Tras una larga lucha contra una enfermedad terminal, a los 60 años murió el historiador y escritor Eduardo Rosenzvaig.
«La narrativa es el arte de inventarse a uno y, a los seres que uno ama, volverlos verosímiles» (Eduardo Rosenzvaig)
Fue doctor en Historia y profesor de Historia General de la Cultura en la Facultad de Artes de la UNT, cargo que ejerció desde 1985. Sus restos serán velados este sábado, desde las 20, en la sala de pasaje Padilla primera cuadra y será enterrado en el Cementerio a las 14 hs del día 9 de octubre de 2011.
Publicó centenares de artículos en diarios y revistas especializadas como Clarín, Página 12, Realidad Económica (Buenos Aires), Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid), Latin American Perspectives (California), Casa de las Américas (La Habana), Historia y Fuente Oral (Barcelona), Herramienta (Buenos Aires).
Entre los muchos libros publicados, se destacan «El zoológico de Londres. Cuentos argentinos» (2005), «Cuentos políticos» (2005), Historia de la Cultura Funeraria del Norte Argentino» (2002), «Etnias y Arboles. Historia del Universo Ecológico Gran Chaco» (1996), «Tucumán: Crisis de un Modelo y Modelo de una Crisis. 1930-1945» (1988).
«Mamá, ¿puedo bailar?» es el último libro que editó, de una lista de 30, entre los cuales se destacan: «Historia social de Tucumán y del azúcar», «Tucumán, crisis de un modelo y modelo de una crisis», «El sexo del azúcar», «De la manufactura a la revolución industrial. El azúcar en el norte argentino» (con Luis Bonano) y «La oruga en el pizarrón (biografía de Isauro Arancibia, Maestro)», entre otros.
Fue galardonado con los premios «Jorge Sábato» (Conicet), Ensayo Casa de las Américas (Cuba), los premios internacionales de novela «Luis Berenguer» y de cuentos «Miguel de Unamuno» (España).
Tucumán era su mundo mágico, de azúcar y de historias
«Empecé investigando sobre la historia de Tucumán, me deslicé hacia la antropología y sociología del norte, asumí el cuento desde las bases orales, me integré a la novela utilizando estas herramientas… Trato de atravesar los límites imprecisos de los géneros». Así se definía en el último reportaje que publicó LA GACETA Literaria, hace una semana.
Amplia cultura
«Además de ser una persona con una amplia cultura, le gustaba investigar. Y entonces emprendía largos viajes por pueblos perdidos con el sólo afán de conocer. Después plasmaba esos viajes en textos de una riqueza enorme», comentó el profesor Héctor Durand, amigo de Rosenzvaig. Y agregó: «tenía la sencillez que sólo tienen los grandes. Además, cuando hablaba de historia, lo hacía con una frescura tal que parecía que esos hechos acababan de ocurrir.
Recuerdo que siempre nos juntábamos en la confitería que está en Buenos Aires y Crisóstomo Alvarez a hablar de todo tipo de cosas y también de nuestras vidas. Lo voy a extrañar mucho».
Eduardo Rosenzvaig
Fuente: Contrapunto
“Tucumán se había convertido en el laboratorio de exterminio del país”
Eduardo Rosenzvaig fue un historiador y escritor que siempre brindó una visión crítica y comprometida de la realidad.
Doctor en Historia por la Universidad de Salamanca, Profesor Titular de Historia General de la Cultura de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, director del Instituto de Cultura Popular y colaborador de varias publicaciones como la revista Herramientas.
Recibió numerosos premios, entre ellos el «Casa de las Américas». A modo de homenaje, publicamos una nota de ContraPunto papel que hiciéramos en marzo de 2008.
Lo recordamos con su voz siempre clara, haciendo un análisis de lo que significó la dictadura militar para Tucumán y el país.
Como todo buen historiador tiene mucho de que hablar y no hizo falta más que plantearle el tema, servirse una taza de café y prender el grabador para que comenzara a relatarnos acerca de lo que tanto tiempo se encargó de investigar para después plasmar en sus libros. Pero sin lugar a dudas qué mejor para él que narrarnos la época en la que también fue protagonista.
Así nos hablaba Eduardo:
“Acabo de leer una nota de un pensador alemán que tenía como eje central la pregunta: ¿Cómo enseñar en las escuelas después de Auschwitz? Cómo enseñar en las escuelas después de los campos de concentración, de lo que significó el nazismo en Alemania.
