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sábado, septiembre 19, 2020

El genocidio ecológico de Tartagal: Menem-Romero-Urtubey sin ley

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Deforestación y tala. Corrupción, fraude, indiferencia. Hoy una ciudad intenta ponerse de pie frente a la desidia de los gobiernos que sucedieron desde Menem en lo nacional, y con Romero y Urtubey en lo provincial. Salta: hay mucha vida en juego.

Daniel Enrique Yépez escribió uno de los informes más completos conocidos hasta el momento sobre el desastre de Tartagal bajo el título “La Inmolación de Tartagal – Su Tragedia es Fruto de la Destrucción del Estado Nacional”, artículo que fue publicado por la agencia Argenpress y la Revista Insitu de los estudiantes de humanidades de la UNSa. Yépez es Licenciado en Ciencias de la Educación, Magíster en Ciencias Sociales, Docente-Investigador de las Universidades Nacionales de Tucumán, de Jujuy y de la Escuela Normal J. B. Alberdi de San Miguel de Tucumán. Nacido en Tartagal, desde los seis años de edad reside en Tucumán.

Del informe revelador y acertado con una visión crítica y con sólidos fundamentos ecologistas e históricos, el profesional marca el ángulo pivote por el que trazará su discurso: “Bueno es decirle al lector que la inmolación de Tartagal y de sus zonas aledañas fue perpetrada impunemente por el menemismo, cuando su política de privatizaciones resolvió la destrucción de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF)”.

Desde aquí y de seguida mención a la concesión de Romero de las tierras de los Bosques nativos y de las falacias esgrimidas por Urtubey, concuerdo en la frase usada por Salta 21 para revalidar estos informes con ella: criminalidad de lesa ecología o como el mismo Yépez escribió: un genocidio político, social y ecológico.

La miseria humana está consignada en la advertencia del estudioso sobre el vampirismo y la negligencia, así: “le chupan la sangre las multinacionales, los narcotraficantes, la corrupción de los funcionarios y la hipocresía política de los tecnócratas, en complicidad con la indolencia de ciudadanos sin conciencia, incapaces de defender lo suyo”.

Este artículo en consonancia con el reclamo de activistas de Greenpeace, no pueden pasar inadvertidos a los gobiernos. No hay forma de escapar a la severidad de los hechos. La trilogía sin ley anunciada desde el título de esta nota nos avergüenza en el presente y no queda margen para más errores. Los negocios de la familia de los funcionarios no pueden ser más importantes que la vida del planeta.

En el sitio de Greenpeace más de una veintena de miles de personas le pidieron al gobernador Urtubey que pare con los desmontes. Y en un video, se muestra a los activistas en el aeroparque en una protesta ecologista que mueve a la reflexión. Desde Tartagal, Noemí Cruz – Coordinadora de Bosques del NOA- explica que las causas del alud fueron la tala y la deforestación.

Ofrecemos una parte del artículo de Yépez que da cuenta primero de la muerte social de los tartagalenses para luego arribar a su destrucción actual, muerte que va más allá de lo natural. En todo el artículo, la corrupción es un eje transversal para definir lo ocurrido (en adjunto, nota completa).

La devastación del Estado y de las Tierras Públicas

Cuando el menemismo privatizó la administración norte de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en 1992-1993, la zona fue licitada en 23 lotes y adjudicadas a diferentes consorcios nacionales y multinacionales del rubro. Obviamente toda la infraestructura, la cultura, los emprendimientos sociales, sanitarios y educativos que había construido la empresa nacional en el eje Vespucio-Mosconi-Campo Durán desaparecieron, del mismo modo que desapareció el trabajo calificado y el salario estable, cuando ese ramal productivo fue entregado al vampirismo de las privatizadas.

De este modo las tierras oficiales fueron enajenadas y los pobladores, muchos de ellos antiguos campesinos y pequeños productores ganaderos que desde antaño libremente transitaban las sendas que comunicaban San Pedrito, Acambuco, Tablillas, Ramos y otras localidades aledañas, fueron expulsados de sus dominios. Los lotes fueron alambrados con púas y sus perímetros custodiados con guardias. Nuestros coterráneos pasaron a ser seres extraños en sus propias tierras y una enorme masa de trabajadores se transformó en mendigos o cuentapropistas. Una vez en posesión de los predios, otra devastación siguió su curso. En el codicioso afán de encontrar petróleo a como dé lugar, el primer paso fue apelar al desmonte sin ningún tipo de control o sanción por parte del Estado.

