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lunes, septiembre 21, 2020

Malvinas, construcción mediática de una guerra que no fue

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La Argentina necesita esclarecimiento, verdad, justicia, historia y memoria. Pero verdaderas. Emilce Moler, sobreviviente de "La Noche de los Lápices" fue secuestrada, torturada y liberada durante la última dictadura militar. Escribe el diario Crónica que junto a los otros jóvenes que hoy siguen desaparecidos, participó de las movilizaciones por el boleto estudiantil. "Los lápices, esta vez, escriben ¿dónde está Santiago Maldonado?", concluyó Moler. Sin embargo, ya en 2010, El Pregón se refería a "la corrupción moral que recorre la República Argentina desde que la progresía, las derechas y las instituciones esenciales del Estado se rindieron políticamente a la ofensiva mediática de una izquierda decidida a borrar de la Historia sus crímenes, se podría seleccionar, por su especial carga de cinismo y manipulación, el caso conocido como 'la noche de los lápices'.

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El siguiente artículo es una contribución para la construcción de posibles respuestas que servirán para un posterior análisis e interpretación de los hechos.

El 2 de Abril de 1982 el gobierno militar de facto inició la invasión de las Islas Malvinas. Fue un acto desesperado por mantenerse en el poder, realizado sin ningún tipo de planeamiento, situación que perjudico enormemente al pueblo argentino ya que se convirtió en uno de los hechos más dolorosos de la historia.

¿Qué posicionamiento tomaron los medios de comunicación en aquel momento? ¿Cuál fue el contrato mediático que establecieron con sus lectores, espectadores y oyentes en aquel contexto socio-político? ¿Fueron cómplices o víctimas del gobierno de turno?

Los medios transmiten, producen, transparentan y critican la realidad siendo los que tienen el poder de legitimación concedido por la sociedad. En este sentido, lo que los medios dicen, afirmado queda, lo que ignoran no existe.

Ahora bien, en esta “era de la comunicación” resulta fundamental entender el rol históricamente concedido a los mass media que como su nombre lo indica deberían mediar entre dos extremos: el sistema y las masas, siendo a su vez formadores de opinión pública. No obstante, como advierte Eliseo Verón, en la medida que los medios fueron adquiriendo mayor poder sociocultural transformaron a dichos extremos. En efecto, los medios han contribuido al descrédito creciente del poder político a través de la denuncia de actos de corrupción. Sin embargo, los mass media también han sido victimas y cómplices de los gobiernos de turno.

Los medios no están más en el medio, ya que se han transformado en el centro de la sociedad. Razón por la cual ya no son los mediadores entre los extremos, puesto que se posicionan y defienden un extremo con todo lo que ello significa y pierden el rol principal por el cual fueron creados.

Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que el medio como productor de sentido instituye un “contrato mediático” con sus lectores, por el cual estos aceptan “a priori” como verdadera la narración vehiculizada reservándose “a posteriori” la posibilidad de verificación, otorgándole al medio una legitimidad fundada en la institución que representa.

En este marco, nos preguntamos ¿Qué contrato mediático se estableció entre los medios y sus lectores durante la guerra de Malvinas?

En este contexto los discursos de aquella “falsa euforia triunfalista” que difundía un gobierno militar en decadencia, debían no sólo estar acompañados de la legitimidad de las plazas repletas, de las banderas argentinas, de los papeles que flameaban por el viento como símbolo de triunfo, sino también, de aquello que el pueblo escuchaba, leía y miraba: los medios.

Y como no podía ser de otra manera, bajo un terrorismo de estado plagado de censuras, el lector confió, legitimó lo que los medios informaban, transmitían y analizaban. Pero el contrato mediático fue engañoso y falso, ya que explicitaba una situación que estaba muy lejana de la realidad.

Un ejemplo de este engaño, fue la información transmitida por el noticiero “60 minutos” (producido por ATC) que generaba constantemente la sensación que Argentina ganaba la guerra, mediante los dichos de su corresponsal de turno, que vale decir, era el único corresponsal en las Islas. Asimismo, el conductor del programa José Gomes Fuentes hacía afirmaciones sobre las averías causadas al portaviones británico “Invencible”.

Los medios se limitaban a reproducir las noticias que transmitían la agencia y el canal estatal. En efecto, las tapas de diarios y revistas se cubrieron con títulos como “Euforia popular por la recuperación de Malvinas”, “Estamos ganando”, o “En las Malvinas hay gobierno argentino”.

El poder de los medios implicó situaciones como la gran cadena solidaria que se realizó desde ATC en donde se convocó a todo el pueblo argentino para ayudar a los soldados. En 24 horas se recaudaron 22 mil millones de pesos, 40 kilos de joyas y toneladas de alimentos no perecederos. Figuras de la época (actrices, deportistas, conductores, políticos, intelectuales, etc.) estuvieron presentes en esta movida solidaria que venía a estimular cada vez más aquella falsa euforia triunfalista disfrazada de nacionalista que transmitía el gobierno militar.