Creo que esa misma pregunta nos podemos hacer nosotros ¿cómo enseñar en las escuelas, en la universidad, después de la Escuelita de Famaillá? Teniendo presente que la metodología del terrorismo de estado se inaugura precisamente en Tucumán, y no con el 24 de Marzo del 1976, sino con el 5 de Febrero del 1975, cuando comienza el Operativo Independencia en Tucumán. Cómo enseñar a las generaciones futuras con este símbolo: el primer campo de concentración que hubo en la Argentina fue una escuela; el primer asesinado del 24 de marzo del ’76 a las tres y media de las mañana fue un maestro, Isauro Arancibia, fundador de ATEP y uno de los co- fundadores de la CETERA. Cómo explicar que la propia escuela de Famaillá se inaugura desde el punto de vista de lo económico y social, diez años antes en 1966 cuando se produce el cierre de once ingenios mediante un decreto militar, y tienen que escapar de la provincia trepándose en los trenes, entre 200 y 300 mil tucumanos. Este fue el primer ensayo de neoliberalismo en la Argentina. Y esta es una de mis tesis siempre: Tucumán fue el laboratorio de ensayos de la Argentina. Y fue el primer lugar en donde se probó el neoliberalismo, es decir, una nueva concepción de la filosofía económica basada en el principio de la desigualdad: los que más tienen, más deben tener, y los que menos tienen, deben quedar sin nada. Todo esto en función a que la economía del capitalismo avance en un proceso mucho más acelerado. Luego del cierre de lo ingenios en 1966, queda una sociedad herida, que de solo tocarla saltaba por el dolor; sobre ella se instalan una multiplicidad de movimientos sociales, políticos, juveniles, contestatarios, de oposición, con proyectos de reconstrucción de la economía y de la sociedad.
En los años ´70 se dio lugar a una variedad de reacciones, entre ellas la más extrema que fueron los movimientos guerrilleros.
De manera tal que se necesitaba un escarmiento, para reimponer ese modelo económico en Tucumán y luego en toda la Argentina. Con este operativo la vida en la provincia se transformó en un tormento, en particular para aquellos que eran trabajadores, estudiantes, intelectuales, demócratas, abogados defensores de presos políticos, políticos de la resistencia; por ejemplo: la represión se planteaba hoy a la noche asaltar todos los hoteles de la ciudad en busca de los luchadores populares. Cuando utilizo esta palabra asaltar significa detener, secuestrar, robar y saquear, en manos de las fuerzas policiales, militares, para-policiales y para-militares. Tucumán se trasforma en el laboratorio del exterminio del país, de los secuestros, de las torturas, porque este es el primer lugar donde se realizan. Porque la dictadura militar comienza un año antes aquí en Tucumán, bajo los auspicios de un régimen democrático que era el de Isabel Martínez de Perón.
Había dos gobiernos: uno de día, donde funcionaban las instituciones -más o menos- pero funcionaban (parlamentos, justicia), y un gobierno de la noche cuando las ciudades quedaban en manos de las bandas armadas del terrorismo de estado y la ley era de ellas; el que llegaba a las 5 de la mañana se salvaba y podía ingresar en el gobierno del día.
La razón de este terror de estado, fue imponer el modelo económico que vendría inmediatamente después del golpe con un ministro: José Alfredo Martínez de Hoz, que curiosamente ya estaba designado antes del golpe militar.
La idea era iniciar lo que Martínez de Hoz anunció en su discurso inaugural, la reorganización institucional de la vida económica y social argentina teniendo en cuanta los principios del neoliberalismo de la economía y el terrorismo de estado para sostener la misma. Tenía como lineamientos fundamentales acabar con todo principio de sociabilización en todos los Estados y Naciones de América Latina, en consecuencia acabar con todas las empresas públicas y privatizarlas; nace el término privatización.
Si vas a una enciclopedia de los años ’60 el término privatización no existe, si existe la palabra privación. De hecho la privatización fue una privación, la privación que se le hizo a la sociedad de las empresas públicas que pasaron a manos de los grupos económicos nativos y militares junto con las transnacionales.
Este gran dolor lo produjo la existencia de 360 campos de concentración en la Argentina, aproximadamente dos millones de personas se fueron del país, una buena parte de ellos técnicos y científicos, seres humanos con una enorme preparación, que el Estado, la Nación y el pueblo argentino prepararon durante años, y que tuvieron que ir a buscar otros horizontes; miles de prisioneros políticos, al margen de los desaparecidos y de los muertos, y el miedo que quedó instalado en la sociedad, miedo que continúa hasta hoy treinta años después y que obviamente tienen sus razones fundadas. No hubo presos, no hubo justicia para todos esos años. Entonces ¿que garantías tienen de que después no les ocurra lo de Julio López? EE.UU fue quien creo este golpe de estado, y esto hay que tenerlo muy claro, ellos estuvieron detrás, como así también detrás del golpe de Pinochet.
Y una vez que están detrás de un golpe de estado inmediatamente tienen el plan B. El plan A son las dictaduras militares, estas barren el terreno y el B es preparar la salida democrática para cuando esta dictadura se desgaste. Lo bueno es que la sociedad no se contentó y siguió trabajando para la memoria, por el recuerdo, que significa esencialmente el trabajo por la justicia. La memoria no es nada más que educar en espacio de la justicia. Un crimen no puede quedar impune, así como Auschwitz no puede quedar impune, la escuelita de Famaillá tampoco”.
