«Impugnamos el Materialismo Dialéctico, el Materialismo Histórico y la Economía como ciencia»… «el Socialismo como teoría no sería científico, sino deconstructivo o crítico».» El marxismo no es infalible». Se acerca un nuevo libro sobre Marx. ¿Socialismo emancipatorio?
No vamos a decir que Adrián López es Dr. en Humanidades con Orientación en Historia, docente y militante de la CCC, tampoco que es especialista desde la Semiótica General hasta la Audiovisual, entre otras aptitudes, ni tampoco vamos a referirnos a los cinco libros publicados en Málaga – con formato digital- sobre Marx. Lo que sí vamos a contar, es que es un apasionado y fiel lector del amigo de Engels, que se declara marxista del costado más humano y bello de un Karl poco entendido. En términos caseros, sería así: es un tipo más divertido que los aburridos que enfrascan a Marx en tradiciones y vulneran teorías. Y para sumar al repertorio, será publicado nuevamente en Europa. Conversar de ciertas cuestiones, digamos así, filosóficas, es largo de asir, por lo que Salta 21 publicará en dos partes la entrevista y anticipamos que en la segunda, surgen nuevas ideas que siguen en ese tren: desestructurar.
Deshojando, no precisamente margaritas
Adrián, para entrar en contexto y para que nuestros lectores puedan acceder a cierto “didactismo” práctico, me gustaría empezar con tres preguntas básicas: ¿es el marxismo una teoría científica?; ¿se puede objetar el marxismo?; ¿qué es el socialismo y en tal caso, el socialismo libertario?
– A cambio de tus tres iniciales “matadoras” preguntas, te rogaré que me permitás explayarme lo más que sea factible… La consecuencia será que el reportaje se hará largo, pero la ventaja consistirá en que evitaremos atormentar al pobre Marx con respuestas demasiado breves y fulgurantes.
Para Lenin, el leninismo, el marxismo/leninismo, el marxismo en general y hasta para sus opositores y determinado Engels, lo que se engloba muy ligeramente, con el apodo de marxismo, sí es un corpus de teorías científicas. Ese conglomerado estaría integrado por el llamado “Socialismo científico”, el que a su vez, se desgranaría en tres ramas: la Economía marxista o proletaria, el Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico.
La Economía Política marxista, sería no únicamente la crítica o deconstrucción de la Economía Política pre marxista -tanto clásica como posterior a Marx…- sino que la obra del amigo de Engels, sería el punto a partir del cual, la Economía Política se haría genuinamente científica -aquí habría que matizar los asertos un poco más, dado que Smith y con mayor razón, Ricardo, son evaluados por cierto marxismo, como ya plenamente científicos, pero es prohibitivo desarrollar tales claroscuros en un reportaje que aspira a ser una charla amena, aunque sin sacrificar nada de lo “profundo”….
Adrian_Lopez.binPor su lado, el Materialismo Dialéctico sería no sólo la aceptación que las “leyes” de la Dialéctica son generalizables a campos tan dispares como el funcionamiento del lenguaje, la lógica del pensamiento, la dinámica de la energía, la naturaleza de la materia, el estatuto de la vida y el funcionamiento del universo todo, sino la conversión de la Filosofía en Filosofía científica.
Por fin, el Materialismo Histórico sería la aplicación de los principios dialécticos al análisis de los procesos históricos. Hasta acá entonces, lo que proferirían Lenin, los leninistas, los marxistas-leninistas, determinado marxismo y salvando detalles, algún que otro Engels. Me explico un poco sobre esa afirmación: si bien el compañero de Marx, suscribiría hasta cierto punto, lo de la Economía marxista en tanto Economía científica y lo del Socialismo científico, en ningún texto suyo sostiene explícitamente, que habría un Materialismo Dialéctico y un Materialismo Histórico.
