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domingo, septiembre 20, 2020

Los intelectuales y Marx –III

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Con mucha resistencia y miedo a lo nuevo (neofobia: se refiere al miedo irracional, anormal y persistente hacia algo nuevo).

La noche de los lápices, ¿41 años de un mito?

La Argentina necesita esclarecimiento, verdad, justicia, historia y memoria. Pero verdaderas. Emilce Moler, sobreviviente de "La Noche de los Lápices" fue secuestrada, torturada y liberada durante la última dictadura militar. Escribe el diario Crónica que junto a los otros jóvenes que hoy siguen desaparecidos, participó de las movilizaciones por el boleto estudiantil. "Los lápices, esta vez, escriben ¿dónde está Santiago Maldonado?", concluyó Moler. Sin embargo, ya en 2010, El Pregón se refería a "la corrupción moral que recorre la República Argentina desde que la progresía, las derechas y las instituciones esenciales del Estado se rindieron políticamente a la ofensiva mediática de una izquierda decidida a borrar de la Historia sus crímenes, se podría seleccionar, por su especial carga de cinismo y manipulación, el caso conocido como 'la noche de los lápices'.

La oligarquía “mexicana” al servicio de la élite internacional: ¿Quién quiere vender lo que resta del país?

Hemos entrado los mexicanos a una etapa en la que sólo nos restan dos opciones: 1. Permanecer y morir, o 2. Levantarse a buscar un cambio.

Poseemos el anhelo de derrocar el tiempo, de emanciparnos de él…

Esperamos*, sí, que una colectividad anarcomunista, derrideana, proustiana, borgiana, laberíntica, dadaísta, no autoriataria, jacera, surrealista, esquizoanalista, no patriarcal, atonal, pizarnikiana, no machista, gramatológica, epicúrea, no jerarquizada, sin hospicios, pueda licuar lo acerado que pueda afilarse en los recovecos destinos de la tenue vida.

* Los “marcswyr anarcocomunistas”, los marxistas no leninistas, los que son mārksavādī’ō por repeler los “marxizmusok”; los kommunistene que fueron ex comulgados, segregados, marginados, estigmatizados de no ser marxistas por no ser domesticados por el aparato Partido**, ni por el Nombre de(l) Padre que es “Uliánov”****, poseemos el anhelo de derrocar el tiempo, de emanciparnos de él.

** El esquema Parṭiṭō es un endurecimiento burocrático demencial, alimentado por una búsqueda patológica de poder, que sumerge a sus integrantes en un delirio colectivo; el “Seiji matchi” es un arma desvariada que se orienta a enloquecer a los otros, sean ciudadanos o militantes. Pocas cosas existen que sean tan demenciales que los Partidos, en épocas electorales, difundiendo sus Programas para cooptar votos para reafirmar su propia patología.

Cada “Partai” es una estructura temible, aunque haya Partidos que sean menos peores que otros.

*** Slavoj reivindica el terrorismo presuntamente, insurgente, cuando sentencia que

“(nuestra) tarea … consiste … en reinventar un terror emancipatorio” –Žižek, Slavoj: Robespierre: virtud y terror. Ediciones Akal, S. A., Madrid, 2010, 25–, conservando un jacobinismo “lúcido” que no nos impida apelar al espanto cuando haya que ahondar el proceso revolucionario [para muchos eninistidele, el psicoanalista eslovaco es un tibio y un “revisionista”… (o sea, que alguien que no es un revizionistička de la “altura” de este psicoanalista y para ser insurgente, debe ser un carnicero)].

No le bastó a este psicobolche el elogio de la locura de Il’ich, panegírico que concretó en su mamotreto Repetir Lenin. Trece tentativas sobre Lenin. Ediciones Akal, S. A., Madrid, 2004, sino que tuvo que efectuar una Junta Militar, con otros megaopas.