En esas tierras de nadie, las privatizadas no escatimaron ningún recurso para lograrlo. Si había que abrir picadas, caminos y contaminar arroyos y ríos, se lo hacía. Si había que cavar grandes zanjones para instalar oleoductos o gasoductos, se hacía. Si había que usar irracional e irresponsablemente explosivos para mover tierra y socavar las estructuras geológicas del suelo, se hacía. Al fin y al cabo esa tierra ya no era de los argentinos.

Si había que dejar incontables y peligrosos socavones yermos del preciado mineral -sin señalizaciones ni avisos y colmados de desechos o aguas contaminadas- también se hacía, total si algún chaqueño (así le dicen al campesino de esa zona) se caía y ahogaba en esas profundidades, nadie reclamaría. Por otra parte, y en voz ya no tan baja, se sigue comentando que también el monte fue dinamitado para construir innumerables e ilegales pistas de aterrizaje demandadas por el narcotráfico creciente.

La naturaleza de esta zona no sólo fue agredida, sino asesinada impiadosamente. Y ese asesinato es producto de la desaparición del Estado y de YPF. El daño es irreversible y las consecuencias están a la vista.

Esto explica porqué cuando llueve en los cerros orientales, los tartagalenses rezan, ya que sólo les queda encomendarse al Supremo.
Pero como el proceso es creciente y acumulativo, los daños a la población son cada vez mayores. Y el próximo deslave, si esto no se para de una vez, no se llevará la mitad de Tartagal, como ahora, sino que arrasará toda la ciudad.

Es importante acotar que el gobierno provincial fue informado de esta situación, pero la trama de influencias, coimas, fraudes y violaciones sistemáticas al pueblo y a los intereses de la región, con que se manejan estos nuevos encomenderos del petróleo, generaron un silencio cómplice que cubre de culpa a sociedad política salteña.

Por eso los estudiantes de la Sede Regional Tartagal, de la Universidad Nacional de Salta, en charlas informales proponían que el Departamento San Martín se segregara del despótico poder central salteño, erigiéndose en una nueva provincia. Ellos dicen que son inmensamente ricos, que están parados sobre una gigantesca bolsa de gas y de petróleo, de la cual fueron sistemáticamente despojados y que -además- están hartos de la ineptitud y corruptela de las intendencias que no los defienden.

Ambas situaciones le depara al pueblo tartagalense una constante pobreza y abandono por parte de los poderes provinciales y nacionales, ya que son tratados como “kelpers” argentinos.

Verdaderos “olvidados de esta tierra”, parafraseando a Franz Fanon, que sólo sirven para que sus riquezas sean constantemente saqueadas. Los sucesivos piquetes y cortes de ruta lo dicen todo.

El desmantelamiento del ferrocarril público es el otro condimento imposible de ignorar en esta trágica historia. Su destrucción perjudicó enormemente a esta zona limítrofe de la nación, pues los productos que importan sus pobladores se encarecen en demasía por el costo de los fletes viales.

Pero la conspiración de las privatizadas que controlan los peajes y se apoderaron de las rutas nacionales, las corporaciones de fabricantes y dueños de camiones y neumáticos, más el marcado desinterés del gobierno nacional por re-nacionalizar los ferrocarriles y reinstalar en la sociedad un sistema de transporte ecológico, no contaminante, barato y más seguro, perjudica a los más pobres y a las regiones periféricas del país. La frutilla de este amargo postre, fue la caída del puente ferroviario de Tartagal, el cual, obviamente, al igual que los ferrocarriles del estado, seguirá postrado.

Por último, si bien es lícito y necesario rogar a Dios, o encomendarse a la Virgen de la Peña, para que esta tragedia acabe, también es necesario que el pueblo de Tartagal oriente su acción y reflexión en la búsqueda de las verdaderas causas que ocasionaron este presente aciago.

Es hora de que comiencen a recuperar lo que dolorosamente perdieron en 1993, cuando el polo petrolero más importante del norte del país se transformó en tierra de nadie, arrasada por las privatizadas.

Notas relacionas:

Los Urtubey juegan en el bosque mientras los desmontes están

https://www.salta21.com/spip.php?article1598

El milagro: Franco despertó hoy y Andrés Zottos fue a visitarlo

https://www.salta21.com/spip.php?article1633

Ver video de Greenpeace:

http://www.greenpeace.org/argentina/prensa-rss/en-la-fila-de-un-vuelo-a-salta

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