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jueves, enero 21, 2021

Del Enero Tilcareño al Carnaval de la Quebrada

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En el centro de la Quebrada, en Jujuy, el Enero Tilcareño anticipa el Carnaval, tiempo de liberación con desenfreno, jolgorio, risas, amores y magia que subvierte las reglas de lo cotidiano en amalgama festiva de Occidente con la América profunda

Como fiesta netamente familiar y comunitaria, el Enero Tilcareño nació en 1957: el año pasado se festejaron sus primeros 50 años. Se trata de jornadas en las que confluyen cultura y tradiciones, festivales folclóricos, peñas, bailes, copleadas, chayadas, conferencias y exposiciones. La impronta que tomó esta fiesta en la última década al atraer a jóvenes de todo el país no fue su característica original, explica el periodista jujeño radicado en Tilcara Daniel Carrazana.

En su origen se trataba más bien de un tiempo de festejos en familia en torno a antiguas tradiciones locales, con el apoyo de actividades programadas por el municipio. “Queremos recuperar esa característica de la fiesta”, dice Carrazana. En realidad ambas corrientes, la tradicional –familiar y cultural- y la nueva –fiesta juvenil- conviven. Los jóvenes que llegan de Córdoba, La Plata, Tucumán, Mendoza o Buenos Aires terminan bailando carnavalitos en galpones en los que se mezcla la música folclórica con el rock.

Tilcara se convirtió en la Meca de los adolescentes que quieren vivir unas vacaciones distintas en un entorno paisajístico y cultural único cuando se difundió en ámbitos universitarios y secundarios la idea que la Quebrada era un lugar donde se podía disfrutar de un turismo barato y muy interesante. La generosidad y la hospitalidad de los lugareños contribuyó al boom que transformó al Enero Tilcareño en una fiesta de la juventud. Nadie lo programó, se dio así naturalmente.

jpg_carnaval_1-2.jpgEl auge de Tilcara como punto turístico de atracción nacional e internacional –potenciado por la declaración de la Quebrada de Humahuaca en 2003 como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)- provocó una valorización inmobiliaria, una comercialización creciente y un flujo de inversiones en infraestructura y servicios que muchos critican. Creen que el aluvión turístico –paradójicamente- puede poner en jaque a la cultura local para imponer gustos propios del turismo porteño o europeo.

El músico Tomás Lipán y el antropólogo y luchador social “Perro” Santillán ven este proceso con optimismo. No creen que expresiones profundas como el carnaval quebradeño estén en riesgo. En cambio Pilar, una salteña de 26 años, sostiene que todo se está tergiversando. “No voy más a la quebrada, me gustaban las fiestas de antes, ahora el turismo está trastocando todo”, se queja.

La muerte de un joven en una gresca en la plaza de Tilcara en 2002 llamó la atención sobre la necesidad de reencauzar el Enero Tilcareño, luchar contra el excesivo consumo de alcohol y reconquistar aquella tradición festiva familiar en un tranquilo ambiente pueblerino que era parte de su encanto. El intendente Félix Pérez anunció que en esta edición 51 del Enero Tilcareño se realizarán controles para evitar la ingesta excesiva de alcohol y preservar la tranquilidad y seguridad de lugareños y visitantes.

Un indicio de hasta qué punto atrae a los argentinos el Enero Tilcareño y el Carnaval de la Quebrada: las reservas cubren toda la capacidad hotelera tilcareña hasta el 15 de febrero. Sin embargo los dos campings y los hospedajes familiares que se suman año tras año a la oferta de alojamiento –con la posibilidad de compartir con los lugareños sus comidas y costumbres (muchos terminan durmiendo en colchones tirados en el piso de tierra de piezas de adobe)-, más la cercanía de otro pueblito, Maimará, -distante a sólo 6 km- amplían las posibilidades de sumarse a última hora al verano festivo del centro de la Quebrada.

La Troya de América

Tilcara posee una de las ruinas –restos de una antigua cultura prehispánica- más visitadas de nuestro país: el Pucará, donde sus 16 hectáreas de superficie se encuentran en permanente restauración desde que Ambrosseti -quien lo llamó “Troya de América”- lo descubrió cien años atrás, en 1908. Se calcula que entre los siglos X y XIV el lugar fue habitado por omaguacas, tilcaras, uquías y fiscaras, a quienes se debe la mayoría de las toponimias quebradeñas.

Tilcara es un pueblo de callecitas empedradas y pequeñas casas de adobe y tirantes de cardón. En su pequeña iglesia colonial fueron velados en 1841 los restos del asesinado general Juan Lavalle. La honestidad y buena disposición de sus habitantes, que no permitieron que el cadáver fuera menoscabado, no cambió desde entonces: no es extraño que el actual visitante sea invitado a compartir la intimidad de una familia lugareña que de buena gana brinda lo ajustado de sus posesiones.

Del Capac Raimi al Carnaval Quebradeño

El escritor, periodista y titiritero salteño Daniel Sagárnaga, señala a Tilcara como el centro del carnaval quebradero y puneño de Jujuy. La raíz del tradicional carnaval norteño está en el Capac Raimi una festividad de América antigua vinculada a la cosecha. La alegría que brotaba de la tierra debía ser repetida por los hombres para que la prosperidad no desfalleciera. Era obligación la comunión festiva entre los hombres y la Naturaleza.