Žižek se unió a los “Stathis Kouvelakis” y a otros, como la perla que es el pos no sé qué de Negri –porque es post marxista, pos moderno, ante idiota–, el cual, “Toni”, enamorado de Vladimir, enuncia arrobado que para

“… Lenin … la lucha comunista es … biopolítica … porque (esa insurgencia) abarca todos los aspectos de la vida …” –Žižek, Slavoj et al.: Lenin reactivado. Hacia una política de la verdad, Ediciones Akal, S. A., 2010, Madrid, 286. Lo destacado nos pertenece [¿y este es el Negri que se permite a sí mismo hablar de un Marx más allá de Marx, cuando para intentar algo así habría que olvidar a Uliánov, al “lēninijhamanā”, al rusismo, al sovietismo, al menchevismo, al bolchevismo y a todos los marksism?; ¿es éste el “Toni” que aspira a superar a Heinrich, reivindicando lo que precisamente, es ineludible dejar a un costado para hacer posible otro Karl? (“¡Meu Deus!”; ¿hasta cuándo estas heces?)]–.

Fuera de lo dicho. “Cerificación”

La cónyuge de Philippe estaba apasionado por el maoísmo en los setenta [Roudinesco, Elisabeth: História da Psicoanálise na Franca. A Batalha dos Cem Anos. Volume 2: 1925–1985. Jorge Zahar Editor Ltda., Rio de Janeiro, 1988, 590] y de Cuba en los ochenta –ibíd.: 572/573–; Julia, en 1983, ventila que

“… la revolución latinoamericana golpea a las puertas de los Estados Unidos; me siento … cerca de la verdad y de la libertad …” (aplasta lo anterior con su Sentido y sinsentido de la revuelta. Literatura y Psicoanálisis. Editorial EUDEBA, Buenos Aires, 1998, en la que hace cualquier cosa, menos alabar la revolución).

Kristeva fue capaz de detectar que hay quienes nos volvemos una alteridad radical

“… al precio de (la) propia muerte …” –esta era otra semióloga que la Julia que se mofa del insurgente [Kristeva, Julia: Poderes de la perversión. Ensayos sobre Louis-Ferdinand Céline. Siglo XXI Editores S. A. de C. V., México, 1980, 10 (lo lamentable, es que la búlgara estudie al escritor, eludiendo referirse a su antisemitismo, procediendo de idéntica forma que los que se atienen a Heidegger sin denunciarlo como un fabulador nazi)].

La Julia de 1994, la difundida por EUDEBA, asoma, con su conservadorismo, en unos oscuros signos

“… la Revolución (es) … imposible y … el futuro lo demostrará …” –Kristeva, Julia: Historias de amor. Siglo XXI Editores S. A. de C. V., México, 1987, 178.
La publicación en francés es de 1983, en el mismo segundo en que la búlgara** suspiraba por la insurgencia y cuando con los lacanianos deliraba con ir a China para homenajear al loco asesino de masas, Zedong [¿cómo se es capaz de traicionarse de esta manera, sin percatarse del desastre, siendo psicoanalista? (los desengañados son los que más se trampean, enunciaba Jacques-Marie*, cayendo él mismo en el engaño, imaginándose sabio)].

* Alguien diestro, modesto o prudente, no habría vociferado, ni siquiera para escandalizar a algunas almitas…, que él, Lacan, fue quien descubrió el Inconsciente, el que logró construir una Filosofía que se sostenía a sí misma y que él, Jacques-Marie, no únicamente, era imprescindible para consultar a Sigismundo para restaurar a Freud como Šlomo, sino que él, el psiquiatra de Aimeé, era necesario para que Lacan hable de Jacques-Marie, dado que Émile era el que podía entender las honduras de Lacan (en estas demencias, no hay que apreciar ironía, sino el narcisismo infantil y la egolatría de la omnipotencia de las ideas, a la que se refería Freud).

Lo enuncié en otras ocasiones; si “Karell” hubiera proferido una milésima de esa clase de sandeces, como las de Nietzsche, cuando se asombra de cómo es posible que escriba tan buenos libros –!!!–, nadie se ocuparía de los meandros del admirado por Engels.

