad desbordada, su naturaleza espantosa, su apreciación por un mundo inhumano lleno de traumas y vicios, de padres castradores y de perversas posesiones sexuales. Germán Tolaba y otros, nos constituimos en los Mancos del Espanto por aquel 2008. Celebro que aquella obra extremadamente inmoral haya nacido al teatro, aunque esa creatura loca y antiracional se haya convertido hoy en una gran obra basada en una poética del desamor y la desmesura, acaso, su mejor forma de metamorfo. Nadie más que el propio director, podía matar al escritor…

Excelente actuación de Ramiro Solá (Nahuel, pequeño conejito), objeto de torturas; y muy buen acompañamiento de Lucas Romero (Lucas, hermano de Nahuel) símil verdugo y de Germán Tolaba (Adrián, el mono tabacalero), símil amante. El dispositivo escénico está logrado y nos permite husmear en la conejera de Rivadavia 937, una verdadera jaula. Este conejito, no está precisamente en el mundo de Alicia…

– Foto de portada tomada el 4 de setiembre, 2da. función de “Conejito”

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