En torno al primero, lo que apenas sugiere, aunque ello sea bastante…, es que acaso haya una dialéctica en la Naturaleza -ir al Anti-Dühring y a Dialéctica de la Naturaleza. En cuanto a lo del Materialismo Histórico, afirma que la concepción suya y la de su hermano de luchas, es un boceto de cómo podría explicarse la historia humana por acontecimientos meramente humanos, es decir, sin la acción de ninguna trascendencia -Dios, etc.. Por ende, lo que existe es una perspectiva materialista sobre el acaecer histórico, materialismo que no radica en la primacía de la materia sobre el resto de lo social, sino en el hecho de que la Historia es historia humana y es pasible de explicación -acerca de todo eso habría que enunciar mucho, muchísimo más, pero ya es abundante, para una entrevista, lo que llevo desempolvado hasta aquí…
Previo a avanzar, debiéramos recuperar el aliento y dilucidar qué es la dialéctica. Acá pulsa una enorme barrera, por cuanto Hegel, que es uno de los intelectuales que más sistematizó la lógica de la dialéctica, posee varias clases de interacciones en su trayectoria filosófica. La que más se conoce, es la que se divide en tesis, antítesis y síntesis o con mayor exactitud filológica, en afirmación, negación y doble negación. Un ejemplo trivial de esa dialéctica sería que un adolescente -momento de la antítesis- es un futuro adulto -instante de la síntesis-, que dará “origen”, cuando posea descendencia, a niños -momento de una nueva tesis.
Pero esa interacción en tres partes o tripartita, no es la única en el viejo Titán; hay otras. No las explicaré una por una; no es imprescindible, pero sí remarcaré que si existen múltiples dialécticas en Hegel, ¿cuál es la que recibe Marx? Lenin y el leninismo, sostienen enfáticamente, que es la interacción tripartita. ¿Es así? ¿Y por qué? Lo que opino y que no puedo demostrar con rigor en el reportaje, es que la dialéctica que impacta en el amigo de Engels es una interacción no tripartita, que Hegel alude en su vol. II de la Ciencia de la Lógica, una dialéctica que puede detentar un número indeterminado de instantes -4, cinco o más. ¿Y si en Marx hubiera influido esa interacción extraña, algo “aberrante”, propia de un Hegel “tardío”, al que sí conoció el compañero de Engels? Las estribaciones de ello son sinceramente, gigantescas.
– En primer término, la dialéctica no se cristalizaría en una Síntesis, sino que se desviaría, alejaría, curvaría de una especie de resumen que compactaría el derrotero anterior.
– En segundo lugar, la interacción no iría inexorable y previsiblemente, de una tesis a una doble negación, sino que desembocaría en un cuarto momento, que sería el del desvío de la síntesis, instante que sería a su vez, el de lo no previsible.
– En un tercer momento, la dialéctica sería una interacción de lo complejo y de la complejidad.
Ahora bien; como marxista libertario, anarcomunista, rechazo la interpretación leninista alrededor de Marx y acepto una que acoja con hospitalidad, la dialéctica del Desvío, de la Incertidumbre.
Para esquivar una argumentación eterna, apelo a la reticencia del mismo Engels de hablar decididamente, de un Materialismo Dialéctico, que sería responsabilidad directa de los marxistas rusos -en particular, Lenin-, y de un Materialismo Histórico. Ello se refuerza con los “vórtices” que da Gramsci, para no caracterizar al pensamiento de Marx, de Materialismo Dialéctico o de Materialismo Histórico -él habla de una Filosofía de la praxis… pero ¿hay Filosofía en el amigo de Engels?
En lo que se refiere a la presunta Economía científica marxista, el razonamiento completo sería muy enmarañado de desplegar ahora, pero adoptaré un atajo. Si en alguna medida se puede asumir que Marx critica la Economía de su época, ese gesto puede ser porque quiere fundar una ciencia o bien, a causa de que desestima que la Economía pueda ser una ciencia. En cualquier circunstancia, no está claro que desmantele la Economía porque anhele sí o sí, echar los cimientos científicos de la Economía. Quizá se podría creer que como primer pensador del fin de la economía, de que en la Historia lo económico no tenga la preeminencia que hasta ahora, tuvo, no podría tener interés en fundamentar la Economía en ciencia. Si lo efectuara, continuaría conservando lo económico en cuanto algo esencial, nada más que esta vez, en el plano del pensamiento, de lo abstracto, de las ideas. Y lo que Marx trata de hacer es mostrar que en la Historia de la especie, factores como la economía y el trabajo, deben dejar de ser los látigos que flagelaron la vida de los agentes. Esto es, economía y trabajo, ya no serán un elemento causal en la Historia a partir del socialismo -por eso es que no hay economía socialista ni trabajo socialista…
Entonces, ya impugnamos el Materialismo Dialéctico, el Materialismo Histórico y la Economía como ciencia; ¿sería el Socialismo, científico? Tampoco, aunque resulte un escándalo para determinados marxismos/leninismos, como el maoísmo o el trotskismo.
