En el editorial del 27 de mayo ese medio bajo el título de «1933» compara dos tácticas de Hitler: el control de la justicia y el de la prensa con los acontecimientos que suceden hoy en la Argentina bajo el mando de Cristina.
Es convniente ller el artículo completo: http://www.lanacion.com.ar/1585784-1933
Los párrafos sobresalientes son:
– 1- El 3 de abril Hitler estableció la «sincronización» de la prensa. Para poder publicar medios impresos, crear nuevos, darles un nombre, o para designar un nuevo director o jefe de redacción, era necesario obtener un «certificado de confiabilidad política» y este «certificado» sólo lo otorgaba el Ministerio de Propaganda. El 7 de abril, la «cláusula aria» de la «ley del servicio civil» obligó a la expulsión de jueces, abogados y profesores universitarios judíos de sus actividades.
– 2- La Cámara Imperial de Prensa fue presidida por el célebre Max Amann, ex oficial de las SS, quien dictó numerosas resoluciones para controlar la prensa y desplazar al personal de los medios que se oponían a sus decisiones. Amann levantó un imperio de prensa nazi adquiriendo, confiscando y amedrentando. La casa editorial central (Franz Eher-Nachfolger GmbH) llegó a controlar el 82 por ciento de las publicaciones periódicas. Los diarios y las revistas debían abastecerse de los «materiales periodísticos» provistos por la agencia de noticias oficial. En cuanto al sistema de radio, era controlado tanto en sus contenidos como económicamente por el Estado. A medida que avanzó la guerra, Amann era quien racionaba el papel para los diarios de acuerdo con las conveniencias políticas del nazismo. Este «zar de los medios» no tuvo ninguna formación superior, su nivel cultural era bajo y se caracterizaba por su rudeza y vulgaridad.
– 3- El 4 de octubre de 1933 se «sincronizó» en detalle el funcionamiento de los diarios y el trabajo de los periodistas. La ley de prensa reglamentó el comportamiento de los periodistas y del personal de la prensa en general. Para ejercer la profesión se debía tener nacionalidad alemana y ser de «raza aria»; se establecían los temas sobre los cuales no se podía escribir y se hacía obligatoria la afiliación en la Unión Imperial de la Prensa Alemana. La ley también prohibía a los medios fijar políticas editoriales o posiciones ideológicas: estos contenidos los transmitía el Ministerio de Propaganda.
– 4- En cuanto a la justicia, Hitler desde siempre odió a jueces y juristas, pues el Estado de Derecho implicaba limitar el principio de autoridad del Führer por encima de todas las normas. Ya en 1933 se dirigió a aquellos advirtiéndoles que «el Estado total no debe conocer diferencia alguna entre la ley y la ética», y que llegaría el día en que esta identidad iba a convertir en innecesaria a la primera. Gradualmente, llevó a cabo la virtual anulación del Poder Judicial a partir de ese año, otorgando mayores facultades a los «tribunales del pueblo», heredados de la República de Weimar, que funcionaban con total arbitrariedad y que en pocos años desplazaron a los juzgados penales de casi toda su esfera de actuación. Estos «tribunales del pueblo» se diseminaron por todas las ciudades alemanas y se convirtieron en otro órgano estatal por medio del cual el nazismo proclamaba sus consignas e imponía el terror en la población.
El artículo generó enseguida ciertas repercusiones como el artículo «Siempre fiel a su historia», publicado por Página 12 que conviene leerlo completo: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-221320-2013-06-01.html
Página, fiel al kirchnerismo, critica a La Nación con párrafos como los siguientes:
– 1- Hoy, una vez más, el diario de los Mitre recurre al nazismo como cliché, casi a contramano de su propia historia. Una vez más, echa mano a cualquier tipo de recurso, en el contexto de la batalla discursiva.
– 2- Es el mismo diario que hoy se preocupa por el supuesto cercenamiento de las libertades, que a lo largo de la historia ha apoyado a todos los golpes militares en la Argentina, y que ha sido representante ideológico de los sectores que los impulsaron, en especial el que llevó a la última y más sangrienta dictadura, iniciada el 24 de marzo de 1976.
Ustedes, estimados lectores, tienen la última palabra. Pero cabe la reflexión final: no será el advenimiento del nazismo en Argentina, pero parece que los políticos estudian de un mismo manual en el que el soberano siempre pierde. Todo se transforma a conveniencia.