Primidad

Lo precedente, se completa con una semblanza jocosa que impulsa el amante de Defert, acerca de sí mismo

“… se me ha situado en la mayoría de las casillas del ajedrez político … : como anarquista, … marxista ostentoso o desengañado, antimarxista … , tecnócrata … , neoliberal …” [Macey, David: Las vidas de Michel Foucault. Ediciones Cátedra S. A., Madrid, 1995, 30 –ahí donde está la broma, se ubica la verdad de lo que anticipamos en el decir; “Maurice Florence” era pues, anti marxista, un tecnócrata y, cuando menos, un liberal (en 1981, simpatizó con la Presidencia de Mitterrand, aunque se haya terminado por distanciar de ella, según Eribon, Didier: Michel Foucault. Editorial Anagrama, Barcelona, 1992, 366)].

Pero como hay que ser bestia hasta la “asnalidad” extrema, el amigo de Louis René, vomita que

los que “… se obstinan en decir Freud-y-Marx …” nos mueven a risa (Eribon, 1992: 204).

El francés la sigue empeorando con que

hay “… que liberarnos de (Karl) … para la solución de los problemas … de la actualidad … (Es preciso) inventar categorías nuevas …”, allende lo que coloreó ese personaje sacralizado que fue el nieto de Levy [Foucault, Paul-Michel: Estrategias de poder. Obras esenciales, volumen II. Ediciones Paidós Ibérica, S. A., Barcelona, 1999, 292/293].

Atesis

El “matema” del Discurso Académico es incompatible con la universidad, tal como lo habría elaborado un Émile que había sido bloqueado en otra institución, aunque con su suegro, más tarde, procurase acercar el “Discurso Universitario” al espacio académico para que la enseñanza de Lacan se disemine en una institución enferma como la universitaria.

Por lo demás, el Discurso del Amo que es el académico no va con Heinrich, ni con una asimilación de él por lo universitario, como lo pudimos constatar en las citas precedentes –lo académico no es el espacio físico de la universidad, sino en paralelo, un estilo, una marca, que se aprecia en los que reniegan de la institución y a veces, a causa de que eliden a la universidad

intelectuales.jpg

En un “jargão” milleriano que me disgusta, lo que deseamos proponer es que el conocimiento que es “ignorancia” es el Significante2 o lo que podríamos nombrar con infinitos recaudos, en calidad de agente.

El “plus de goce”, el plus de saber o el “plus producto” –en lugar de la plusvalía, que el padre de Judith confundía con cualquier tipo de “excedente” y que tampoco asimilaba a un plus de ignorancia o a un “plus de conocimiento”–, sería el objeto a o el “otro”, mientras que el $ inclinado, se ubicaría en el lugar del sujeto escindido por el proceso de labor y el Amo, sería un “Señor Significante” o un Saber Magno.
El $ esclavo alucina que el Tirano es Opresor, en virtud de que conoce una verdad que él, en cuanto subalterno, ignora.

Lo importante es que el “Discurso Universitario” re significado por mí de esta guisa, no accede a Karl porque Heinrich está desplazado respecto al “Discurso Tirano de la academia”, discurso que no podrá enfocar a Marx* en virtud de que Levy se desliza más allá, cuando la institución pretende asirlo y codificarlo en el Señorío de la universidad.

Por añadidura, el admirador de Wolff está barrado, astillado, escindido, no por él, sino por las lecturas que pretendieron interpretarlo, lo que nos conduce a enarbolar el axioma analítico de que un estrato se encuentra borroneado, partido, “borromeado” y rectificado con “sobreañadidos” por un intento de lectura.

Secundificación. “Affermazione”

* Karell sería el “trazo” casi invisible del block maravilloso, la “huella” derrideana que es condición para un cavilar revolucionario y por haber sido el de Trier la hendidura que en ocasiones, llega con “retraso”, no pudo ser abordado por los intelectuales, por la academia, por las instituciones, por los pensadores, por lo institucional, por los militantes, por los Partidos en los que se trocan cargos por sumisiones, por lo instituido. Heinrich es la huella que todavía continuaremos andando, a pesar de los Foucaults que gritaron que, personas como él, que se sienten allende el bien y el mal, como el mediocre de su maestro Nietzsche…, no querían más nada con ese “señor”, enlodándose Paul-Michel en ese plus de ignorancia que indicamos.

