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domingo, mayo 24, 2026

Los gozos y las sombras en la escritura de Adrián López, sobre Marx

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El amigo de Engels nos vuelve a reunir en una «grandentrevista» junto al poeta marxista, al ensayista cultor, al novelista de abecedarios, al investigador circunloquista. El cultivo espantoso del socialismo «utópico», la fragancia que despiertan las palabras y todo lo que debiera «leerse» en escritos sobre Karl, aquí…

«Sin darme cuenta, leí todo Alucinar (en) los intersticios: ‘abecedario’ mínimo. Un susurro de palabras . Aunque suene cholulo agregarse libros a las propias lecturas, el hecho es que me puse contenta por haberlo realizado, ya que el reportaje se demoró por ‘falta de mérito’…» le dije al comenzar la entrevista, en nuestro encuentro, al autor de este nuevo libro.

Y el escritor me responde: «No tenés pues, que excusarte; soy yo el que debiera presentar ‘disculpas’ por quitarte horas de tu tiempo … Mirá– me dice- no sé si es ‘cholulo’ difundir las propias lecturas, es algo honesto, en principio: al confesar lo que nos impactó, lo que se leyó, uno no finge una sabiduría que no posee y se confiesa ignorante, ¿verdad?»

Con permiso (de Adrián) para alucinar con Marx… Parte I

Noto que en tu trabajo hay una aparente construcción y que sigue en el puesto número uno, Marx; está a la cabeza y hacés eso que vos decís que él hace: deconstruir… Esta vez, ¿a vos mismo y a partir de lo que se denomina “autosocioanálisis”?

– De nuevo, gracias Romina por regalarme segundoseternidades para poder difundir mi pobre arte, la ausencia de obra –como enuncia Foucault, En la historia de la locura en la Época Clásica , a propósito de un infeliz debate que mantiene con mi querido Derrida, ese compañero –secreto– del que casi no puedo hablar sin emocionarme hasta las lágrimas –y es literal…; la flaquita lo sabe– y de quien casi no pude escribir nada, excepto algo escueto que se diseminó en Diagonal. Psicoanálisis y cultura .

En cuanto a la pregunta y como para comenzar a hilvanarla, a tejerla y destejerla, luego de este principio “oblicuo” de respuesta, puedo decirte que es fuerte y que me demuestra que la entrevista exigirá mucho, al igual que en otras ocasiones che, Romi.

jpg_hi_4-36.jpgHabloescribo por Marx, a propósito de Marx, poréldesdesufirma, dado que no puedo escribirhablar de Proust, Derrida, Borges. Son tan potentes en mi afanosa vida, son tan gigantes para mí, que cada vez que lo intenté apenas, no pude continuar con la empresa, a riesgo de desarmarme completamente.

En 2000, María Bensi, cuando yo era un refugiado en los departamentos blancos de Ciudad del Milagro, me solicitó una charla –lo que ella bautizó, una “clase particular”– sobre Derrida. Me costó muchísimo arrancar, seguir, concluir; de esa conversación, que destiló una que otra lágrima, salió, años más tarde –en 2005– el artículo al que aludí al principio de un reportaje que amenaza con ser interminable, impublicable. (risas)

De modo que sí y no, Marx, el compa de Engels, es aquello en torno a lo cual giro. En su nombre, por su nombre, existen otros, incluido yo, pero no en cuanto regodeo estérilmente narcisista, sino en tanto uno, cuando escribe, se cura y se escribe a sí mismo, conjurándose, conjurando sus espantos, sus olores, sus ensueños. El otro por quien hablo es lo que me posibilita inventarme, rehacerme, como me dijo mi amigo Fernando De Pietro –exiliado por razones económicas en Barcelona, España–, después y a causa de innumerables devastaciones… –he sufrido más temblores que Chile en 2010. (risas)

