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jueves, junio 18, 2026

El Capital en el Siglo XXI: Una Narrativa Invernal

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Notas mĂĄs leĂ­das

Piketty brinda argumentos razonables respaldando el escenario que escoge, entre otras cosas, extrapolando lo observado en las Ășltimas dĂ©cadas.

Enorme y merecido revuelo ha causado el libro del Profesor T. Piketty titulado El Capital en el Siglo XXI. Digo “enorme” por el nĂșmero de menciones mediĂĄticas y reseñas bibliogrĂĄficas de notables economistas en publicaciones prominentes. Y digo “merecida” porque –a diferencia de muchos libros-bomba que enfatizan esta o aquella querella con las injusticias inherentes a la dinĂĄmica capitalista contemporĂĄnea– se trata de un trabajo de indiscutible calado, que utiliza cifras arduamente trabajadas por muchos años y que brinda al lector interpretaciones novedosas y polĂ©micas que lo obligan a pensar. Empiezo recomendando de corazĂłn el esfuerzo que acabo de hacer de masear, literalmente, las 600 y tantas enjundiosas pĂĄginas, en ocasiones estupendas.

Palabras mĂĄs, palabras menos, la historia que trae el libro en lo atinente a la desigualdad de riqueza –la desigualdad de ingresos laborales, que tambiĂ©n analiza, es otro tema– tiene tres actos. Primero, la relaciĂłn entre el valor de todos los activos de la sociedad y su flujo de ingreso anual (A/I, digamos) exhibe un patrĂłn histĂłrico en el cual el nĂșmero es bastante alto desde los albores del capitalismo hasta comienzos del siglo XX, baja de manera importante a lo largo de los siguientes 40 años e inicia una tendencia ascendente, que persiste hoy dĂ­a (CapĂ­tulo 1). Segundo, este patrĂłn responde a una relaciĂłn entre la tasa de ahorro que la sociedad escoge y la tasa de crecimiento que obtiene (CapĂ­tulo 5). Si ahorramos mucho y crecemos poco, la relaciĂłn A/I se eleva y lo contrario ocurre si ahorramos poco y crecemos mucho. Tercero, la participaciĂłn relativa de los ingresos del capital y del trabajo en el ingreso total del paĂ­s, lo que a veces se llama la distribuciĂłn funcional, depende de la relaciĂłn A/I ya mencionada y de la tasa de retorno al capital (CapĂ­tulo 6). Esto es, volviendo al ejemplo anterior, para cualquier tasa de retorno al capital que razonablemente supongamos, si ahorramos poco y crecemos mucho, la remuneraciĂłn al capital cae, como fracciĂłn del ingreso total, y la remuneraciĂłn al trabajo sube.

Con la historia anterior, uno puede armar casi cualquier narrativa, puesto que se trata de identidades contables. Piketty opta, entre las mĂșltiples alternativas abiertas, por un escenario invernal en el cual el crecimiento econĂłmico serĂĄ mĂĄs bajo en los prĂłximos 100 años respecto de lo que hemos observado en los Ășltimos 100. Como el crecimiento econĂłmico va a bajar, y no hay razones fuertes para suponer que la tasa de ahorro caiga paralelamente, su conclusiĂłn es que el capital se llevarĂĄ una porciĂłn creciente del ponquĂ© nacional, que ello ocurrirĂĄ a costa del trabajo y que esta brecha creciente serĂĄ un problema social tambiĂ©n creciente al que conviene atajar clavando impuestos a la riqueza (CapĂ­tulo 14). En la historia invernal que narra Piketty, a menos que clavemos impuestos veraniegos al capital, nuestro destino es migrar hacia una sociedad cada dĂ­a mĂĄs dividida entre rentistas, que no tienen que esforzarse mucho, y trabajadores que, no obstante estar pedaleando cada vez mas duro, pierden irremediablemente participaciĂłn.

Piketty brinda argumentos razonables respaldando el escenario que escoge, entre otras cosas, extrapolando lo observado en las Ășltimas dĂ©cadas. El punto de fondo es que es perfectamente razonable, tambiĂ©n, plantear escenarios alternativos. Primero, lo cierto es que a lo largo de la historia del capitalismo no han faltado –ni faltan hoy– voces muy inteligentes que, observando ritmos notables de expansiĂłn econĂłmica, predicen caĂ­das inevitables en la tasa de crecimiento de largo plazo que estĂĄn a la vuelta de la esquina. El punto de fondo es que, hasta ahora, estas voces razonables van perdiendo por goleada y que ello es algo que vale la pena tener en cuenta . Es razonable, en esa medida, suponer que la tasa de crecimiento reciente puede resultar sostenible en el largo plazo. Segundo, es razonable, tambiĂ©n, pensar que si el stock de capital se eleva, se hace abundante, la tasa de retorno al capital caiga y con ella los incentivos al ahorro. Tercero, es razonable tambiĂ©n pensar que una parte importante, quizĂĄs hasta crecientemente importante, del alto retorno relativo al capital tenga que ver con el riesgo que sus dueños toman y que, si descomponemos entre el retorno al riesgo y el retorno a la riqueza proveniente del pasado, un impuesto progresivo a la riqueza termine siendo un castigo que incide sobre la propensiĂłn al riesgo, que a todos nos gusta, mucho mĂĄs que sobre la holgazanerĂ­a del rico, que a todos nos fastidia.

– Por Alberto Carrasquilla

– Fuente. El espectador

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