Por su parte, en los medios gráficos, a las pocas horas de iniciado el conflicto, se publicaron tapas con afirmaciones como las siguientes: “se recupera una zona de gran riqueza” (La Razón), “euforia popular por la recuperación de Malvinas” (El Clarín), “alborozo ciudadano por la reconquista de Malvinas” (La Nación), “Argentinazo: Las Malvinas recuperadas” (Crónica).

Como se planteó anteriormente, sólo un periodista de televisión fue a las Islas y pertenecía al canal estatal; por otro lado, viajaron otros dos periodistas pertenecientes a la agenda TELAM. Esta situación estaba en estrecha vinculación con el hecho que los medios oficiales estaban controlados por el gobierno y no permitían que se filtre cualquier tipo de información contraria al discurso del triunfalismo en Malvinas.

Pese a esta realidad, es importante destacar que nunca hubo una intención real, por parte de la mayoría de los medios más importantes de la época, de investigar lo que verdaderamente ocurría con los 5000 soldados que fueron a las Islas. Las pésimas condiciones de vida que tuvieron que pasar, sumado al agravio psicológico y físico que les provocaba la muerte de centenares de compañeros y el constante maltrato militar, nunca fueron información que se publicó en la primera plana de ninguno de los diarios de mayor circulación del país.

La Revista Gente publicó en su tapa del 6 de mayo el título “Estamos ganando”. Una semana después, su próximo numero fue titulado: “Gran Bretaña asesina”. El 27 de mayo insistió con: “Seguimos ganando” y detalló: “estamos destruyendo la flota británica, 6 buques hundidos, 16 averiados, 21 aviones y 16 helicópteros derribados”. La revista Somos también formó parte de esta tendencia triunfalista. El 9 de abril publicó un número titulado: ” Victoria, y ¿ahora qué?”

Discursos como este también fueron reproducidos por periodistas reconocidos de la época como Mariano Grondona y Bernardo Neustad. Situación no sorprendente, ya que en la memoria colectiva está presente que estos dos periodistas durante la dictadura, mediante artículos en prensa escrita y programas de televisión, estuvieron a favor del terrorismo de estado.

Sin embargo, es importante destacar que existieron quienes no se alinearon a esta bajada de línea del gobierno militar, aunque sufrieron las consecuencias de ello. En la revista “La Semana” se publicó un artículo del periodista Jack Anderson, en el que se decía que el futuro de la guerra de Malvinas era para la Argentina poco prometedor. Situación que provocó una constante censura previa para esta revista y otras que hubieran querido dar otro punto de vista sobre la guerra.

Luego llegaron las preguntas, cuando hubo que anunciar la derrota y nadie pudo creerlo, ante los titulares que sólo mencionaban la victoria. El 14 de junio, tras un mes y medio de conflicto, la junta militar admitió la derrota que costó la vida de 649 soldados argentinos y la credibilidad de los medios.

Es indiscutible el papel que jugaron los medios de comunicación en la manipulación de la información, que sin duda influyó en las percepciones y sentimientos manifestados por la población durante el período en que se extendió el conflicto.

Más allá de la condición dictatorial del regimen que intentó la recuperación de las Islas, Malvinas era vista por los argentinos como “la causa Nacional contra la usurpación del imperialismo británico”.

Fueron pocos los que se atrevieron a manifestarse en contra de esta gesta reivindicatoria, porque implicaba una acción largamente anhelada y los militares tuvieron en cuenta esta condición histórico-cultural y no dudaban en que lograrían el acuerdo y la adhesión de muchos sectores de la sociedad.

El contrato mediático fue falso, embustero y muchas veces, hipócrita. Sin embargo, se continúa reproduciendo por parte de algunos grupos mediáticos que priman sus intereses particulares por encima de la construcción crítica, en la que deberían colaborar, para la formación de ciudadanos bien informados, con potencialidades para debatir y reflexionar sobre los hechos que comprometen a todo el pueblo argentino.

– La autora de esta nota es Columnista de Salta 21. Es Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación / UNSA. Investigadora del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional).

1 COMENTARIO

  1. Malvinas, construcción mediática de una guerra que no fue
    El día 02 de Abril a la mañana la Plaza de Mayo se llenó de gente de todos los extractos sociales que aplaudía la invasión de las Malvinas. Es verdad que muchos medios acompañaron la posición triunfalista del gobierno militar, pero no solo fueron los medios, sino también muchos políticos (con el peronismo a la cabeza), sindicalistas, empresarios y de otros sectores. También la mayoría del pueblo reivindicaba la recuperación de las islas, no olvidemos que desde la escuela nos habían inculcado cariño por ellas; después vendrían las lamentaciones.

    Hubo sí, muchos otros medios periodísticos que guardaban distancia o, dentro de lo que podían, mostraban su desacuerdo con la aventura de los militares. Entre ellos destaco a la revista “Humor”. También hubo políticos que se negaron a acompañar a los milicos en ese momento, como Raúl Alfonsín.

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