Sin embargo, lo anterior no significa que el nacido en Alemania no sea, en parte, lo que me im/pulsa a acarrear la piedra de Sísifo de los días que idénticos suceden –como talla ese gran escritor que es Roberto Acebo, honrado en diciembre de 2009 con el Premio en novela de la provincia de Salta (justicia que debiera haberse impartido hace años…). Mis otras fuerzas, mis otros motivos, además de los libros, son en primera instancia, la flaquita, mis hijos, mis amigos de carne y hueso –sí; tengo amigos, aunque no lo parezca y la lista es larga, a pesar que no se pueda creer…

Marx es entonces, un asunto recurrente, que vuelve obsesivamente, que me conduce a escribir endiabladamente, pero es en simultáneo, una “excusa” para hablar de otros, de los otros y of course, de mí, de mis limitaciones, de mis heridas, de mis contradicciones, de mis fisuras. Y en la medida que hablo de él, de Marx, de sus sombras, de sus perfiles, desenrollo mis elucubraciones, como cuando de niño, desovillaba el hilo de la cometa que haría volar junto a mi madre biológica, en un descampado, una tarde gris de agosto, en el primer barrio de mi temprana infancia –Villa Mitre, que era realmente, una villa, esto es, un barrio recontra marginal…

Yendo a lo del “auto sociopsicoanálisis”, anticipo que es una estrategia de autoinvestigación que recomienda un sociólogo a la moda, que es Pierre-Felix Bourdieu –sin acento en “Felix”… A él, a su obra lo conocí gracias a María Bensi, que insistió en que lo analizara a fondo; eso hice y es uno de los autores de los que adopto ciertos ejes, aunque no sin reparos –es lo que me ocurre también con Derrida, Borges, Proust, Lacan, Deleuze, Freud, Guattari.

El movimiento de auto deconstrucción nunca estuvo ausente en el resto de mis libros; por eso es que figuran notas “de color” en mis palimpsestos. Pero llegó el instante en que había que sistematizar el autosocioanálisis y es lo que concreto en la nueva obra, que es la séptima –como para generar “suspenso”, divulgaré su sitio en lo que será la Segunda Parte de lo que invento hoy, en un “ahora” sin ahora…

Cuando redacté por primera vez la autobjetivación y como lo hice sin tapujos, me ocasionó asma, alergia y una angina alevosa: había que remover cuestiones profundas, sedimentadas; había que desgranarse en la escritura, que es un “escenario” en el que uno se expone y queda expuesto –la escritura no es algo que vaya de suyo, sin consecuencias; cuando se la asume, es una empresa riesgosa, que te puede costar amores y dolores…

De eso quería hablar. Percibo una especie de “mea culpa” frente a la escritura: es para vos como un monstruo que te absorbe las horas y hasta la vida. Quizá se esconde un anhelo de ganar dinero con ello, cosa normal pero utópica y por ende, socialista… Confesás que escribir te trae pobreza económica y que quisieras haberle ofrecido a tus hijitos otra infancia, otra adolescencia, otra vida. ¿Esta visión no es más existencialista que anti leninista y marxista?

– (Exclamación. Hummm) Dura la pregunta y los “considerandos” que la anticipan, ¿eh?

Primero, habría que atajar la idea fácil de que el socialismo es utópico y de que cualquier utopía es necesariamente, socialista.

Por un lado, el socialismo de determinado Marx, no dejó de ser utópico en el sentido de que las ideas, los sueños, las bellezas de las que somos capaces mujeres y varones, son potencias que intervienen en la Historia y que no habría que ignorar en una comuna libertaria. Los “socialismos” del siglo XX –que fueron leninismos autoritarios…– dejaron fuera el deseo, la utopía y fue uno de sus gruesos errores. El socialismo de determinado Marx por el que aporreo mi teclado, es un socialismo utópico, sí, a causa de que no abandona el deseo para más adelante, como advierte lúcidamente, ese gran irónico y disidente que fue Lacan –postergar el deseo es el gesto de los Amos…

Por el otro, no cualquier utopía es socialista; en alguna escala, podría afirmarse que los “socialismos” aludidos cultivaron una utopía espantosa; estuvieron atravesados por “chifladogemas” horrorosos, que justificaron prácticas que siguen reivindicándose en nombre de la “revolución” –pero…, ¿de cuál espantosa “revolución” hablamos?