Tras la Conquista el Capac Raimi se mixturó con elementos occidentales y sobrevivió unida a otra festividad pagana que tampoco pudo ser anulada en Europa: el Carnaval. En los grandes centros urbanos el carnaval se homogeneizó y la globalización impuso su estética. Los festejos originales quedaron relegados a comunidades más pequeñas, dependientes de una economía agrícola.

En el Carnaval de la Quebrada el personaje central es el Diablo, y participa –omnipresente- la Pachamama. Antes de la apertura del carnaval en el “Jueves de Compadres” y el “Jueves de Comadres”, hombres y mujeres se reúnen para cantar en rueda coplas como ésta: “De las penas de este mundo/ una sola es verdad:/ La pena de cada uno/ que no saben los demás”.

El día del desentierro del Carnaval se comparte un almuerzo: chanfaina, picantes varios, asado, choclo, queso de cabra, sopa de cordero y anchi, todo regado con vino, chicha o cerveza. Luego se parte hacia el mojón para hacer una ofrenda a la Pachamama y liberar al Diablo de las entrañas de la tierra para dar inicio al Carnaval. (En el pensamiento andino, Dios reina bajo el sol pero el Diablo es la deidad intraterrestre).

El Carnaval es una época de liberación en la que en Tilcara el Diablo es sacado a las calles por las comparsas, y trae jolgorio y desenfreno en las mansas vidas de los pueblos labriegos de la Quebrada. Las calles son recorridas mientras se entonan estribillos al son de una orquesta. Entre las comparsas más conocidas de Tilcara están “Los Caprichosos”, “Los Pecha Pecha”, “Los Pocos pero Locos”, “Los Gozairas”, los “Barreños” y “Los Ahijaditos”.

En su recorrido danzante por el pueblo las comparsas se detienen frente a casas de familias que ofrecen las “invitaciones”. Allí los comparseros se gratifican con ollas con chicha, damajuanas de vino y ríos de cerveza. “¡Sale el sol, siguen chupando!/ ¡Sale la luna, siguen chupando!”, dice una conocida canción carnavalera y efectivamente es el alcohol el que sazona la alegría de todos. Lo comunitario es lo característico de todas las festividades en la Quebrada, explica Emilio Haro Galli, artista plástico salteño radicado en Tilcara.

Al final de la jornada, todas las comparsas coinciden en un punto de encuentro para bailar, cantar y desfilar. El Diablo va a la cabeza y se danza hasta terminar la bebida. Luego cada comparsa vuelve a su mojón y hacen nuevas ofrendas a la Pachamama.

Ocho días después del desentierro culminará el Carnaval con el proceso inverso de la ceremonia: el Diablo es devuelto al corazón del mojón donde vivirá hasta el año próximo. Durante los nueve días que duró la jarana, reinó el Diablo en la Quebrada. En el mismo acto de entierro se nombran los padrinos del año entrante, y sus compromisos quedan asentados en el Libro de Actas.

Hay lágrimas sinceras en la despedida. Es que ha terminado el permiso para que la vida cambie por unos días, para que uno sea otro y la alegría obligación. Vuelven los días quietos, el largo silencio de la Quebrada que se romperá cuando el Carnaval entrante despierte al dueño del papel picado y la serpentina y nuevamente se eche a bailar por las calles de Tilcara con sus cuernos de colores y su aliento de harina.

El cronograma de los festejos

El Enero Tilcareño se extiende del 12 al 26 de este mes, mientras que el Carnaval va del 2 al 10 de febrero.

En la inauguración del Enero Tilcareño, el sábado 12, se escucharon salvas de bombas, se pudo disfrutar de danzas folclóricas y de la actuación de folcloristas locales, tras lo cual las copleras tilcareñas brindaron su arte ancestral.

A lo largo de dos semanas, hasta el 26 de enero, se realizarán exposiciones de cerámica y pinturas, presentaciones de libros, conferencias, obras de teatro, certámenes deportivos, festivales folclóricos, actuación de conjuntos de danzas. El 19 de enero tendrá lugar el “Festival del Siku”, un encuentro de músicos que ejecutan las cañas, reunidos en distintos grupos. El miércoles 23 de enero se proyectará la película “Semilla Sagrada”. El 24 Daniel Vedia y su grupo ofrecerán el espectáculo musical “Sones de un bandoneón norteño”. El cierre será el 26, con un acto protocolar en la Plaza.

El carnaval se anuncia ya en enero en Tilcara con los encuentros de copleros: el 17 es el jueves de los ahijados, el 24 el jueves de compadres y el 31 el jueves de comadres.

El sábado 2 de febrero las distintas comparsas harán la ceremonia del desentierro del carnaval en sus respectivos mojones. Tras ocho días de festejos el entierro se hará el 10, con la tradicional ofrenda de coca, vino, cigarrillos y comida a la Pachamama y la quema del diablito (pujllay) y las caretas, al ritmo de la música y los cantos de las orquestas.

Los que se queden con las ganas y quieran una “yapa” pueden ir al Carnaval de Flores, el 16 y 17 de febrero, a La Banda o Juella (parajes distantes a unos 4 km de Tilcara). Luego sólo resta volver al tiempo de la vida normal, a la espera de volver a “endiablarse” otra vez en el carnaval del 2009.

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