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jueves, octubre 1, 2020

Obra La cacería: la barbarie del comunismo, el catolicismo y la burguesía

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Tato Pavlovsky es uno de esos dramaturgos argentinos que uno admira profundamente por su inteligencia creativa, ¿hay de eso? Yo creo que sí. Nena Córdoba se inclinó por “La cacería” seguramente seducida por una “multiplicidad de sentidos”, elemento característico de la dramaturgia pavlovskyana.

Ahora bien, ¿qué hay de acertada en esta elección? Mucho, porque la directora de NN tiene bastante para trabajar desde “ese lugar”. Alguien me dirá “cuál lugar”. El teatral, pero sobre todo y precisamente, el lugar desde el que se lee esta dramaturgia asentada en la “crítica social” y en la “subjetividad de la invención”. Desde el origen, me fascina. Y creo que hay que leer esa fascinación con rigurosa mirada. En la dirección de actores, Nena Córdoba no equivoca. No equivoca qué… Pues bien, esa jugosa explotación de talento que vuelcan los actores, ella sabe “ponerlos” escénicamente a vivir con pasión una tragicomedia extremadamente difícil de sobrellevar. No se trata de un examen de “logros”, se trata de algo que va más allá de esta estúpida colocación lingüística. Pero para simplificar y ser más llana, diré que lo logra. Fito Gauna como el cura “Pat” es una bofetada al curaderío ridículo; Germán Tolaba como “C” con su osito rojo, es una paródica representación de la absurdidad de algún comunista “globalizado” y devenido postmoderno con todo lo que implica ser un sujeto postmoderno: ¿querés algo más absurdo que un comunista materialista? Y el nuevo actor surgido a la escena de la mano de Córdoba, Esteban Trejo como “R”, afincado en su complejo burgués, tan amante del dios Dinero como cualquier mortal; pero cada cual con su cada quien, reflejando absurdos paradigmas que no sirvieron más que para meternos en la mismísima barbarie de una ideología idiota y divisionista, que nos posiciona en cierto “lugar” preconceptual, con anteojeras y ribetes de un nocivo aburguesamiento, dogmatismo y hasta pragmatismo.

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¿Cómo sobrevivir en cada una de estas callejas desde donde un sujeto se nombra a sí mismo en el nombre de la santísima revolución? ¿La espiritual, la del conformismo, la de la rebeldía?

Espacio de amplitud en una especie de “jungla” símil urbe o campo, espacio metafórico donde confluyen tres personajes operando bajo el humor, no ácido no negro, humor a secas, quizás un humor absurdo, no el de comedia barata. Reflexivo. Eso. Allí, se desenvuelve una puesta sin dispositivos, diremos espacio vacío para ser facilistas de un grotowskiano sentido.

Cazarse entre sí devela también que la especie humana, en un texto del año 1969, está equivocando el camino. Esta cacería de llámase “recuerdos”, “actos corrosivos”, “ideologías”, “éticas”, “absurdos”, “utopías”… termina siendo una caza de brujas por la pérdida de un verdadero sentido social. Al menos para mí, es así. La extrema apertura semántica que el autor permite al director, hay que tomarla con “pinzas” y en esto acuerdo con teóricos de grueso calibre que en sus fundamentos velan por los “límites” del texto.

Aquí, vemos que la directora, en su afán de conquistar nuevos significados, se extiende bastante en sus puntos de vista y hace crecer en demasía una obra que no precisa de tanto para decir mucho más que lo que ya dice. En este sentido, puede incluso haberle jugado una mala pasada que incide en el “ritmo” de la obra. Quizás apropiarse de un pájaro volando sería más rico a la hora de ver el espectáculo total. Los altibajos de la puesta son recurrentes y funcionan como desconexiones temporales. Y la conexión es algo que la obra exige sustancialmente.

hi_6-68.jpgEn particular me ha fascinado el personaje de Fito Gauna, ese andar desmedido de un cura que tiene sexo con prostitutas; me parece de un trabajo notable lo de Esteban Trejo, aunque ha prevalecido algo de la comodidad burguesa también en su composición, demasiado estable y conforme a determinadas reglas; y quizás, de más riesgo compositivo, Germán Tolaba, de mayor compromiso y por eso también, más vulnerable. Los tres, conjugan un gran trío actoral, convincente, talentoso, jugado. Creo que la palabra que caracteriza al trabajo actoral es esa: jugada.

Entonces, esta cacería que ha propuesto el autor, uno de los dramaturgos de la vanguardia Argentina, con un lenguaje que “habla” de lo universal, de lo macro, sin meras anécdotas, se resignifica de la mano de Nena Córdoba. Y estoy convencida que estos NN tienen en sus manos un pequeño tesoro, han encontrado el vehículo que los conduce a un teatro anti-burgués que nos coloca en esa incomodidad que exige de nosotros nuevos “hombres”. No por nada, el famoso libro extraviado por estos “cazadores”, es justamente el de Nietzsche.

– Fotos tomadas por Salta 21 el 18 de setiembre en La Fundación, durante la 2da. función de “La cacería”.

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