Otro tema es el de que uno aspire a no malvivir con los talentos que se ocupó en refinar; ése es mi anhelo: lograr una cantidad de ingresos como para viajar con la flaquita, como para que mis hijos tengan la oportunidad de malgastar oportunidades, sin preocupaciones; como para agasajar a los amigos –Marx era de la idea de que uno debía tener dinero para alagar a los amigos… ¿Alucino que lo puedo conseguir escribiendo? No; una vía alterna para eso, que no es gran cosa si lo pensás, es la enseñanza –mas, ahí radica uno de los problemas; en la facultad y por el contexto de acoso laboral que me ahoga, no puedo obtener más cargos, que me permitirían lo anterior, ni conservar el que detento.

jpg_hi_4-33.jpgSea lo que fuere, uno es escritor, pintor, acuarelista, dibujante, músico, bailarín, etc. en virtud de que no puede dejar de pintar, escribir, danzar, colorear, delinear, componer, no porque algo de lo que dé vida y es vida, vital, vivo, sea o no “artístico”. Si uno no puede eludir tocar un instrumento, componer, es indudablemente, músico, por más que no sea “reconocido” por la época, por sus profesores, por sus colegas.

En síntesis, no escribo con el horizonte de la gloriosa fama o por culto al necesario metal que me posibilitaría disfrutar del perro mundo; escribo porque no puedo evitarlo.

Me permito recordar aquí, lo que cincelé en el “Prólogo” del hojaldre que origina este delicado encuentro:

“Cuando mis hijitos permanecían conmigo, los fines de semana, me interrogaban ingenuasabiamente, si lo que intentaba, era útil para algo. Era lo Real, lo que asomaba en una pregunta obvia, de la mano de la inocencia de los niños; no conocía la respuesta entonces y sigo sin saberla completamente aun. Todavía mi hijo mayor, al verme interminables mañanas, tardesnoches, madrugadas, en una secuencia sin transiciones, como si el día no tuviese partes internas, me recuerda esas tempranas inquietudes, con una pregunta que retorna: ¿por qué (vivir)escribir tanto?; ¿para qué? Nahir, las pocas veces que decide frecuentarme, repite: ¿de qué sirveservirá escribir, si respiro en lo angosto?

En paralelo, la nena, Zaira, con sus ojos enormes, me dice que soy un pobre papá, que deja sus horas ante una pantalla de computadora que no es demasiado entretenida, expresándome en clave que soy aburrido.
Entiendo que escribo porque sí, porque no me queda más que doler mis manos, mi endeble mano derecha, la operada tres veces –muriendo yo en el quirófano con la anestesia…–, con el teclado de mi vieja máquina, compañera de travesuras, querencias y desmanes. Escribo a causa de que es una forma de artefactuar a los otros, de entre/tejerme en ellos, de inventarlos en mí, de alucinarlos enellosenmí, para conquistar al tiempo, para disolverlo e ir más allá, más allá, sí, de sus palpitaciones, de sus fantasmas, de sus perfiles. Más allá…”

Larga la cita, pero enlaza con tu percepción de que la tarea de escribir es como un “monstruo” que me absorbe: la metáfora no es muy adecuada, pero al costado del agobio que suscita existe placer en lo que hago, en imaginar palabras andantes –Galeano dixit. El dinero podría llegar por otros caminos…, o no –habrá que remar con su ausencia o con su poca monta (la de la plata, digo –risas).

No hay en consecuencia, un “mea culpa”; la alusión a la soledad, a la estrechez es una constatación: escribir me duele y me alegra; me aísla y me comunica –la bellotona flaquita me espeta que me encierro en una “burbujota” y que soy capaz de pasármela horas en ese universoburbuja, de cáscara de nuez, expresaría Roberto Acebo.

Cuando reseño mi pobreza franciscana, es por igual una descripción desde las “coordenadas” económicosociales en las que escribo; es un elemento del auto sociopsicoanálisis; no es un reproche vaya a saber a quién ni contra nada.

