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martes, septiembre 29, 2020

Los Simpson reflejan la crisis mundial y venden su casa

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La crisis económica es mostrada por Los Simpson, en una parodia de la crisis de las hipotecas basura o “subprime” como un drama que viven actualmente miles de familias en EE.UU. y en el mundo. Otra vez, los imparables dibujos están en la mira.

Cuando en el año 2006 colapsó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, trajo como consecuencia la crisis de las hipotecas subprime, aproximadamente en octubre del año 2007 e impactó directamente en la crisis financiera del 2008. En Estados Unidos, a comienzos del año pasado, comenzaron a verse las repercusiones primero, luego se disparó hacia ámbitos internacionales.

Como un efecto dominó, se produjeron profundos embistes en la economía mundial lo que trajo aparejada, tras la crisis de liquidez, una crisis alimentaria global con otro fenómeno económico: los derrumbes bursátiles que se trasladaron de un enero estadounidense crítico a una caída económica a escala internacional hacia octubre de 2008. La crisis mundial que se vive actualmente tiene un proceso que además, se propagó por la caída de la bolsa en el año 2000. Particularmente, el sistema de hipotecas subprime, que consiste en que bancos estadounidenses daban préstamos de alto riesgo a personas con pobres historiales de crédito- como es el caso de la familia Simpson en la ficción fabulosa de Matt- y básicamente, la economía sufre de una falta de crédito.

Antes del 2001, pocos bancos invertían en el mercado subprime, pero entre 2001 y 2006, las cantidades han aumentado de 94 a 685 millones de dólares. Durante este periodo la calidad de los préstamos se deterioró de manera constante y el número de defaults aumentaron. La caída de los precios de la vivienda y el aumento de los tipos de interés llevaron a que un gran número de personas no pudieran pagar sus hipotecas.

En la serie de televisión de la tira animada de Matt Groening en el capítulo “No Loan Again, Naturally” , la casa de la familia acaba en manos de Ned Flanders que compra la propiedad por 100.001 dólares y se la alquila a sus antiguos propietarios para no dejarlos en la calle.

Dice La Nación: “la emblemática familia de Springfield sienta en carne propia los efectos de la crisis subprime… En los Estados Unidos es posible obtener un tipo de hipoteca llamada Home equity, que le permite al propietario acceder a la cantidad ya pagada al banco por su vivienda si necesita dinero en efectivo”.

En “Púdrete Flanders” se lee el argumento del capítulo: Tras demasiados años financiando con préstamos hipotecarios la fiesta anual de Mardi Gras de Homero, la tasa variable hipotecaria de Homero y Marge se pone por las nubes, lo que les fuerza a poner la casa en venta. Flanders hace una buena acción sobrepujando al Sr. Burns y comprando la propiedad, convirtiéndose así en el nuevo casero de Homero y Marge. Pero cuando Homero acusa públicamente a Flanders de desatender las condiciones poco seguras en las que viven los Simpson, Flanders amenaza con dejar a la familia en la calle.

Esta vez, creo que la imaginación de Matt es aplaudible. Alguna vez critiqué duramente lo que hizo el creador cuando se refirió a Perón como un dictador y mencionó “gente desaparecida”. Viéndolo bien, molestaban algunas comparaciones confusas y abrí un debate con jóvenes para poner en el tapete una reflexión, buscar el destinatario de los dibujos y observar el nivel de comprensión de los capítulos. La distorsión de los hechos y algún manejo inapropiado del lenguaje, ponían de punta, a mi criterio. Hoy podemos concluir que en todas las épocas hubo desaparecidos, y con los jóvenes fue necesario explicar el valor de la palabra en la época de la post dictadura. Muchos jóvenes geniales, comprometidos, inteligentes y analíticos ven con buenos ojos la serie. Respeto eso. También muchos adultos. El nivel argumental es posible de medir cuando se enfocan temas absorbidos diariamente y se manejan buenas estrategias discursivas.

Aunque igualmente me parece exagerado que Los Simpson tengan vuelo de noticia como si fuesen una “familia real”, sirve para llegar al extremo de la situación que atraviesa el mundo a nivel financiero. Si hasta Los Simpson están en crisis, el impacto es doble y efectivo. Aumenta la sensación de una hipercrítica cuyo residuo cae en la obstinación o en la indiferencia, en la negligencia o en la resignación, en la complejidad o en la racionalidad.

A la vez, muestra que una familia tiene que usar los fondos para otras cuestiones importantes. En la chatura mental de Homero y Marge, sólo sería posible usar el dinero para hacer una fiesta. Entonces podríamos entender: privación de entretenimiento – muy necesario para evadir el estrés posmoderno- o, en el mejor de los casos: todavía hay una salida, con austeridad e inteligencia se suspende la crisis. ¿Será una hipótesis anticonsumista, mejor aún, anti capitalista, la que subyace?

De todas maneras, la animación más famosa de todos los tiempos, pone de relieve una vez más, a una familia cabeza hueca que lejos está de parecerse a una del modelo de la exclusión social, más bien, a la de una clase media, consumista, ligera y de pocas aspiraciones intelectuales, salvo por la prole, la pequeña Maggy que tiene más neuronas que los adultos pero ante la estupidez de los padres, se ve acotada e incomprendida. Pero es un personaje de estrategias que sortea obstáculos con sólo pensar.

En definitiva, nada está perdido. Pero se necesita más humanidad y más ideas. Por ahora, mirémonos un poco nosotros, fuera de la ficción animada.

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