Los que se regodean con tal “plus de goce”, al estilo del amado por Defert, imaginan con que se hamacan en un plus de saber que les permite ser bestias con lo que desconocen. No son asnos sabios, para acercarse a Levy**; son burros en estado de “asnidad” pura.

** Pero con Heinrich es impostergable aprender de la diáspora que implicaron los marxistische stromingen y los “לעניניסמאָס”, haciendo un elogio de la Escisión, de la dispersión, de la fragmentación, de la multiplicidad, de la diseminación.
Por un lado, se debiera regresar a cierto espíritu del lector de Engels, para limpiarle los escombros que machacaron su “pensée” y por el otro, dejar a cada quien con su escisión, con sus burradas y con sus derroteros.

En esa “libertate”, podría acontecer que el más asno para acercarse al amado por Hélèn pudiera aproximarse a lo que elucubró.

En simultáneo a que los maarkiistaha y los “لنینیستها” continuaron con sus rupturas internas, con sus acusaciones, con sus enfrentamientos, con sus rodeos, esos marxismos y tales leninismos, nos tendrían que permitir a nosotros, ese burro peculiar que somos al postular una lectura de Heinrich que diera nacimiento a una aurora para que haya otras mañanas, ser una escisión*** de lo que pudo haber proferido Mordejái.

Nos debieran dejar en paz con nuestro cualquieraje, con nuestra “asnalidad”, con nuestro lumpelismo, con nuestra “cualquieridad”, con nuestros alejamientos y con nuestro cualunquismo. Desearía, sí, un “lumpenmarixsmo”.

*** Probablemente, ese derecho a la escisión sea una Docteridad en la “dialektyka” que edificamos marranamente y “mallarmeanamente”.

Terceridad. “Verneinung”

Para muchos, el lector de Racine no articuló las nociones de “centro”, de polupierifierijej y de “periferie”, tal cual lo vomitó en alguna ocasión, el mitosociólogo e historiador Immanuel Maurice Wallerstein; para nosotros, Karell abocetó las categorías de “sentrum” y de gyrion, haciéndose factible cincelar a partir de ahí, la idea de “semiperiferia”.

Como fuere, los conceptos de Primer Mundo y las nociones vinculadas, son actuales.

Los países que detentan una industrialización considerable, y que poseen cereales y ganado, con la alternativa de que puedan tener algo de petróleo, son los que integran el centro de la asociación burguesa y son los países del “Primer Mundo” (ȴ).
Los Estados que detentan una industrialización relativa, que poseen cereales y ganado, y que compran petróleo son la semiperiphery, siendo a la par, las naciones del “Segundo Mundo” –ȵ.

Los países que únicamente tienen petróleo, son uno de los anillos de la “periferia” y son el antiguo Tercer Mundo (ȶ1).

Las naciones que generan cereales y materias primas, sin importantes reservas de petróleo, son los otros países del “Tercer Mundo” –ȶ2.

Los Estados que no detentan petróleo y que deben comprar alimentos, son el siguiente cinturón de la pembezoni. Son el “Cuarto Mundo” (ȸ).

Las naciones en las cuales los niños están muriendo de hambre en un descampado o en la sabana, cuando un buitre está aguardando el deceso para alimentarse de ese pobre infante, son el otro anillo de la periferia y constituyen el espantoso Quinto Mundo –Ƚ.

hambre-2.jpg

[esta imagen tan insoportablemente dolorosa, que es como una bofetada para los que niegan que las hipótesis de Marx sean vigentes…, sostiene la actualidad de unas categorías que se abandonaron por “démodé” –esos intelectuales, son los que dejarían a su mala suerte a un niño como el de la foto, para no pensar que el nacido en Trier es más contemporáneo que nunca (a los fines expositivos, afecta poco que el infante haya estado protegido en un campamento de la inservible “ONU”)].