En lo que respecta a que si todo esto sería más existencialista que marxista y anti leninista, hago antes una aclaración: no soy anti leninista; para mí, Lenin ya no debiera ser un problema, un asunto de debate. Imagino que está rebasado por la historia y que son impostergables otras formas de resistencia, de lucha, de militancia y para eso, es necesario regresar a las fuentes, a Marx –y en este aspecto, más a él que a mi bien amado Engels.

Despejado el asunto, contesto: sí y no. Sí, en la proporción en que la autodeconstrucción te reconoce situado, existiendo. No, en la escala en que el existencialismo en sus versiones europeas, no era marxista y yo soy marxista, por más que sea difícil o imposible enunciar sencillamente, “señores, heme aquí, hoyahoraya, en este trabajo…; soy marxista; júzguenme de acuerdo a mis ‘credenciales’”.

Criticás a muchos, entre otros, a Habermas. Te referís a un eterno “blableteo” acerca de Marx y sobre otros. ¿Es como si dijeras idiotas… aprendan a leer?

– No; es demasiado, aun para mí, que no suelo ahorrarme epítetos… No se trata de que uno se coloque en el lugar de los iluminados, de los profetas y desde allí exclame: “¡Ustedes!, ¡todos!…, ¡oigan! Son unos torpes; ¡no saben na…!” risas

Es cierto que existen quienes lo hacen y lo dicen en el hacer, pero no es mi estilo, aunque de cuando en cuando, me haya enojado con quienes, habiendo aprendido de mí los rudimentos de muchos pensadores –entre los que se halla Marx–, luego me tomaran lecciones de ideología y de coherencia política. O con quienes, habiendo oscilado políticamente, desde organizaciones independientes universitarias, al Movimiento Todos por la Patria, recalaron en un partido stalinista/maoísta y desde allí, me miran por encima del hombro, que es el ejemplo ejemplarizante del Lic. Jorge Ramírez, del sindicato ADIUNSa. En relación con eso, esgrimo que los que alucinan que son aceradamente coherentes, sin intersticios, sin fisuras, sin manchas, sin contradicciones, sin flaquezas, sin limitaciones, son muy, muy peligrosos –son futuros Stalin, que quería significar “acero”, precisamente (por ello es que me retiré de la militancia “concreta”; los leninistas y los no leninistas de una aldeana Salta que se enfervoriza por Güemes, son terriblemente autoritarios, sectarios, miopes, ciegos, tuertos, cojos y mudos… –enfermos de normalidad, te condenan, ningunean, etc.).

Sobre Habermas, comento que es un intelectual con una prosa rebuscada, difícil, porque en el fondo, lo que plantea es de una perversión horrible: dice que las desigualdades, las diferencias en el ejercicio del poder se diluyen, no como diagnosticaba Marx, por la acción revolucionaria, insurgente, sino por el habla, por el mero diálogo… ¡Es increíble! Semejante intelectual, que estuvo de moda durante todos los asquerosos ’90 en América Latina y que fue premiado por el establishment europeo, escupió dos gruesos libros “argumentando” tamaña burla (denominada Teoría de la Acción Comunicativa): es palmariamente obvio que en la medida en que las desigualdades no son sólo de lenguaje, tales diferencias no pueden realmente diluirse con hablar… No obstante, porque existen esos pensadores “garpados” por el sistema y para convencer a profesores que el marxismo es un “relato” de Historia que “ya fue”, es que son necesarios otros intelectuales que puedan combatirlos en idéntico terreno y es lo que elegí realizar: por esto escribo sobre Marx y marxismo, a pesar que el amigo de Engels no sea el único tema en ese tema…

En cuanto al “blableteo” al que aludís, es lo que me sucedió a mí: lo aprendí con un militante peruano, que discutía conmigo, a mis 20 años y fue quien me tornó marxista. Fue quien me ofreció el “sable láser” para que aprendiera el arte de la Fuerza y decidí, en un bendito día, mimar, abrazar la inaudita causa marxista –“Aprendan sobre Marx”, les dije emocionado a mis hijos y a mi sobrino; “los hará libres”…

