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viernes, septiembre 25, 2020

Los medios sin fin

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Teatro del desencanto en dos obras salteñas

Ninfa, de corte experimental, estrenada el 3 de marzo por el grupo Kurlis Garlan recuerda a esa suerte de nihilismo en la que el hombre es un puente, la producción de un movimiento circular que no conduce a ninguna meta más que a la superación por la superación misma. Globo, estrenada en la misma sala el 4 por el Grupo Santa Rita de Rosario de Lerma, produce ese aire de frivolidad ante la muerte pero deja una luz de esperanza hacia el sentimiento del amor. Aquí, un breve comentario crítico y reflexivo del teatro que se ve en Salta apenas inicia el año, una manera de pintar la humanidad presa de falta de valores. El próximo fin de semana, los salteños podrán asistir a ambas obras en la Sala Mecano de Casa de la Cultura y sacar sus propias conclusiones

Concebimos la comunicación como un espacio de diálogo en el que deben estar presente dos aspectos: por un lado voluntad de reconocimiento y valorización de la diferencia, y por el otro, la voluntad de reconocimiento y valorización de la identidad de la que formamos parte.

“El valor de las palabras reside en el sentido que esconden. El sentido apunta hacia las cosas, las señala pero nunca las alcanza. Los objetos están mas allá de las palabras”.

Octavio Paz, en el Arco y la Lira

La historia no para y nosotros tampoco , el mundo gira en su “loco devenir” hacia un futuro incierto lleno de interrogantes y desafíos
Lo absurdo y lo trágico conviven en los medios de comunicación con una naturalidad tal que escandaliza.

La mediatización de la sociedad, la mercantilización de la cultura son y es una realidad irrefutable a la que muy poca atención prestamos.

Vemos medir el “reiting” de la “tinelizacion” minuto a minuto, sin que se advierta lo pueril del hecho y sus consecuencias futuras, silenciadas por las máscaras de la hipocresía social.

Los poderes económicos, políticos, que hegemonizan los imaginarios sociales reifican el sentido de lo real. La realidad es una construcción social colectiva de la que todos participamos conciente e inconcientemente.

Producimos y somos producidos por la realidad de la que formamos parte imponiéndose -claro- esta visón mercantilista, individualista y deseperanzadora de la realidad.

Somos una civilización que aprende a ver (el Homo Videns de Giovani Sartori, La sociedad teledirigida) mas que entender lo que ve.

La era de la imagen nos ha sumergido en un bosque de símbolos del que no es fácil salir.

El silencio de lo no dicho

Hay una acuerdo tácito sepultado en el silencio de lo no dicho de toda ideología que siempre es dominante.

Tenemos que hablar; debatir en la pluralidad de ideas y en la diversidad cultural que podamos advertir y construir como sociedad y como estado democrático y participativo. Que se reconstruye con participación social comunitaria.

Asumir nuestro rol como ciudadanos es hacernos cargo de la política o la parte de la política que podamos protagonizar como tales.

En nuestra calidad de comunicadores sociales comunitarios creemos en la reconstrucción de un Nuevo Paradigma Comunicaciónal basado en la promoción de la cultura participativa.

De este modo consideramos a la información y a la comunicación como un valor humano, cultural y social y no como una mercancía.

El cambio de paradigma provocado por la introducción y uso masivo de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC) concierne al Estado por varias razones.

Por un lado, el sector público puede ser un actor importante en la transformación de la sociedad hacia un nuevo modelo de organización social y productiva, basado en procesos y flujos intensivos de información y comunicación digitales.

Aprovechar las oportunidades para el crecimiento económico derivadas de las TIC, reducir las nuevas formas de desigualdad y lograr una mayor inclusión social implican el desarrollo, la implementación y la evaluación de estrategias de intervención pública que complementen y/o regulen el accionar de los mercados.

Por otro lado, al digitalizar sus procesos, el sector público cambia su funcionamiento y la forma como cumple su misión, al tiempo que incentiva al resto de la sociedad a adoptar las nuevas formas de interacción. Así, el Estado puede utilizar las TIC como herramienta de transformación eficiente, transparente y al servicio de la democracia.

Preguntarnos que tipo de sociedad queremos implica también replantearnos que tipo de TIC queremos construir y con ello
reformular la política comunicacional en la construcción y disputa de los imaginarios sociales para romper dicha hegemonía discursiva es un gran paso. Podría ser la puesta en práctica de la Ley de Radiodifusión, que propone la Coalición por una Radiodifusión Democrática (www.coalicion.org.ar).

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Un estado democrático, que busque recrear su calidad institucional, se replanteará una política comunicacional, donde la participación social comunitaria (Radios Comunitarias, televisión pública, revistas barriales) sea la clave para reorganizar y de relanzar este nuevo Paradigma articulado y fortalecido por todo un sistema educativo y cultural destinado a la democratización de la sociedad toda.

José Bernardo Toro, teórico colombiano, afirma que “El primer paso para superar la pobreza en una localidad, región o sociedad es crear y fortalecer las organizaciones. Uno de los indicadores de pobreza más severos es no estar organizado”.

De la afirmación de Bernardo Toro concluimos que la comunicación es un elemento constitutivo de las organizaciones e instituciones.

Entendemos que la comunicación va más allá del intercambio de información. La pensamos como construcción de sentidos, como espacio de encuentro con el otro.

Ese otro que también somos nosotros.

Concebimos la comunicación como un espacio de diálogo en el que deben estar presente dos aspectos: por un lado voluntad de reconocimiento y valorización de la diferencia, y por el otro, la voluntad de reconocimiento y valorización de la identidad de la que formamos parte.

O sea, un tipo de comunicación que posibilite el reconocimiento de las diferencias que forman parte del nosotros, que nos incite a crecer como personas, como miembros de un colectivo, como ciudadanos.

Este mismo tipo de comunicación nos impulse a asumir la identidad colectiva de la que somos parte y de este modo permitir la expresión de todo lo que somos y como tal, tiene consecuencias políticas porque permite a la comunidad su libre expresión y su autodeterminación. ”

Julio César Haro

juceharo@yahoo.com.ar

NdR: El autor de este artículo, columnista de Salta 21, conduce el programa “La hora de los pueblos”, que se emite los miércoles de 20 a 22 por la radio FM Ya, 89.5.

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