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martes, agosto 16, 2022

Los salteños otra vez incomunicados

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La caída de los sistemas de comunicación telefónica y por internet aisló ayer a Salta por el lapso de varias horas. Una situación que se repite y que genera perjuicios económicos, laborales y personales. Las grandes empresas monopólicas de la telecomunicaciones siguen deteriorando sus servicios y aumentando sus tarifas y el estado no pone límites a sus abusos.

Sin duda que el siglo XXI se perfila como el siglo de las comunicaciones. El boom de internet -con los sitemas de chat y de mensajes electrónicos- y de los teléfonos móviles -donde la nueva estrella es el mensaje de texto- permite que millones de personas se intercomunican diariamente, a lo cual se suman los sistema tradicionales de teléfonos fijos, fax, etc.

La vulgarización de estos sistemas, empero, no ha producido todavía en la Argentna y en Salta una rebaja apreciable en su costo y una calidad adecuada a su importancia creciente dentro de la compleja sociedad de principios de un nuevo siglo. Ello en parte se debe a cierta tendencia al monopolio y a la falta de inversiones necesarias para sostener el crecimiento impactante de las comunicaciones.

Como una zona marginal del país, el norte argentino, y en particular Salta se ve aquejada periódicamente por cortes en el servicio que generan perjuicios económicos, laborales y personales. Las explicaciones son siempre la misma: que una máquina excavadora cortó un cable y dejó fuera de la red mundial de comunicaciones a la región. Pero no se trata solamente de un corte en la intercomunicación con el país y el mundo: también las comunicaciones locales, tan necesarias a todo nivel, se ven afectadas.

En el caso de sitios de información exclusivamente virtuales, como es el caso de Salta 21, el perjuicio es aún mayor. Y la queja parece inútil, dada la falta de controles y de sanciones para los responsables de servicios cada vez más imprescindibles y menos confiables.

En circunstancias como las que se vivieron ayer, con los servicios de comunicación interrumpidos por horas, se ve claramente la falsedad del esquema económico neoliberal que impuso el menemismo con el anuncio de un paraíso de progreso y bienestar a través de las privatizaciones. La realidad que padecemos hoy es bien diferente de tales anuncios optimistas. Las empresas de telecomunicaciones generan enormes ganancias que fluyen hacia sus matrices en el exterior, pero a los argentinos -y sobre todo a los salteños- nos infligen un servicio cada vez cuestionado por su baja calidad.

Con un estado ausente y una voracidad empresarial sin límites, los salteños parecen destinados a sufrir periódicos aislamientos comunicativos como clientes cautivos de servicios telefónicos caros y precarios.

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