En el Anti-Dühring , su autor habla de socialismo crítico; Marx, igual. Por ende y dejando de lado las ocasiones en que Engels sí limita el Socialismo a ser científico, el Socialismo como teoría no sería científico, sino deconstructivo o crítico. ¿Y cuál es la diferencia? Que la crítica se maneja con parámetros más flexibles que la ciencia y puede desmantelar la razón y la racionalidad, empleando en simultáneo, la razón para ello; id est, la crítica es apta para cierta habilidad de “curvatura” que le permite socavar a la ciencia, a la razón, a la política y a la crítica en sí. En palabras directas, la deconstrucción puede criticarse a sí misma.
Respecto a si el marxismo puede ser contrariado, eso depende de la tradición marxista que escojamos, Romi. Si somos leninistas recalcitrantes, al extremo de ser extremistamente leninistas y perseguidores de cualquier nacimiento -como lo fueron conmigo, muchos de quienes se reclaman leninistas…- el marxismo es infalible y entonces, se vuelve atacable por los Popper o los Bunge. Si no practicamos ninguna ortodoxia, si adoptamos el lema de Marx sobre que de todo se tiene que dudar, incluso de la duda y de quien duda, obtenemos por el contrario, un marxismo intrincado y refutable. Por ello es que sostengo, contra el enojo de los seguidores del bleuf Morin, que el compañero de Engels, es uno de los fundadores del Pensamiento de la Complejidad -los otros serían Hegel y determinado Nietzsche, un cierto profeta del Zarathustra menos estólido que sus cultores vernáculos, que pasan de deleuzianos, foucaultianos y lo que sea, a lo que fuere rentable, e. g., “repentinamente”, barthesianos, greimasianos y hasta “versados”/verseros en Psicoanálisis, cuando años atrás se burlaban a mandíbula batiente de esas tendencias; fui testigo de ello.
Por último, un socialismo emancipatorio implicaría un socialismo con “s” minúscula o, en términos de Gilles Deleuze -que, como estudiante de grado, allá por 1988, fui uno de los primeros en introducir en la Facultad de Humanidades, a la par que el Lic. Lovisolo hacía lo propio- un socialismo “menor”, no trascendente, no moral, no ético, no moralista, no eticista, no autoritario, no dogmático, no molar, no ortodoxo, no mecanicista, no determinista, no causalista, no economicista, no filosófico, no científico y sí – siempre, siempre- hondamente, profundamente, bellamente, profanamente, crítico.
Ya nos aclaraste que no sos marxista leninista ni soviético, que no sos antileninista. Creo que tampoco serías un marxista ortodoxo. Y como para recuperar puntos en común: ¿por qué te definís marxista?
– Pregunta tan laberíntica como la anterior y que exigirá alguna paciencia, dado que la contestación no puede ni tiene que ser lineal. Una buena entrevista es aquella que, a pesar de no ser agresiva y de ser respetuosa para con el otro, lo coloca en “aprietos”, lo obliga a pensar. Te ruego pues, que seás permisiva conmigo, Romi…
¿Quién podría, legítimamente, proclamarse, reclamarse y declararse marxista? Eso supondría y no por macanear, que se sabe de antemano lo que habría que concebir por “ser marxista”, lo que no se halla en absoluto, claro. Por lo demás y en simultáneo, implicaría que uno desea identificarse con algo y ese maravilloso, poético Marx al que reivindico -porque respira verdadera poesía, elevada literatura en él, en sus escritos, incluso, en los que parecen menos poéticos, al estilo de Teorías sobre la plusvalía o El capital– anticipó que el nombre, aquello que nos identifica, lo que nos convoca, con lo que nos sentimos en familia, con aire de familia, no es sino una mentirosa ficción. “Ser marxista” supondría por tanto, declamar alguna imposibilidad de serlo consecuentemente.
Por el otro, y en mi juego expositivo imito –no me avergüenza…- a determinado Derrida, de quien apenas si puedo escribir su patronímico sin emocionarme, algo que no me ocurre ni con el amigo de Engels, lo que es decir, y por eso, no he podido ni enseñar nada en torno a Derrida ni estampar, rojo sobre blando, mucho acerca de él, a quien conocí por la doble influencia del Dr. Piñeiro y de la Prof. Amalia Carrique, no proclamarse marxista implicaría cierta “economía”, determinada estrategia reaccionaria, conservadora, “fouchista”, calculadora, fría, casi inhumana.