Habiendo leído algunas obras de Foucault, Deleuze, Freud, me imaginaba “superado” y en más de una circunstancia, creí que el yerno de von Westphalen y el marxismo eran caducos. Roberto Ortiz Lazarte, el peruano, un extranjero que me donaba un conocimiento para asilados, me hizo una pregunta simple, que me deconstruyó: “¿leíste a Marx?” La respuesta fue que no y se evidenció que por una cuestión de honestidad intelectual, debía al menos, informarme y sin mediaciones. De ahí que rechace las explicaciones de manual de los autores; hay que leerlos directamente y como los dioses te ayuden –a causa de los manuales, es que Lenin sigue actual, cuando por su propio mérito, ya habría sido refutado… (los leninistas se enojarán, pero qué se la va hacer, ¿no?).

Proponés reemplazar el socialismo “científico” por un socialismo crítico; en ese pasaje, ¿el lector podría completar sus propios intersticios?

– En lo que se refiere a la inquietud, sí; las fisuras de cada cual, son un asunto “privado” – risas. A ver…; cada uno tiene sus intersticios y reacciona como puede ante ellos: no siempre de manera revolucionaria –Deleuze tiene una frase hermosa: no basta con ser militante, obrero para ser atravesado por un devenir revolucionario; hay que permitírselo; es impostergable no censurarlo ni censurarse.

Ya sé que me querés interrogar por otra cosa, pero no quería dejar pasar el equívoco para afirmar lo que dije…

Por supuesto, el pasaje –porque en verdad, es eso, un puente, un pasaje o pasadizo– entre el socialismo “científico”, de raigambre leninista, a un socialismo sencillamente, crítico, es un cambio abismal, abisal, de Paradigma. Es un salto enorme y nos puede “desgarrar”, Romi. Sin embargo, imagino que luego de lo que vivimos en el siglo XX, es necesario dejar el leninismo, inventar otro Marx que no sea el aconsejado por ese Nombre de(l) Padre que fue y es Lenin. Pícaramente, Lacan enunciaba que para prescindir del Nombre del Padre, había que usarlo –él se refería a sí mismo y con relación a lo que hacía con Freud, pero la enseñanza vale: ya hemos usado y abusado de Lenin y del leninismo; intentemos otra cosa (¿seremos capaces?; anhelo que sí, “plis”…).

Aunque no guarde, sí y no, nexo con lo que compartimos, que vaya un sentidojpg_hi_4-35.jpg homenaje al Premio Nobel, José Saramago, que falleciera el pasado 18 de junio, ca. las 12, 45, hora Argentina, y que irritó a la comunidad religiosa no únicamente con El evangelio según Jesucristo (1991), sino con su no menos polémico Caín (2009), que le significó que miembros del Parlamento de Portugal, demandaran que le se quitara la ciudadanía por “agraviar” la fe.

Sean unos limitados versos de mi autoría, para abrir un espacio de silencio por y para lo literario, momento de silencio que velaría el respetuoso silencio y por un tiempo, un respiro de silencio, tal cual aboceta Derrida, en su “Los últimos marranos” (ir a http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/marranos.htm#):

¿Cómo haremos

para besar

los sueños

y abrigarlos

de arcoíris?

¿Qué palabras

abrir

para dejar

escapar

de sus

rendijas

voces inciertas?

Hay noches

en que

los ángeles

se disuelven

en el frío

de un

otoño

mudo

– Parte II

El cosmos de Karl Marx en el universo semiótico de López

http://www.salta21.com/El-Cosmos-de-Karl-Marx-en-el.html

– Entrevista anterior:

El barbado de Prusia, circunloquio sobre el nuevo libro de Adrián López

http://www.salta21.com/El-barbado-de-Prusia-circunloquio.html

Plus valía: Marx -a Bensi y Bovarines, los obreros de López- y Vicente Nario

http://www.salta21.com/Plus-valia-Marx-a-Bensi-y.html

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