Cuarterificación. “Duobla Negadon”

El congresista británico Meghnad elogia a von Neumann por resolver con sus artilugios, el tema de definir el capital fijo de una manera que sea independiente del valor y que considere otros elementos gestores de plusvalía que no sean la tarea humana, de forma que se impugne el silogismo de Heinrich de que el capital fijo es un componente que es una barrera al incremento de la tasa de beneficio (Desai, Meghnad: A vingança de Marx. A ressurgência do capitalismo e a morte do socialismo estatal. Editorial Códex, F-QM Editores Associados Ltda., São Paulo, 2003, 348/349), con lo que este afortunado en ser “despierto”, es un engañado que es un animista que alucina, en su demencia racionalizada y matematizada, que los entes tienen vida y que pueden actuar.

La apreciación del padre de Franziska de que el capital fijo no puede gestar lucro por sí mismo, es una observación realista que consiste en postular que las cosas son objetos y que los entes no pueden trabajar. Afirmar lo que piensan Hayek, Ludwig, von Neumann, Hicks, es delirar que las cosas pueden laborar como si tuvieran aliento.

Quinticidad. “Clinamen”

Queriendo Godelier oponerse al “marksismo” causalista, lineal, economicista, torpe, vulgar, mecanicista, determinista, se enreda en isotopías que provienen de ese mismo marxilaisuus

Maurice confiesa que en Racionalidad e irracionalidad en economía (Siglo XXI Editores S. A. de C. V., México, 1976) procuró establecer “… cuáles (eran) las condiciones … de una ciencia económica …” que estudie cómo los sistemas económicos aparecen y desaparecen en la Historia –Godelier, Maurice: Funcionalismo, estructuralismo y marxismo. Editorial Anagrama, Barcelona, 1972, 7.

Si con lo precedente, el antropólogo delira que así le da un fundamento a “Karell”, se equivoca.

Para el despeje de un Heinrich que no tuviera nexos con el marxismo respecto al que Godelier eleva sus críticas, hay que comenzar por evitar reducir el método de fabricación a sistema económico y la base a “basa económica”*, y es impostergable eludir el deseo de hacer de la Economía, una Ciencia. Si partimos de esos mojones de arranque, no haremos sino reiterar el lēninavāda más crudo.

Por supuesto, pocos son los que acuerdan con que Levy no anhela impulsar una Economía científica. Uno de esos pocos, son el polifacético jurista Rubio Llorente, el docente de la Universidad Complutense de Madrid, Diego Guerrero, y más recientemente, uno de los Ministros de la Presidente Cristina Fernández de Argentina.

Ese profesor afirma que

“… Marx … (quiso un desmantelamiento) de la Economía Política” [Kicillof, Axel: De Smith a Keynes. Siete lecciones de Historia del pensamiento económico. Un análisis de los textos originales. Editorial EUDEBA, Buenos Aires, 2010, 310 (no obstante, nadie aparte de mí, llevó tan lejos esa intelección en relación con Karl)].

La idea de que Heinrich transforma a la Economía en Ciencia, se ubica en un docente norteamericano, el cual adelanta que

“… En Marx, la Economía se convierte en la ciencia de la producción” –Ekelund Jr., Robert B. et al.: Historia de la teoría económica y de su método. MACGRAW-HILL Interamericana de España, S. A. U., México, 2006, 279 (lo destacado es ajeno)–.

* En la página inaugural de Racionalidad e irracionalidad…, Maurice comete el error de igualar la “bēsu” con la base económica y confunde la “ādhāra”, con el modo de fabricación. Si no, comprobémoslo

en un marxismo científico**, el método de producción “… de una sociedad … (es) su base económica …” –Godelier, 1976.

** No está de más insistir en que comprender las hipótesis de Heinrich, en calidad de la inauguración de un “marxismo científico”, tampoco es salir del campo del leninjuui.

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