Sumado a lo anterior, en ciertas ocasiones, más por la coyuntura que por presentar mis “credenciales” de supuesto revolucionario…, tuve que esparcir, “sí, soy marxista, a pesar de la mofa que me dedican desde la altivez de su accionar autoritario, estrecho, dogmático, estúpido”. Aun cuando resulte “provocador” -a alguien como un Vizcacha, tan escudado como se encuentra…, todo o casi todo, le puede aflorar una “provocación” infantil- estoy seguro de ser uno de los pocos en el Noroeste argentino, que le dedicó 21 largos y penosos años, al estudio sistemático de la obra de Marx y de lo que podríamos denominar tradición marxista -y no obstante, los leninistas locales y localistas, que hacen un elogio de la salteñidad “al palo”…, se burlan una y otra vez –ninguno de ellos cuenta en su haber, con 5 libros ni en torno a Marx ni alrededor de lo que fuere…
Entonces, sí, en alguna escala, soy un seguidor de un Marx que no fuera leninista, soviético, marxista/leninista, cerrado, obtuso, autoritario, dogmático, seguro de sí (y lo enuncio siendo consciente de lo que acabo de cincelar más arriba), imprudente, profético, intolerante, mesiánico, impaciente, etc.
¿Cuáles son a tu criterio, los 10 puntos claves para entender el marxismo?
– Otra vez, habría que responder de acuerdo a un “Decálogo” que fuera fiel a la tradición ortodoxa, leninista, marxista-leninista, etc. Y a la par, en el mismo registro deconstructivo, otra “lista” que no sería, no tendría que ser ni un “Decálogo” ni una “lista” de cosas para comprender “El” marxismo (¿cuál?…). Habría que principiar por sentar que debemos desconfiar de los que vienen a decirnos, “miren; Uds., todos, estuvieron equivocados; a Marx tendríamos que entenderlo así o asá; éste es el genuino Marx, pues yo soy su heredero; soy quien lo leyó de cerca, verdaderamente”, al igual que lo sostuvo Lenin contra quienes esgrimían tamañas pretensiones, en sus Cuadernos Filosóficos.
Por otra parte y siempre continuando con una lección derrideana a la hora de ex/poner cuestiones álgidas, sería una dejadez y hasta un crimen, no procurar enunciar en qué consistiría un marxismo que no fuera autoritario, leninista, no soviético -y lo repito de nuevo…- no causalista, no molar, no determinista, no mecanicista, no economicista, no lineal, no filosófico, no metafísico, no ideológico, complejo, abierto, plural, capaz incluso, de sobrevivir a Marx, de hacer posible y deseable un marxismo “más allá” de Marx, pero of course, no a lo Toni Negri ni a lo “Bobo” -perdón, Bobbio… –esos “compañeros” sólo pueden ser alabados en una facultad mediocre como la de Humanidades.
¿Y entonces? Por lo esculpido, debiera arriesgar algo, conservando al mismo tiempo, la condición de no extraviar al amigo de Engels en afirmaciones escolásticas, en definiciones taxativas, imperativas, tal cual lo apuntó en una lejana época aunque por otros motivos, la Prof. Susana Rodríguez de la Escuela de Letras de la UNSa.
Lo primero que se me ocurre pues, es sugerir -no es un consejo; no me gustan los consejos; ni darlos ni recibirlos, tristemente, me veo en la situación de soportar a los que “saben vivir” y que todo el tiempo ofrecen consejos- que se lea a Marx y que se deje a un costado la tradición leninista, a fin de llegar a él, a ese otro casi absoluto que es Marx, sin las anteojeras de Lenin, que hizo lo suyo, pero que arribó hasta donde lo permitió la Historia, que siguió después de él, como continuó luego del compañero de Engels. Y para no olvidarme de ese tierno amigo, de ese hermano que no tuve, puesto que soy el primogénito -con lo que ese lugar familiar implica- diría que también hay que leer al viejo y cansado Engels, que volvió marxista a Marx y lo convirtió en engelsiano el resto de su delgada vida. No fue para nada un segundo violín, a pesar de los yerros o de lo que podrían evaluarse, modestamente, dislates; sus contribuciones son geniales y no había que esperar a Bunge para reconocerlo -creo que sus objeciones a la Termodinámica son válidas, aunque no puedo ingresar en ese terreno, ya que exigiría un despliegue tan largo como el que nos embarca, sí, en deriva hacia un océano de playas infinitas.