Última entrevista de Eduardo Rosenzvaig
«La narrativa es el arte de inventarse a uno y a los seres que uno ama»
Acaba de publicar la novela Mamá ¿puedo bailar? En esta entrevista ofrece detalles sobre su última libro y se refiere a las distintas disciplinas que abordó en su obra.
– Por Mónica Cazón para LA GACETA LITERARIA – Tucumán
– Su bibliografía es amplia y variada. Últimamente han despertado interés dos libros suyos, muy diferentes entre sí: Mamá ¿puedo bailar? y La oruga sobre el pizarrón, biografía de Isauro Arancibia, maestro; es decir, una novela y una biografía. ¿Puede contarnos algo acerca de la motivación que lo llevó a escribirlos y, en general, a tocar temas tan distintos?
– Un poeta decía «No puedo sin la vida vivir». Parece una tautología. Y sin embargo en lo referente a estos dos libros que señalas, La oruga sobre el pizarrón y Mamá ¿puedo bailar?, hay una experiencia vital diferente. El primero trata sobre la vida y asesinato de un gran dirigente social argentino, fundador de CTERA, Isauro Arancibia. Tal vez el primer muerto de la dictadura del 24 de marzo, el primer robado (le quitaron el par de zapatos nuevos y finos comprados por sus hermanas en su 50 aniversario), y asimismo el primer resistente. El segundo libro, Mamá… viene de la intimidad, no propia, sino de aquellos seres que deben vivir una vida, cien vidas dependientes de otras voluntades, cariños, y cantos, porque tienen capacidades especiales o dicho para el caso de este libro, ninguna capacidad para moverse. Se trata de la relación amorosa entre una madre y una hija espástica absoluta durante más de 40 años, donde todo es cuesta arriba. Historia admirable del calor humano desbordado. De hecho se transformó la niña en personalidad creadora de sus propios actos sociales.
– Si bien su obra se mueve en espacios de la narrativa y del ensayo ¿qué opina de la poesía ¿Es, a su entender, una literatura a la intemperie?
– Soy lector impenitente de poesía porque sin ella el hombre no cuenta las estrellas. La poesía reúne la vida de todas las vidas, y todo el dolor para transformarlo en alegrías secretas. En el libro Mamá… la poesía autoriza a describir los desiertos del cuerpo sin músculos. La protagonista encuentra en cada ser, a partir de su inmovilidad, lo que este necesita quitar hacia fuera. Su estado es la llave que cierra el techo de una gran bóveda humana, si tenemos en cuenta que para los latinos esa palabra llave era la piedra final que cerraba un arco. No hay exploración más íntima que la poesía. Son libros, los verdaderos, que arañan, acarician, envenenan, alimentan. De hecho, no puedo escribir sin poemas al lado.
– ¿Cuáles son sus referentes literarios dentro de los géneros y temáticas que aborda? ¿En qué disciplina se siente más cómodo como escritor?
– Empecé investigando sobre la historia de Tucumán, me deslicé hacia la antropología y sociología del Norte, asumí el cuento desde las bases orales, me integré a la novela utilizando estas herramientas. Obtuve con ellos numerosos premios nacionales e internacionales. Trato de atravesar los límites imprecisos de los géneros, como brumas instaladas en la década, en particular detenido en aquellos días en que navegaban las cosas diferentes con el mismo espíritu humano. Trato de narrar el Tercer Ojo del que contaba César Tiempo sobre Roberto Arlt en una lechería, antes de predecir el propio poseedor del ojo, que moriría del corazón por «ver tanto». Me siento más cómodo escribiendo siete horas diarias. Y allí van apareciendo dudas titulares, caballeros andantes, muchachas veloces y hombres que nacieron entre muchos que todavía faltan nacer.
– Dice el escritor Fernando Sorrentino que «la narrativa es el arte de inventar mentiras verosímiles». Dada su temática, preferentemente realista, ¿está de acuerdo con esa definición?
– La narrativa es el arte de inventarse a uno y, a los seres que uno ama, volverlos verosímiles.
Falleció el escritor Eduardo Rosenzvaig
Comparto la despedida desde Herramienta, revista de crítica y debate marxista donde leí, entre otros valiosos y polémicos aportes, los artículos siempre amenos y desacralizantes de Eduardo:
«Hasta siempre Eduardo Rosenzvaig
El Consejo Editorial de la Revista Herramienta despide al querido Eduardo, amigo y colaborador de muchos años. Saludamos en su memoria al compañero que supo poner rigor y buen humor en el estudio y desentrañamiento del pasado. Como un jardinero de la memoria colectiva, cuidó cada brote, cada gajo y cada rama de nuestra historia en la que se detuvo a mirar y reflexionar. Nos invitaba siempre a la reflexión crítica, a la esperanza y a la buena prosa. En sus clases, en sus libros y en sus artículos, Eduardo vive. Y en todos y todas quienes disfrutamos de su humanidad y de sus aportes.
Revista Herramienta –
9 de octubre de 2011»