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martes, septiembre 29, 2020

Historia de una pasión argentina: trenes y maestros

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Lo cierto es que ambos problemas responden a la desreponsabilización del estado.

Dos problemas acuciantes surgieron en la agenda política y mediática de estos días, luego del discurso presidencial en el inicio de las Sesiones del Congreso de la Nación: la cuestión de los trenes y de los maestros, dos instancias que tienen que ver profundamente con el imaginario argentino: los ferrocarriles que unían los puntos más alejados del gran país y la fe depositada en la escuela pública que formó a tantas generaciones de argentinos y que mostraba su rostro de fiestas patrias y guardapolvos y delantales blancos como certeza de que el progreso era posible.

Dos aspectos cruciales del tejido social argentino, trenes y maestros, entrelazados notablemente, vinieron a recordar también otra pasión: las Islas Malvinas. Opiniones encontradas, detractores y defensores inmersos en un debate que es necesario dar de un modo racional y realista, sin atajos interesados e irresponsables. Hay quienes olvidaron que las Malvinas son argentinas no solamente por historia y geografía sino por pertenecer a ese espacio intangible del símbolo, ese espacio de queridos emblemas y reverenciadas memorias, y argumentaron que luego de una guerra perdida no hay lugar para reclamos. Lo triste es que este argumento es esgrimido por gente que dice ser intelectual o aparece como referente intelectual del país, gente que es capaz de olvidar a cientos de jóvenes que ofrendaron sus vidas en la cruel, absurda e injusta contienda bélica de 1982. Otros cargaron sus tintas sobre la cuestión docente y las tragedias ferroviarias. Lo cierto es que ambos problemas responden a la desreponsabilización del estado, desresponsabilización que tiene su origen en las nefastas políticas neoliberales de los 90, continuadoras del desastre económico y moral que llevaron adelante los gobiernos militares desde 1976 hasta 1983. Ahora los problemas estallan. Es hora de tomar medidas. Si las escuelas fueron provincializadas en la década menemista, desresponsabilizando al estado nacional y los ferrocarriles fueron desmantelados y privatizados, como una manera de destruir una compacta unidad nacional, es el momento de que el Estado Nacional se haga cargo de estas cuestiones y aborde el problema vial del país y recupere las Escuela Normales Nacionales como núcleos de la formación docente argentina, única y de excelencia. Si se pudieron resolver graves problemas como el del endeudamiento y echar luz sobre un pasado de sombras juzgando a los genocidas de la dictadura, parece ser que la cuestión de los ferrocarriles y los docentes toca algo de lo que conlleva a las grandes pasiones, cruciales puntos nodales que encienden llamaradas de desencuentros, porque rozan fibras profundas de la conciencia nacional. En síntesis: pasiones que deberán ser observadas bajo la mirada de la madurez y la historia. Pasiones cuya resolución exige dejar a un lado todo interés sectorial y circunstancial.

Momento de grandes debates y decisiones: retomar el timón de la nación sobre las vías férreas de la educación y sobre las escuelas como caminos indispensables de unidad nacional y desarrollo social.

Surgidos como emblemas de ideas de progreso, el sistema educativo argentino y el trazado ferroviario, fueron instancias fundamentales en el desarrollo del país. El ideario republicano y laico de la educación seguidora de las propuestas de Sarmiento, Mitre y Avellaneda, se articulaba con la empresa de trazar las vías férreas que unirían al gran territorio argentino desde el norte hasta el sur y lo vincularía con los países cercanos. Por cierto se criticó el sistema centralista de las vías que convergían todas en la capital macrocefálica: Buenos Aires. Sin duda el trazado de ramales alternativos, secundarios, transversales y conectores entre las provincias hubiera sido una solución inteligente. Pero los intereses de los capitales internacionales y de las corporaciones triunfaron y he aquí el resultado: los escombros del ferrocarril y la tragedia educativa…

El sistema educativo burgués y enciclopedista, con la mirada puesta en Europa, fue sin embargo altamente eficiente y económico, una verdadera pieza de relojería que formó a muchísimas generaciones de argentinos y puso al país como modelo de educación en todo el continente. Además, de esa educación aseada y laica, surgieron científicos, escritores y líderes políticos relevantes. La escuela argentina había dado sus frutos. Es posible que los contenidos, direccionados exageradamente hacia una visión europeísta y enciclopedista, descuidaba en gran medida lo latinoamericano y nacional, podría haberse rescatado y revisado este aspecto sin destruir, corrigiendo, mejorando, jamás desarticulando el sistema y en especial el sistema de formación docente, regido por las Escuela Normales Nacionales. Sin embargo, el neoliberalismo feroz de los años 90, desarticuló el sistema, y pretendió condenarlo a la mera función de reproductor de mano de obra barata, cercenando todo lo que de crítico, histórico y nacional pudiera aparecer. Se invirtieron los valores en favor de lo tecnológico e instrumental y se dejó a un lado la formación humanística y científica.

Red de hierro y red de conciencias destruidas por el furor del capitalismo neoliberal, por la ideología de mercado, ése fue el saldo de la implementación de las políticas nefastas de reducción del estado y privatizaciones.

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