Domingo 9 de diciembre a las 19 horas en el Salón Victoria del Teatro Provincial.
Los exitosos y siempre convocantes conciertos de música de cámara que presenta la prestigiosa Camerata Lazarte culminarán en Salta el próximo domingo. En cumplimiento de su Temporada 2012, auspiciada por el Ministerio de Turismo y Cultura, estrenará de Max Reger las Serenatas para Flauta, Violín y Viola Opus 77b en Re Mayor y Opus 141ª en Sol Mayor. Participarán Gerardo Solórzano en violín, Juan Pablo Juarez Biasuso en flauta y las violistas Marina Jara e Isabela Lemos. Como en todas las presentaciones de la Camerata Lazarte, la entrada a este concierto tan singular es libre y gratuita.
El gigantesco legado musical del bávaro Max Reger se revela engañoso pues a sus 146 números de opus –que en ocasiones abarcan varias decenas de composiciones– deben sumarse otras muchas páginas sin numerar, lo que viene a contabilizar la insólita cifra de un millar de obras, escritas a lo largo de poco más de un cuarto de siglo, en donde todos los géneros, a excepción del operístico, tienen cabida. En Criterios para la valoración de la música, uno de los ensayos incluidos en El estilo y la idea, Arnold Schönberg señala: “Durante mucho tiempo desdeñé la música de Gustav Mahler, hasta que aprendí a entenderla y admirarla. Dije una vez: ‘Si lo que Reger escribe es contrapunto, entonces lo mío no lo es’. Estaba equivocado: lo era en ambos casos”. A lo que añade: “En mi opinión, Reger es signo del mayor interés. Personalmente, creo que es un genio”.
Considerado hoy por muchos como un compositor en exceso escolástico y conservador, una suerte de artesano neobarroco trasplantado a las postrimerías del Romanticismo al que su inmoderada afición por el alcohol acaso enturbiara su capacidad final para poner cierto coto autocrítico a una fecundidad desmedida, el paradójico y complejo Max Reger continúa siendo una figura difícil de clasificar.
Tres corrientes alimentan el poderoso caudal camerístico regeriano: la romántica, heredada de Brahms y propulsada mediante el uso del cromatismo wagneriano hasta las fronteras de la atonalidad, la neobarroca, aderezada por una rigurosa escritura contrapuntística, y la de los años finales, que vuelve la vista hacia un refrescante neoclasicismo de cuño mozartiano. El abultado catálogo de cámara de Max Reger acoge dos Serenatas para flauta,violín y viola.
A diferencia de sus obras más expresionistas, masivas y desgarradas, la dos Serenatas aparecen bañadas en una atmósfera soleada y amable, luminosa y despreocupada. La primera Serenata Opus 77b en Re mayor está escrita en 1903. En la primavera de 1915, trece meses antes de su temprana muerte, compone Reger su Serenata nº 2 en sol mayor, op. 141a. Residente en Jena, su cargo docente en el Conservatorio de Leipizig le permite entonces dedicarse a la composición sin excesivos apuros económicos. Como no ha de acudir a Leipzig más que una vez por semana, Reger encuentra al fin -por primera vez en su vida- “la paz y la libertad interiores propicias para el trabajo”. La Serenata en sol mayor es un ejemplo preclaro de las características que definen lo que el propio músico llamará “estilo libre de Jena”, típico de su última –y demasiado breve– manera compositiva: simplicidad absoluta, transparencia en las texturas instrumentales y rechazo de la compleja densidad posromántica, equilibrio entre homofonía y polifonía y libertad en la escritura melódica (lo que Schönberg denominará como “prosa musical”). En su último período, Reger traduce la vieja tradición musical en un idioma nuevo alimentado por la consonancia clásica de Mozart y Beethoven, la disciplina contrapuntística de Bach y el aporte romántico de Brahms, uno de sus modelos constantes.
Dos son los modelos a los que acude Reger para moldear su Serenata nº 2: el Divertimento para cuerdas K 563 de Mozart y la Serenata op. 25 de Beethoven, escrita también para flauta, violín y viola. El sentido tímbrico mozartiano, las curvas melódicas beethovenianas y la asimetría de los períodos musicales utilizados por Brahms en sus melodías son algunos de los elementos que el músico adapta y asimila a su propio lenguaje.
Johann Baptist Joseph Maximilian Reger nació en Brand, Baviera el 19 de Marzo de 1873, estudiando música en Múnich y Wiesbaden con Hugo Riemann. En 1901 se instaló en Múnich, donde de dedicó a la enseñanza del órgano y composición, y desde el 1907, trabajó en Leipzig, donde fue director musical de la universidad hasta 1908 y profesor de composición en el Conservatorio Felix Mendelssohn hasta su muerte. Entre sus alumnos hay que destacar a Joseph Haas y a George Szell. Tuvo una intensa actividad como director de orquesta y pianista. Desde 1911 dirigió la orquesta de la Corte de Meiningen hasta que fue disuelta en 1914, momento en que se trasladó a Jena. Murió finalmente de infarto de miocardio en Leipzig el 11 de Mayo de 1916. Durante una vida creativa de poco más de 20 años, Reger produjo una gran cantidad de obras en todos los géneros (con la excepción de ópera), casi siempre usando formas abstractas, aunque muy pocas de ellas son conocidas hoy en día.
Muchas de sus obras son en forma de fuga o variaciones, incluyendo la que probablemente es su obra más popular: Variaciones y Fuga sobre un tema de Mozart (basada en el tema inicial de la Sonata para piano, K. 331 de Wolfgang Amadeus Mozart. También dejó una gran cantidad de obras para órgano, incluyendo la Fantasía y fuga sobre BACH (esta pieza, basada en el Motivo BACH se considera una de las más difíciles del repertorio del instrumento). Se sintió particularmente atraído para la forma fugada durante toda su vida, incluso declarando: «Otros componen Fugas – Yo vivo en ellas». Fue un firme abanderado de la música absoluta, y se veía a sí mismo como parte de la tradición musical de Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms. Su obra combina a menudo las estructuras clásicas de estos compositores con las armonías extendidas de Franz Liszt y Richard Wagner y el complejo contrapunto de Johann Sebastian Bach. Su música para órgano, también influida por Liszt, es hija de esta tradición.
De sus obras orquestales, las ricamente elaboradas Variaciones Hiller y las Variaciones Mozart son las más rememoradas; de la música de cámara los ligeramente texturados tríos se han hecho un hueco en el repertorio, junto con algunas obras para instrumentos de cuerda. Sus últimas obras para piano, o dos pianos, le sitúan como sucesor de Brahms en la tradición musical germánica. No se puede decir que sus obras fueran revolucionarias, ya que pueden ser consideradas como una consecuencia del desarrollo de las formas clásicas, como la fuga y el bajo continuo. La influencia de este último puede escucharse en las obras de cámara que son profundamente reflexivas y originales.