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lunes, junio 22, 2026

Panorama desde el tren

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Notas mƔs leƭdas

Complaciendo un antojo de la Sra. Nora proyectamos un viaje en tren con el fino propósito de satisfacer sus nostalgias infantiles.

Para ello, Nora, rememoraba (frecuentemente) su niñez de protocolar saludo a los pasajeros del Tren TucumÔn-Bs.As., corriendo a la par de las formaciones con el brazo flameando en despedida de los que partían hacia la metrópoli con sus ilusiones a cuesta. En el medio recordaba sus viajes con la abuela Uva hacia la sombría provincia del Chaco. Se mezclaban desde entonces las depredaciones que los ingleses, despiadadamente, saqueaban nuestro caucho y lo ponían, frenéticamente, en los barcos rumbo a la península. Historia de despojos consecutivos y negociados de la Oligarquía nacional, total el interior profundo estuvo siempre desarmado.

Pero estamos en el hoy de dos adultos mayores con añoranzas de la tierna infancia, en donde se cultivaba el correr al tren para despedir a sus pasajeros de trÔnsito hacia el gran Buenos Aires. MÔs temprano que tarde, Nora, gestionó los dos pasajes, en principio en camarote y el regreso en Pulman. Dos antítesis del mismo recorrido, ya que viajar en camarote, resultó una paquetería de adinerados de estas formaciones. Propio de los coquetos, nadie en estos cubículos hizo intento de acercamiento con sus vecinos. Aproveché mi encierro para hacer la gimnasia de lectura, curiosamente, sobre narcisismo, o sea, practicar a la autoestima encerrado en ese aposento. En definitiva, el viaje de ida, fue un medirse con el abolengo de cada cual e imaginar quién la tenía mÔs larga en esto de aparentar una supuesta posición.

Cuando los rieles mandan

Razones tĆ©cnicas nos llevaron a colegir que en realidad las eternas horas del viaje ferroviario, obedece a la sencilla razón de que los rieles, pasando Rosario, no son los mejores y estas vĆ­as lentifican el rodado. SerĆ­a como los pozos en las rutas automovilĆ­sticas (por ej. en Pampa de los Guanacos o el Infiernillo). Bueno, pero en la ida me sorprendió una localidad ā€œCharcosā€ que despertó mi hilaridad porque en su placita (al borde de las vĆ­as) cohabitaban chanchos-gallinas- un apetitoso cabrito y hasta pastaba un manso caballo. Esta escena se repetirĆ­a en las siguientes localidades, ejemplo mayor de lo que es la convivencia entre diferentes seres vivientes de este planeta. Animales-motos-bicicletas e incluso uno que otro auto, convivĆ­an pacĆ­ficamente. AĆŗn mĆ”s, el pasar del tren no los inmutaba y ningĆŗn de los circunstanciales moradores, hacĆ­an ademĆ”n por saludar al tren, en un extremo de indiferencia.

Cuando llegamos a La Banda, cambió el espectÔculo y sus pobladores, se precipitaban detrÔs de unas represivas rejas, gritando desaforados para que los viajeros le compren:

ā€œGasten, no sean Miserablesā€¦ā€aludiendo a la mezquindad de los consumidores. No soy aficionado a los ā€œrosquetesā€ ā€œtortillas al rescoldoā€ ā€œempanadas de carne y de polloā€ y ā€œempanadillas de cayote y batataā€, de manera que me sentĆ­ aludido, no asĆ­ Nora, que apareció con un gigantesco rosquete que compartió con otros pasajeros. DespuĆ©s de la Banda se precipitaron las sombras del atardecer, anunciando la noche y el descanso obligado en ese sector del tren.

Otra cosa es con guitarra

El pulman ya es una invitación a compartir como si el fruncimiento de la ida ya no tuviera cabida y se cruzan las solidaridades, al punto que Nora elogió un mate cebado por quien bautizara como la ā€œLolita Torresā€œ del vagó. Enseguida la pareja hippy del furgón desplegó el repertorio del Indio -De Vicentico-ManĆ”-De los piojos-callejeros, que Nora coreaba como si fuera de su rango generacional, pero daba a entender que no le eran ajenos (me consta desde el dulce Hogar) Yo, como buen fanfarrón, no me iba a achicar y calentando la garganta en silencio, larguĆ© mis boleros ā€œsĆŗper-romĆ”nticosā€: Sabor a mĆ­-Contigo en la distancia y como broche de oro le dediquĆ© al santiagueƱo Tadeo: ā€œA mi maneraā€ que me sale dos paso menos que Sinatra y Yo lo reconozco.

Nora, no quiso ser menos y como despedida a Tadeo le entonó ā€œCoplas Andinasā€ y una sevillana con castaƱuelas y todo. A la hora de la despedida, hubo un pico de emocionalidad y a mĆ”s de uno se la escapó un lagrimón. Otra demostración de que el pulman, a veces, hace llorar. Son muchas horas encerrados en el vehĆ­culo.

Los ranchos de lata

El tren estĆ” pegado a la miseria y nos muestra el infortunio de los sectores mĆ”s pobres de la sociedad. Saliendo de TucumĆ”n-entrando en Bs. As. Pero sobre todo, en Km y Km del Gran Rosario, la pobreza golpea la vista. Nora, dijo algo atinado: –ā€œHabrĆ­a que traer al Intendente que recorra estos laterĆ­os, pero eso serĆ” imposible porque estos burócratas, optan por los viajes aĆ©reos, que les evita todo este pobrerĆ­oā€¦ā€ Hubo un solo asentir del vagón como si hubiera hablado un Apóstol.

Otro tanto de menor repercusión es la asistencia al comedor. La gente viaja provista de sus tapper con comida varia y evita el gasto en ese coche especial, que Yo sacaba su jugo, eligiéndolo de salón de lectura, en una consumición mínima. Para el menú de almuerzo y cena se jugaban pocos comensales; aun así cuando regresaba de mis lecturas, los compañeros del vagón me acercaban sus invitaciones. ”Vamos! Que la solidaridad Argentina estÔ muy presente en los viajes en tren. Eso solo invita a elegirlo como medio de transporte.

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