Habría que consultar a Marx y Engels, olvidando los temas económicos y aparentemente, filosóficos, concentrándonos en sus lados poéticos, en lo hermosamente “irracional” de ellos; habría que efectuar una lectura “sintomal” o “psicoanalítica”. Por eso, no bastan ni Marx ni Engels para elaborar otro marxismo plausible y anhelable; son necesarias la Semiótica, la Literatura, el Teatro, el Psicoanálisis, lo mejor del posestructuralismo, Borges -a pesar de Huaty- etc.
– Segunda parte de la entrevista:
Contra los verduleros del saber: Adrián López en daguerrotipo “marxiano”
http://www.salta21.com/Contra-los-verduleros-del-saber.html
Adrián López: «ese otro Marx, sin las anteojeras de Lenin»
Al reencontrarme con las páginas de Salta 21, luego de sus merecidas vacaciones, me vuelvo a sorprender, gratamente, como en oportunidades anteriores, con las más variadas notas de interés general y cultural.
Me alegra mucho, y felicito a la gente de Salta 21 por esta nota con Adrián López (del cual, aunque se dice no decir mucho, se dice un montón, y él dice mucho más, por suerte para todos), en especial cuando tiene como “pretexto” al “amigo”, al “compañero” de Engels.
Como bien expresa José Pablo Feinmann, hablar de Marx en la Argentina no es lo mismo que hablar de Marx en la Sorbona o Harvad… Hablar de Marx es tener un poco de miedo o recordar el miedo. Recordar que en una denominada lucha contra el marxismo internacional se mató a demasiada gente…
Este artículo es merecidamente “un júbilo de la vida democrática argentina”.
Reitero mis congratulaciones, y ¡Que aiga Salta 21 para rato!
Dalilo Vica
«Se dice de mí…»
Como hace unos días y mientras checaba si el FISYP había subido la primera parte del reportaje (lo que ya se concretó…), me di con un cálido comentario de un tal Vica, a quien le agradezco desde ya, su buena onda, tan «difícil» de lograr conmigo, siempre que se vaya medio mal parido a un posible encuentro.
Sin embargo, lo que tipeó Vica desmiente que con todo el mundo me pelee, me lleve mal, etc., etc., tal cual repiten lamentablemente, algunas militantes por los DDHH de comprometida trayectoria, de la estatura política de Nenina Lescano.
Confirma por igual, que de mí se habla y mucho, mucho, como anoticia Vica, lo que es prueba colateral de la escala en que se expandieron los efectos del hostigamiento laboral en la UNSa. y del grado de ostracismo que me hacen padecer quienes se «prenden» en las sandeces que circulan acerca de mi
persona, sin haberse dado tiempo siquiera, para entablar alguna charla conmigo o para interiorizarse de mi situación, preguntándome también a mí lo que me parece que ocurre, sin quedarse con una versión unilateral de las cosas, al estilo de la que sigue difundiendo la ex Decana de Humaniades, Lic. Catalina Buliubasich y unos cuantos más, como el maestrando y Lic. Jorge Ramírez, del gremio ADIUNSa.
Cordialmente,
Adrián López
DNI: 24.138.809
Devenires…
Hola Adrián,hola a todos:
Particularmente hoy,quiciera esmerarme, en poder estar a la medida emocional, para poder acercarle unas palabras a mi amigo Adrián.
Podría decir ,que de ningúna otra persona ,he aprendido a ver como en Adrián, la encarnación en la palabra de una teoría que se convirtió en gran parte de su vida. Adrián vive el Marxismo como una páxis y como un romance social, que ha estado presente en su vida ,casi a diario.
He podido ser testigo de su predisposición a la hora de ayudar al más necesitado,a la hora de respetar su convicción aun en las peores condiciones,y a respetar al otro, con el ánimo de ayudar. Ayudar al otro que anda solo,al que anda sin voz,al que anda explotado y confuso.
Lo he visto llorar,reír y creer. Otras veces,lo he visto vivir,morir y volver a nacer.
También lo he visto equivocarse,pero a él particularmente,ésto de equivocarse,no se le perdona…
Muchos,se rasgan las vestiduras quedando bien en todas partes…,pero a mi amigo,lo he visto rasgarse el corazón más de una vez.
Con cariño.Fernando