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jueves, octubre 1, 2020

Caín y el Antiguo Testamento

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Lo único hermoso, bello, genuinamente humano y por eso, divino, que Caín experimenta es su loco amor por Lilith –es que el amor suele ser revolucionario. Todo lo otro es una larga cadena de historias espantosas…

Vos, dios, sos el dueño soberano de todas las cosas “[…] pero no de mi persona ni de mi libertad […] Benditos sean los que eligieron la sedición porque de ellos será el reino de la tierra […]” CaínSaramgo, p. 39

Aunque me preocupo de incrementar día a día mis tenues conocimientos, en particular, en el ámbito de lo que tradicionalmente se denomina “Literatura”, a veces tardo en arribar a ciertos autores. Ese fue el caso con el genial escritor José Saramago, al que recién pude acercarme en 2010, con la edición de sus novelas por parte del reaccionario diario La Nación. Sabía de él por sus declaraciones jugadas, profundamente políticas, de una izquierda luminosa, respecto a multitud de temas como la globalización o “bobalización”, la contaminación –ir a https://www.salta21.com/Toynbee-y-el-Apocalipsis-de-la.html, la vigencia de determinado Programa socialista, etc., algunas de cuyas opiniones pueden rastrearse por Internet, esa gran biblioteca.

Sin duda y no únicamente por los desajustes de la traducción, la escritura del Premio Nobel de Literatura es extraña: no sólo porque es un fluir continuo, en la que en raras circunstancias se permite una puntuación estándar y en la que los nombres propios son puestos en minúsculas, sino por el modo de desarrollar el relato. Es como si hubiera grandes “bloques” que van desplegando un eje o isotopía, que luego se curva de forma repentina y que termina sorprendiendo con el final –siempre. No escapa a lo que acabamos de cincelar con grande esfuerzo, a pesar de lo modesto que esculpimos, esa magnífica novelaensayo, novelayensayo que fuees Caín, que habla justamente, de las “aventuras” vividas por el hermano de Abel a lo largo de las principales fábulas del Antiguo Testamento, ese Libro de los disparates –tal cual lo enuncia el mismo Saramago– y que, a pesar de la risa orgásmica y de la fina ironía, nos termina por dejar un mal sabor de boca (apenas si puedo con la amargura, la tristeza).

Lo único hermoso, bello, genuinamente humano y por eso, divino, que Caín experimenta es su loco amor por Lilith –es que el amor suele ser revolucionario. Todo lo otro es una larga cadena de historias espantosas, en las cuales el dios cristiano se revela capaz de ser hábil para lo peor, lo malo, lo terrible y la crueldad –los judíos, el pueblo “elegido” por ese arbitrario y caprichoso dios, son aptos para las más espantosas venganzas en nombre de su nombre (no sé cómo es que Saramago se libró, algo que quizá no me ocurra a mí…, de ser acusado de anti semita, puesto que la denuncia contra las masacres de las que fueron –y son– capaces los judíos, es contundente).

La novela ensayo, sugiere con sus ritmos, con su escritura que la novela puede ser tan real como las mismas historias que se detallan en el Antiguo Testamento, pero mostrando que son más humanas, en el sentido de que no es posible que el dios cristiano exista y que sea bueno, paciente, considerado –es un dios infantil, déspota, sordo, atiborrado de vanidad, monstruoso (podría decirse entonces, que es una cuestión de humanismo no creer, no poder creer en semejante dios, que es capaz de pactar con el diablo para jugarse a los dados la túnica de la humanidad crucificada por una “desobediencia” ridícula –la de no comer de la famosa “manzanita”).

Si el Antiguo Testamento es verdad, no es factible poder aceptar a un dios vengativo, iracundo, presto a ser fiel a sus amenazas y en sus amenazas –como sostuvo Lacan, ese gran disidente, en más de una ocasión. Si el Antiguo Testamento es una ficción, una colección de historietas absurdas, hay que renegar de los autores de tal apología del “delito”, relatada como si se pidiera un vaso con agua (tal cual lo dice José).

La coronación de las “tesis” de CaínSaramago, de lo que imagino que enuncia o de lo que le hago decir, no es menos genial pero convido al lector a que se anime a aproximarse a la obra, que es breve, a pesar de la fe que lo sostenga, incluso, si es materialista –un materialismo consecuente, emancipatorio, liberador, crítico, menor, no es una fe, precisamente.

Tampoco son el hombre, los hombres un dios, un nuevo dios para Saramago. Todos los dioses y demonios, sumado el hombre, deben ser derrocados –para poder vivir en paz, ni dios, ni Satán, ni hombre… (he llorado, sí, por las terribilidades que no nos prohibimos, en lugar de elegir la belleza o su otro costado, el de la gloriosa libertad ácrata). Brindemos por el fin del Antiguo Testamento y por el amor de Caín y Lilith –quizá su voluntad de orgasmo nos emancipe de tanta tragedia (¿por qué el Apocalipsis si ya estamos deshechos?…).

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