Condición actual de los actores de la educación: ¿una nueva lectura antropológica?

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La realidad del ser humano en su actualidad y en su misma esencia.

El hombre frente a una nueva era:

“Los interrogantes radicales que acompañan desde el inicio el camino de los hombres, adquieren, en nuestro tiempo, importancia aún mayor por la amplitud de los desafíos, la novedad de los escenarios y las opciones decisivas que las generaciones actuales están llamadas a realizar”.

(CDSI 16) (1)

Es indispensable reflexionar sobre los actores de la escuela (de manera principal sobre el alumno) y que no es otro que el mismo ser humano mirado desde una perspectiva arraigada en la realidad presente que de hecho es la que se vive en las aulas: ¿cómo se encuentra en la realidad diaria el alumno? ¿Sus dimensiones: espiritual, metafísica, biológica, psicológica y social están en el rumbo de la armonía en la persona o aumenta una especie de esquizofrenia o anarquía existencial en los nuevos tiempos que vivimos? ¿Cómo se maneja en este contexto la enseñanza religiosa escolar? ¿Es fiel al tiempo que se vive?

Frente a este desafío se analiza la cuestión antropológica desde la filosofía para intentar dar un dibujo cercano a la realidad, más que nada, del sujeto de aprendizaje: el alumno.

Los dos caminos: universal y particular

Pensar al hombre es una cosa pero verlo como está posicionado existencialmente en el tiempo presente es otra y teniendo en cuenta esto que no pocas veces se expresa en la historia del pensamiento filosófico antropológico hasta el asombro, se pretende analizar aunque más no sea sintética, simple y audazmente la realidad del ser humano en su actualidad y en su misma esencia… “actualidad” en cuanto a la situación existencial presente vista desde la metafísica tradicional aristotélica y “esencia” desde las consideraciones del orden natural según las enseñanzas del Magisterio Católico.

Las diferentes posturas de la antropología filosófica, en general, dialectizan desde dos posiciones que más que excluirse entre sí parecen incompletas al mirarlas objetivamente y por separado: ¿es el hombre una persona?, ¿es el hombre un individuo?

El concepto” individuo” nos da claridad sobre la esencia del hombre, pero ¿el concepto de “persona” lo complementa o confunde? Es así que Boecio hace hincapié, en su tradicional definición de la persona humana, en la esencia del ser humano (2): “substancia individual”, dice, como remarcando en su postura la naturaleza de la persona humana y de esta manera produciendo una sensación de hombre-concepto en demasía…”substancia individual de naturaleza racional” una definición en exceso conceptual, no por esto desacertada pero de hecho desconectada de todo lo que significa el hombre en cuanto a su dinámica viviente. Como introduciendo al hombre, desde esta definición antropológica, en un frasco conceptual.

Por otro lado Sto. Tomás de Aquino, amplía la definición de Boecio y usa el término “subsistente” (3) con el cual remarca la existencia del ser humano. ¿Por qué? Porque el ser subsistente hombre es el ser hombre en estado actual, no ya una simple esencia o naturaleza discernida desde la razón humana, sino que se enuncia el ser hombre que se mueve, crece, se reproduce, etc… en definitiva el ser hombre “quién es y obra” con libertad.

De esto se llega a dos cuestiones importantes de la persona humana: por un lado, ¿qué es la persona humana? Y por otro, ¿quién es la persona humana?

El “qué” encuentra la repuesta desde el manejo conceptual, como se mencionó al hablar de la definición boécica, sobre la esencia del hombre y el “quién” desde la existencia, como se explica desde la postura aristotélica.

El existir, ex – sistir, implica un hacia afuera en su partícula “ex” y por lo tanto la dimensión relacional de la persona humana (con las cosas: naturaleza, consigo mismo, con los otros y con Dios)… ¿quién es la persona humana?…podríamos decir que es un ser de substancia individual, de naturaleza racional que se relaciona con todo incluso con él mismo. Esto nos lleva a la realidad concreta del ser humano. En este relacionarse el hombre se expande existencialmente, tanto que parece no encontrar límites, como tendiendo paso a paso al infinito.

Ahí está, según lo dicho, el hombre uno en su esencia y potencialmente infinito en su existencia. En esta tensión el ser humano se debate dentro de su realidad no pocas veces en las oscilaciones que van desde el amor al odio, desde la esperanza a la desesperación, desde la vida a la muerte, desde el todo a la nada… Dice Heidegger (4), que la realidad del “dasein” tiene una única certeza frente a infinitas posibilidades: la muerte, pero lo que ahora interesa son las infinitas posibilidades y entre éstas, el ser que es sujeto de aprendizaje, se deja el “ser ahí” de Martín Heidegger y se apunta a quién “está ahí”, en el ámbito de la educación escolar y abierto a la realidad trascendental, entendido este término desde la fe en las cuestiones divinas y de las cuestiones divinas en la historia del ser humano, ya que la trascendencia sin fe es imposible en el ámbito religioso y este ámbito sin su referencia a Dios es totalmente inútil ya que la experiencia religiosa lleva en sí misma una experiencia con Dios, de lo contrario se cae en el campo de lo esotérico, lo supersticioso, lo hechicérico, del curanderismo, etc…

Entonces trascendencia, fe, religión y Dios son cuestiones que se incluyen entre sí.

– Por Hugo Luis Daher

(1) Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004. N/R: Negrita del autor para hacer notar un aspecto nuclear de este trabajo.

(2) Persona – Enciclopedia Católica, ec.aciprensa.com/p/persona.htm

(3) Ib. 2

(4) Heidegger en castellano – Hermenéutica de la facticidad, www.heideggeriana.com.ar/hermeneutica/indice.htm

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