Con lágrimas en los ojos, María Fernanda Bruno homenajeó a las madres en su día, con el “Reverie” de Schumann. Estuvo presente su hija. Lhez mostró perfección técnica en su exultante conducción.
Salta, jueves 13 de octubre de 2011. Teatro Provincial. Solista: María Fernanda Bruno (piano). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Mº Jorge W. Lhez. Burleske para piano y orquesta op. 11 de Ricardo Strauss (1864-1949). Sinfonía nº 8 en Sol mayor op. 88 de Antonin Dvorák (1841-1904). Aforo 75%.
Aún sigo sin comprender porqué el piano que se encuentra en el teatro sigue estando allí y no fue cambiado por el Steinway de la provincia que a pesar de necesitar una intensa reparación sigue siendo un instrumento noble. Sin embargo primera circunstancia: Bruno sacó de ese piano el mejor sonido posible superando largamente solistas anteriores y lo hizo en una obra de tremendas dificultades como lo es la poco transitada “Burleske” del alemán Strauss. Su primer nombre fue el de “Scherzo» en re menor, pero luego el autor cambió de idea y revisó el original denominándolo “Burleske”. María Fernanda Bruno con quien tengo acuerdos y disensos, aunque respeto totalmente, se animó a hacerla. Resultó un brillante trabajo de la actual directora del departamento de Música de Cámara de la provincia que incursiona en lo que muchos afirman se trata de una parodia de Strauss sobre la música de Wagner y Brahms. Si esto es así, debo confesar que al final el autor produjo un trabajo de veinte minutos de música superior hecha a despecho de su juventud. Uno de los aspectos más destacados de otros, es la combinación Bruno – Lhez, la orquesta y en especial el percusionista Martín Misa que se llevó lauros por su aporte a la pianista. También destacables un lied, una cadenza, un romántico vals previos a un apoteósico final.
Emotiva y sorpresivamente apareció en medio de atronadores aplausos, la hija de la solista que vive en Buenos Aires y que decidió venir a escuchar a su progenitora. Con lágrimas en los ojos, María Fernanda Bruno homenajeó a las madres en su día, con el “Reverie” de Schumann.
Luego vino una vibrante versión de la octava sinfonía del checo Dvorák que la orquesta había hecho en 2008 ante muy poco público. Esta traducción de Lhez no tiene nada que envidiar a aquella conducida por la experimentada Ligia Amadío. Tuvo la ventaja de un teatro de buen aforo, Lhez mostró perfección técnica en su exultante conducción. Disfrutaron todos con un poderoso “allegro con brío”, un atractivo “adagio” seguido de un “allegretto – molto vivace” para terminar en un “allegro” cargado de variaciones donde el autor exhibe sin tapujos el valor de motivos netamente checos. Atento a otros trabajos de Dvorák, se puede decir que en éste, su construcción esta cargada de ternura, paz, tranquilidad. Iniciada la composición y terminada la instrumentación en apenas setenta días, da la sensación que la obra estaba íntegra en su intelecto y que el tiempo transcurrido era solo el necesario para plasmar en el papel lo que ya estaba en su mente.
Resumen, Bruno entregó su mejor pianismo, Lhez logró sutilezas, dinámica, seguridad y gozo no muy habituales. Me fui íntimamente satisfecho.